1 de febrero del 2022/SANTIAGO Constituyente y organizaciones sociales presentan la norma Por la Nacionalización y Nueva Gestión Social y Ambiental de la Minería del Cobre, Litio y otros Bienes Estratégicos para el Buen Vivir en un punto de prensa en el ex congreso nacional. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

La convención constitucional ha demostrado ya que se descarrió. Ahora empieza a redactarse la propuesta final, pero lo cierto es que ya se nos anticipó la línea de pensamiento y cuál será el tenor de cada tema. Es, por lo tanto, completamente absurdo esperar al final de la redacción del texto para decidir la posición a adoptar; más aún, es abiertamente peligroso porque no habrá tiempo para construir la única  opción que puede salvar a Chile de la debacle: rechazar la propuesta.

Se ha recalcado, y hay consenso hoy en todos los sectores, que la propuesta de nueva  constitución será aprobada. No es relevante el contenido, no es relevante la profundidad de los cambios, no es relevante ni el fondo ni la forma; será aprobada. Eso es lo que hoy todo el mundo anticipa. Y los fundamentos para justificar esta afirmación radican en dos factores; que se enfrentan la constitución de Pinochet a la constitución escrita por el pueblo para el pueblo y que la nueva constitución resolverá todos los problemas que la ciudadanía espera y demanda. Ambas afirmaciones sin embargo son falsas; ni es ya nuestra actual Constitución la de Pinochet (si es de alguien, es de Ricardo Lagos) y la nueva constitución, lejos de resolver algo, generará problemas a Chile y su gente todavía mayores y más graves. 

Se escuchan también voces que proponen acciones para intentar moderar el articulado pensando en que quizás haya suficientes convencionales que puedan juntarse para conformar al menos 1/3 y se rechacen algunos de los excesos que sin duda saldrán propuestos en el pleno. Junto con ser esta una opción que me parece altamente improbable, también es inútil, porque en su conjunto el nuevo texto será igualmente un bodrio, sin lugar a la menor duda. En consecuencia, es vano cifrar esperanzas en que la propuesta sea verdaderamente el reflejo de una constitución que proyecte a Chile hacia un mejor futuro por los próximos 40 años. 

En los términos planteados, el horizonte se ve y será gris, oscuro y triste. La ciudadanía, toda con derecho a voto, no leerá siquiera la propuesta para compararla con la actual Constitución, que por supuesto tampoco han leído. Y si la leyeran, tampoco la comprenderían, por lo que el juicio que de ella se haga el pueblo se basará en consignas, en promesas, en panfletería, en expresiones destempladas de figuras e invitados a los matinales y en general en la propaganda que tan bien usan a su favor las izquierdas. Habiendo ejemplos de ello en el propio Congreso Nacional, no podemos asombrarnos de que los votantes no conozcan ni sepan por lo que están votando.

Es por lo tanto urgente que nuestro sector empiece a trabajar desde hoy y sin descanso en convencer a una mayoría de futuros votantes que la propuesta debe ser rechazada, argumentando de manera veraz y clara sobre las consecuencias que se ciernen sobre Chile y la vida de sus habitantes. Debemos a diario hacer valer y expresar opiniones fundadas, en todos los medios de difusión, es decir en radio, en televisión, en las redes sociales, en la prensa escrita y digital. Empecemos ya y hasta que la propia convención advierta que su propuesta no será viable.

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