El profesor John M. Roberts, en el prólogo de su libro “La Historia de Europa”, escribe: “No debería ser necesario señalarlo, pero la historia hoy recibe menos atención en la familia y en los colegios que antes y ello nos hace más vulnerables que en el pasado”. Pocas frases reflejan mejor la realidad que nos golpea en Chile con profunda fuerza, en que nuestros jóvenes desdeñan el peso de la evidencia histórica -sin sesgos- y desprecian la marca de sangre, oprobio y tiranía que el comunismo ha dejado y sigue dejando en los países que aún no logran liberarse del yugo de la hoz y el martillo. Que el PC chileno esté a la espera de los resultados favorables en la elección del candidato Boric -que si bien derrotó a Jadue, carece de todos los atributos de liderazgo, experiencia, inteligencia y aptitudes de buen gobierno- para tomar ellos el control total del gobierno no es ni siquiera considerado como una posibilidad real por los votantes de izquierda. Mucho menos son capaces de comprender que un gobierno comunista se tomará revancha de todos los fracasos que han marcado su devenir, para hacérnosla pagar completa. Y cuando la fiesta termine, si es que termina, añoraremos los tiempos en que los hinchas de las barras bravas “solo” destruían los estadios si no ganaba el equipo de sus amores.
Se ha señalado hasta el cansancio que las elecciones no se ganan basando las campañas en los fantasmas del miedo a lo que vendrá si gana el contrario, y por lo tanto se suele evitar marcar con fuerza los argumentos que fundan los juicios que ponen en evidencia cuánto daño puede causar a un país que la izquierda extrema se haga del poder total.
Entre los votantes acérrimos de Boric ha prendido la falsa afirmación que Kast es fascista y además un nazi, sin que ninguno, ninguno de los que vociferan a los cuatro vientos tales afirmaciones sepa siquiera lo que significan históricamente esos movimientos, largamente superados. No saben que ambos, fascismo y nazismo, surgen apenas terminada la primera guerra mundial y mueren con sus líderes, Mussolini y Hitler en 1945. No saben que para el fascismo el Estado es todopoderoso, que el Estado encarna el espíritu del pueblo y que nada ha de buscar la población fuera del Estado. ¡Qué contrasentido entonces que Kast busque achicar y racionalizar el tamaño del Estado y dar a la persona la responsabilidad de elegir en libertad el camino por el que transitará su vida! Por su parte, el nazismo era una ideología anti-burguesa, anticapitalista, antisemita y antidemocrática, basada en una economía centralizada, en control por el Estado de todos los factores de producción. No hay tampoco un ápice de nazi en Kast, que busca desarrollar el espíritu emprendedor de todos los ciudadanos para crear miles de Pymes y que estas sean el motor de desarrollo que impulse la iniciativa privada y el crecimiento económico. Quizás lo que les moleste de José Antonio Kast es que tenga ascendencia alemana y una formación de respeto al orden, las instituciones democráticas, el trabajo y esfuerzo personal y aprecie enormemente el valor de la familia.
Al contrario, no hay que inventar mentiras para afirmar que el PC chileno defiende todos los aspectos de la doctrina política, social y económica totalitaria que está en la raíz de su esencia y cuyo objetivo es eliminar las diferencias sociales -salvo a la de los jerarcas en el poder, por supuesto-, la propiedad privada y de los medios de producción y controlar por completo la prensa -en buena parte, ya lo hace- y la educación. Es en esto último en lo que llevan años, a vista y paciencia de los padres, de las autoridades educacionales y de toda ciudadanía. Han sido extraordinariamente exitosos, a nuestro pesar. Todo el Frente Amplio es hijo natural de esta estrategia que empezó a sembrarse a comienzos de los años 90 y paso a paso se fue haciendo grande en las universidades hasta llegar a cosechar sus frutos hace unos pocos años y sin contrapeso en la actualidad.
La segunda vuelta a la que nos enfrentaremos en poco más de una semana no es una elección donde, como en toda democracia, se elija un mandatario para que a través de la alternancia en el poder nuestro Chile siga, solo con matices, su senda de progreso y desarrollo. No. Es una elección donde las diferencias estructurales de ambas visiones se contraponen de tan dramática forma que, o volvemos con Kast a recuperar la normalidad y la esperanza de seguir por el camino al desarrollo, o caemos con Boric y sus aliados en el camino de la decadencia, el estancamiento y la pérdida sistemática de las libertades. En nuestro continente tenemos amplios ejemplos que superan largamente los peores augurios.
