El próximo 17 de diciembre, el país decidirá en un plebiscito el destino de la nueva Constitución que se está elaborando en estos días. Hasta ahora, las encuestas indican que una amplia mayoría de chilenos está dispuesta a votar en contra, a pesar de desconocer, por razones obvias, el contenido final de la propuesta.
Un artículo publicado el viernes pasado en El Líbero nos permite entender que estamos ante una suerte de guerra fría de la política, que no tiene que ver con la Constitución propiamente tal, sino que la izquierda ha transformado el proceso constitucional en una batalla por la hegemonía cultural e ideológica, que implica que tanto los expertos como los consejeros no están dispuestos a ceder para aprobar lo que estiman como una imposición del Partido Republicano y que “implanta un modelo”, advirtiéndole a los partidos que ni siquiera un acuerdo de las cúpulas los podría hacer cambiar de opinión.
Baste mencionar que impugnan la existencia de la libertad de elegir el sistema de salud al que acogerse, sea éste estatal o privado. Y tampoco aceptan que cada persona sea propietaria de las cotizaciones previsionales, eligiendo qué institución los administre, ya sea pública o privada y que no sean expropiables o apropiados por el Estado en ninguna circunstancia.
Igualmente mienten al decir que al aprobarse el cambio en la redacción del “proteger la vida del que está por nacer” por “proteger la vida de quien está por nacer”, está en riesgo que la ley de aborto en tres causales se declare inconstitucional, lo que causaría un retroceso en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, siendo esto es absolutamente falso. Pero curiosamente, al preferir “del que estar por nacer”, no tienen consciencia que están diciendo proteger la vida “de el que está por nacer”, pues del es una contracción entre de y el, como lo confirma la RAE, con lo cual, además de no proteger la vida de “la que está por nacer”, están reconociendo que lo que se está desarrollando in útero es un ser humano, una persona, lo que no están dispuestos a aceptar.
En contraste con la posición de la izquierda, hay una mayoría ciudadana que quiere estabilidad y no más incertidumbre, que ya acumula cuatro años, desde que se firmó el Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución. Y hay otro elemento a considerar que es relevante. En la última encuesta Cadem, al preguntarle a los chilenos ¿Está de acuerdo o en desacuerdo con que Chile necesita una nueva Constitución? Un 64% respondió estar de acuerdo y un 34% en desacuerdo. Aun más, un 76% de la población está dispuesta a votar a favor, si el texto brinda estabilidad al futuro del país.
Esto que revela la última Cadem es de máxima importancia, por lo que se requieren acciones que den a conocer a la ciudadanía los contenidos de esta nueva Constitución que brindarían la estabilidad buscada, para conseguir el apoyo a favor de ésta.
Por limitaciones de espacio, me arriesgaré a sugerir un solo tema que estimo fundamental para la estabilidad del país: tener un sistema político que garantice la gobernabilidad que hoy es prácticamente imposible de lograr, por la existencia de 22 partidos en el Congreso, lo que dificulta enormemente legislar y aprobar los proyectos que urgen a la gente, provocando mucha desconfianza en la política y gran malestar ciudadano.
Dicho lo anterior, es importante señalar que en esta relevante materia se lograron avances significativos en el Consejo, pues introdujeron cambios fundamentales en la composición de la Cámara, en los distritos, en los mínimos porcentajes de votación para existir como partidos -limitando así su existencia- con lo cual la gobernabilidad se facilitaría enormemente, fortaleciendo de paso la institucionalidad. Y lo más importante es que han sido aprobados mayoritariamente por la unanimidad de los consejeros.
Se Ud. estimado lector quisiera conocer qué y cómo se logró, visite el siguiente sitio que desarrolló Emol, el que contiene toda la información del articulado ya aprobado, con su redacción, el porcentaje de aprobación de cada uno y por cuales consejeros.
Expuesta la compleja situación actual, considero trascendental que sea la ciudadanía y no los políticos los que decidan si esta nueva Constitución es lo que Chile necesita para su estabilidad futura, por lo que es fundamental llegar a formarse una opinión propia, sin dejarse influir por la de los partidos políticos, pues sin duda éstas últimas están influenciadas por la disputa por el poder.
Dada la importancia para Chile de cerrar definitivamente el proceso constitucional y no quedarnos con la incertidumbre de saber que en el futuro Congreso, por 4/7 de sus integrantes se podrían aprobar reformas como las que pretende la izquierda, es necesario informarse para votar en conciencia, pensando responsablemente en el futuro del país.
Estabilidad o incertidumbre. El dilema de Chile.

Muy inteligente y gran aporte