Ya estamos a pocas semanas de la elección en Chile. ¿Estará casi determinado quién ganará, como lo parecen indicar casi todas las encuestas? Mi opinión es que no está tan definida, que existe su cuota de incertidumbre y puede haber sorpresas, principalmente porque existirá voto obligatorio que cambiará la composición de los votantes. Hace cuatro años, cuando se eligió a Boric, votaron sólo quienes se interesan en la política o sienten el deber de votar. Ahora votarán además muchos –un contingente sólo 33% inferior a aquellos– a quienes no interesa la política e irán obligados a votar. O sea, mi motivo para plantear lo que digo no es «que no crea en las encuestas”, ni que están mal hechas, ni por la experiencia de lo ocurrido recientemente en las elecciones de Argentina y Bolivia. Mi argumento es distinto. Veamos.
Mi punto es que en esta elección no sólo votará más gente. Es que votará gente distinta. En particular, gente a quien –además de no interesarle la política– no se informa regularmente de asuntos de gobierno, parlamento, ni disputas entre diputados y dirigentes de partidos, acusaciones constitucionales, etc. No les importa. No deciden según los argumentos de los políticos. Desconfían de todos ellos y no quieren meterse en eso. Por ese motivo, lo clave es que no responden encuestas sobre el tema y, cuando lo hacen, responden lo que sea para salir del paso rápido.
¿Con base en qué decidirán su voto las personas? Depende mucho si son personas a quienes interesa la política y el gobierno o no. Entre los primeros, los votantes habituales, quienes votaron voluntariamente el 2021, pueden ser muy importantes las ideologías que se tienen. El “llamado de la tribu”, es decir, el grupo social a que se pertenece o con que uno se siente identificado. Su “clase social”, diría Marx, que determina ciertas creencias comunes o la ideología propia de esa clase, como es la de sufrir la explotación de los capitalistas. La adhesión ideológica suele venir de ciertas tradiciones antiguas, a menudo familiares. Así puede decirse que algo más de la mitad de los electores (60%) se definen o de “izquierda” (dura y blanda) -tal vez un 30%- o de “derecha” (ídem)- tal vez un 25% a 30%.
Pero, por otra parte, hay un grupo muy numeroso (como 40% del electorado según los encuestadores) que son personas que votan por obligación, que no les gusta la política y son escépticos de su importancia para cambiar realmente sus situaciones de vida. Sobre lo que determina por quién votan estas personas sabemos muy poco porque no contestan encuestas por más que los persigan. Además, quienes se presentan de candidatos, nuestros gobernantes y todos quienes nos interesamos y opinamos de política no vemos el mundo como este grupo. Por eso es fácil equivocarse al intentar adivinar qué piensan.
Estimo que dentro de este grupo los factores que más influirían en su decisión de voto pueden ser tres: la personalidad del candidato, una confianza mínima de que gobernará responsablemente, sin “dejar embarradas”, y los eventos o noticias impactantes surgidas muy poco antes de la fecha de la elección. Por definición, estas personas desinteresadas e indecisas decidirán a última hora, y se cambiarán según la conmoción del momento, si la hubiera.
¿Qué eventos tenemos o es probable que influyan en las próximas semanas? Uno puede ser desorden público, violencia, movilizaciones, huelgas, disturbios o cosas parecidas. Eso puede mover votos hacia la derecha. Otro puede ser un episodio de robo violento o un asalto con muertos, carabineros atacados, etc. Especialmente si comprende inmigrantes. Algún evento internacional puede influir: un ataque de Trump a Venezuela, movilización y represión en Cuba. Y algún otro imprevisto como una lluvia fuerte el día de votación, que reducirá probablemente más el número de votantes obligados.
En todo caso, tampoco cabe esperar vuelcos muy grandes a última hora. El voto obligado necesita concentrarse muy marcadamente en un solo candidato para contrarrestar las preferencias de los habituales. Quien va tercera hoy debería lograr el doble de preferencias entre obligados para entrar en la segunda vuelta. Y entre obligados puede haber una tendencia fuerte a no votar por los candidatos menores y sí votar por quien aparece como ganador. En fin, todavía hay incertidumbre.
En resumen, esta elección es muy distinta de la de cuatro años atrás en que ganó Boric sin voto obligatorio. Repito: lo principal es que serán votantes distintos los nuevos que se incorporarán. Más vale que los candidatos tengan esto en consideración.
Es probable que conquiste más de este electorado el candidato o candidata que, en la recta final de la carrera en que estamos, conserve su calma y serenidad. Que no se deje llevar por la ansiedad de ganar a cualquier precio. Que no se ponga tanto a mirar a los corredores que van a su lado, como al interés de la mayoría de los chilenos. Que demuestre ecuanimidad, porque eso es lo que necesitará para gobernar bien. Esta elección está más abierta de lo que muestran las encuestas y nadie cortará la cinta de la meta sino hasta diciembre.

Que sea rubia??? Casada con un economista??? Hija de General??????..
Que caracterizaría a los que hoy no votarían? Posiblemente serían jóvenes? Que asuntos descuida la política a ojos vista de los ciudadanos? Posiblemente a los ciudadanos mismos (yo, mi partido primero y el resto que se hunda), la tierra, la naturaleza, la paz social. Me parece que una mujer podría captar mejor esas preferencias. Y de las dos, a una la cobija un partido que vive en la certeza, y los no votantes repudiarían lo dogmático. A la otra la adorna la superficialidad y la ligereza. La incompetencia en la capacidad de pensar es su factor en contra. En ambos casos, claramente, no es la ideología en sí el factor determinante.