Los más fuertes y los más débiles
Este es un gobierno de nuevo cuño. Puede conseguir que sus decisiones se aprueben e implementen con mayor facilidad que ninguno de sus predecesores. La oposición de los partidos tradicionales es inusualmente débil y por eso le está resultando más fácil imponerse que convencer.
Aunque parezca a primera vista contradictorio, es una administración con mucho poder, pero no es un gobierno fuerte. Para serlo requeriría de dos condiciones: la conducción experta que le otorgaría un liderazgo tan carismático como solvente; y, contar con un apoyo ciudadano mayoritario. Carece de ambas cosas.
El foco de las tensiones políticas se ha trasladado de la disputa entre conglomerados a las pugnas intestinas de la derecha. Es cierto que la oposición es entre endeble y famélica, pero no menos efectivo es que el oficialismo no cuenta siquiera con una coalición y carece incluso de la voluntad de construir una.
La derecha está abordando la conducción del Ejecutivo con los papeles cambiados. Quienes más experiencia tienen en el ejercicio del poder cumplen el papel de acompañantes, y los inexpertos ocupan la mayor parte de los roles predominantes. El resultado no puede ser considerado un producto de exportación.
Republicanos y libertarios se sienten cómodos entre sí porque provienen de una misma matriz y sus diferencias pasadas se refieren a conflictos entre liderazgos.
En cambio, sus controversias con la centroderecha no han disminuido en lo más mínimo. Para unos, aproximarse a gobiernos como los de Piñera se acercaría al óptimo y, para otros, sería una lamentable desviación del camino correcto. Este antagonismo nunca se ha dejado de expresar, alimenta una diferencia que se quiere dirimir a la primera oportunidad.
Republicanos, en su calidad de partido eje, podría ejercer una influencia incontrarrestable, pero sus debilidades se lo han impedido. Kast se preparó para ganar la elección presidencial con un equipo cercano que supo imponerse en la campaña, pero su partido no estaba preparado para ejercer el mando del país.
Venían de un polo, pequeño pero irreductible, no del centro de la influencia política, literalmente eran excéntricos del poder. Tenían la experiencia de enfrentarse a quienes ejercían el mando de la nación, pero no de administrarla. Por eso son tantos los seremis de sus filas que han resultado inapropiados para cumplir roles ejecutivos y su líder, aquejado de la misma carencia, ha tenido tantas dificultades para los nombramientos adecuados.
Mejor fuera que dentro
El oficialismo no ha administrado bien sus diferencias internas y el grado de confusión aumenta cuando es libertarios quién más opina públicamente sobre cómo tiene que comportarse el Ejecutivo y resulta ser el más crítico.
Para Vanessa Kaiser lo fundamental para un gobierno de derecha que merezca ese nombre es “dar la batalla cultural sin miedo”. Estima que es eso, en parte, lo que está fallando ahora porque “quizás lo que le falta al gobierno es voluntad de poder”.
En opinión de la senadora, lo que va a generar esta carencia es decepción y eso tiene una medición bien precisa: perder su piso mínimo del 30% que es lo que nunca perdió Boric y que cuando pasa, significa que tu propio sector te ha dado la espalda.
La diferencia en palabras de la senadora Kaiser es bastante drástica: “No puedes dejar de actuar con tus principios”. Eso es lo que libertarios tiene y de lo que, parece, carecen los partidos de Chile Vamos, tan propensos a las negociaciones y a la mera adecuación. La transacción es un disolvente que hace perder base de legitimidad.
Por esa necesidad de sostener la defensa de principios ocurre el caso extraño de que libertarios influye más en el gobierno quedándose fuera que ingresando.
En parte, porque su incorporación les significaría una muy limitada incorporación a puestos de responsabilidad. No por nada esta es una administración ya consolidada y la entrada de un nuevo socio significa el desplazamiento de otros. En parte, también, porque tener que responder a la disciplina de gobierno obliga a libertarios a un silencio que lo desdibuja. Es decir, con este paso pierde más de lo que gana.
El partido de Kaiser sabe que el gobierno nunca hará caso por completo a sus recomendaciones, pero prefiere mucho más tironearlo hacia la línea “correcta” que seguirlo en la búsqueda de un equilibrio de fuerzas imposible de alcanzar.
El fin anticipado de la curva ascendente
Como se ve, estamos ante una administración de marcados contrastes. Acaba de conseguir que se apruebe una megarreforma, la de mayor calado que se podía esperar, pero, al mismo tiempo, no ha conseguido convencer a la mayoría ciudadana de que esto vaya a significar un cambio que la favorezca. Al contrario, su popularidad se ubica en niveles muy bajos.
El programa presentado, tan apropiado para la campaña presidencial, está mostrando sus limitaciones como guía compartida de acción gubernamental.
Nadie dijo que había que creerse la propaganda propia. El problema más inmediato que tiene el oficialismo al definirse como un “gobierno de emergencia” es que sus protagonistas suelen desentenderse con rapidez de sus supuestas implicancias a la primera oportunidad.
Como la oposición no represente ni una leve amenaza a la aprobación de las iniciativas legislativas del gobierno, la ausencia de un verdadero antagonista hace que el oficialismo se confíe y se invente sus propios tropiezos.
Lo que no se puede conseguir es imponerse por un estrecho margen en el Congreso, contando con el apoyo del PDG en la Cámara y la falta de disciplina de la centroizquierda en el Senado, saltándose el costo consiguiente.
No se puede hacer frente a la fragmentación partidaria en el Parlamento, por el poder decisivo que les otorga a pequeños sectores no alineados y, al mismo tiempo, pedirle apoyo para su propia eliminación. Frente a estos indispensables aliados es bastante difícil justificar como emergencia la priorización de una agenda de reformas políticas, pensada para quitarles influencia. No se recibirá como un gesto amistoso.
Para este propósito adicional se tendría que cambiar de socios encontrando a otros dentro de la oposición donde, sin duda, los puede encontrar. Pensar que se puede cambiar de socios a vista y paciencia de todos resulta bastante increíble.
El gobierno de Kast se está mostrando más eficiente en la defensa de intereses que en la conformación de mayorías estables. Intentar quedarse con lo mejor de dos alternativas sin tener que pagar ningún costo no es una expectativa razonable. Sin conducción clara se puede experimentar mucho y equivocarse mucho también.
Este gobierno puede haber alcanzado su cenit con gran anticipación a la que puede seguir una decepcionante administración de lo que ya existe.

Veremos pues. Parece que el tiempo juega contra el expositor de este artículo, ya entrando en pánico.