Cristián Warnken y Zarko Luksic, dirigentes de Amarillos.

El partido en formación Amarillos por Chile vuelve a sorprender contribuyendo significativamente a que se lograra el Acuerdo por Chile para redactar una buena nueva Constitución.  Así debe ser, a juzgar por la virulencia y amplitud de los ataques que ha recibido la última semana. Columnistas a favor del Apruebo, como Matamala y otros, no escatimaron en adjetivos y suposiciones para acusar a Amarillos de todo. Incluso de no querer alcanzar un acuerdo, en circunstancias de que lo que salió al final es muy parecido a lo que había propuesto en verdad desde el principio. 

La gran mayoría de los dirigentes sociales y políticos del país han celebrado lo logrado (con las excepciones que cabía esperar, como Kast, Jadue, Sharp y otros). Pero no pretendo enrostrar que de nuevo teníamos razón; éste es un ejercicio casi siempre inútil. Valga dejar consignado solamente que el Acuerdo alcanzado es un triunfo del sentido común, una propuesta de centro y fruto de una voluntad de cooperación. O sea, es una derrota de las posiciones populistas, de los extremos y de la voluntad de confrontación e imposición de unos sobre otros.

La pregunta que me parece más interesante es si el rol jugado por Amarillos en el acuerdo constitucional y los ataques que ha recibido bastarán para lograr que suficientes ciudadanos firmen como militantes para constituirnos como partido y así seguir aportando. Posiblemente los ataques ayudarán, pero ¿será suficiente?

Muchos, como en mi caso personal, hemos comprobado que la disposición de la gente para firmar por un partido (en este caso por Amarillos) es muy baja. Las respuestas que más frecuentemente he encontrado ante mi petición de hacerlo son de dos tipos: una, ¿para qué? ¿No son ya un partido?, etc. Poco conocimiento e interés sobre el tema. Además, muy escasa paciencia para escuchar una respuesta. La otra respuesta frecuente: “con partidos políticos nada”. Otro me dijo, “quiero saber lo menos posible de los políticos y la política”. 

Pienso que esto ocurre con más intensidad en los sectores sociales de clase media y moderados que son los electores a los que apela Amarillos. Distinto debe ser el caso de estudiantes y sectores populares o emergentes. Puede ser diferente, además, en sectores con mayores angustias económicas que apoyan a los dirigentes populistas que ofrecen dinero en efectivo de las futuras pensiones de ellos mismos.

También puede estar influyendo que ya no esté en juego casi todo el sistema social, político y económico chileno actual como estuvo antes de septiembre con la Propuesta de la Convención. Pasó el susto. Y con eso la preocupación e interés. 

Es un desafío inmenso entonces persuadir a miles de firmar como militante de partido para constituir a Amarillos como tal. Habrá que explicar uno por uno (una) que es distinto a haberse inscrito antes en apoyo a un Movimiento para una buena Constitución. Requiere otra inscripción, pero no más complicada que la anterior ya que también se puede hacer por internet; lo único adicional es la Clave única. Segundo, que no es una obligación para siempre. Uno también puede desafiliarse fácilmente después por internet si así lo decide. Tercero, otorga un derecho muy valioso hoy para quienes estamos preocupados por la marcha del país. Me refiero a participar en decisiones nacionales, como por ejemplo en el procedimiento recién acordado para reforma de la Constitución y otras (i.e. reforma de pensiones y políticas de seguridad ciudadana).

Y otro muy importante, que es participar en la designación de candidatos idóneos a cargos de elección pública. Existen, naturalmente obligaciones, como corresponde, pero no necesariamente forzosas ni onerosas, como sería pagar cierta cuota anual razonable y privilegiar votar por candidatos propios. Pero no siempre necesariamente.

Las consideraciones anteriores ponen de relieve la magnitud de los desafíos que tiene un partido nuevo que pretende formarse y sus dirigentes. Está lejos de bastar con una elocuente declaración de principios. Se tienen que instalar efectivos canales de participación de los partidarios, organizar seminarios, reuniones presenciales y remotas donde se conversen opciones distintas de políticas públicas y propuestas. 

Se necesita instalar una organización territorial descentralizada y también cierta estructura funcional. Por ejemplo, para una activa inmersión en el mundo de los jóvenes, ya no sólo universitario como fue antaño, sino tal vez escolar y en otros segmentos, probablemente asociados a intereses específicos (mascotas, bicicletas, etc.) y utilizando sus modos de comunicarse y lugares de encuentros (parques, grupos digitales, Instagram, TikTok). Y no olvidarse de los adultos mayores que serán una proporción cada vez más grande de la población total.

No son pocas las tareas que los Amarillos se han puesto sobre los hombros. E inspirando todos esos haceres, dar un ejemplo de comportamiento ético, transparente y activo en buscar acuerdos para una mejor convivencia entre todos los chilenos. No es poco, pero ¿habrá algo más necesario que esto hoy? 

*Ernesto Tironi es economista.

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