kast nuevo ciclo

La aplastante victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales da inicio a un nuevo ciclo político para Chile. Con este resultado, pareciera cerrarse el período que se inició con Bachelet II en 2014 y que alcanzó su máxima expresión durante el estallido de violencia de 2019 y el plebiscito constitucional de 2022. Se da inicio a una nueva etapa donde la emergencia de seguridad, la inmigración y la economía marcarán la pauta, pero con un telón de fondo que requiere gobernabilidad e ideas básicas para que Chile vuelva a progresar.

En ese contexto, planteo tres reflexiones, tres desafíos y una necesidad para la etapa que se avecina.

Tres reflexiones:

1. La derrota de la izquierda frenteamplista y la valoración de los 30 años de transición democrática y progreso económico. A partir del gobierno de Bachelet II, surgió en Chile una narrativa que intentó convencernos que todo lo hecho en las últimas 3 décadas había sido una especie de estafa, un fraude que había beneficiado sólo a algunos y en desmedro de otros. Vino el estallido de violencia, el discurso de superioridad moral del Frente Amplio, la activación desestabilizadora del Partido Comunista, la culpa de la centroizquierda, y la falta de narrativa de la centroderecha para dar cuenta de los éxitos alcanzados y de las ideas que fundaran las bases para una nueva etapa de progreso para Chile. Después de todo ello los chilenos se cansaron, y vieron que mientras la agenda ideológica de la izquierda se olvidaba de las prioridades reales, surgía desde la derecha una opción nítida para restaurar lo básico, es decir, vivir en paz y en orden. Este camino se consolida en el triunfo de José Antonio Kast y la derrota de la izquierda frenteamplista y comunista, una derrota no sólo electoral sino también política y social.

2. La nitidez de las prioridades en seguridad, inmigración y crecimiento económico como base de un gobierno de emergencia. En estos años de inseguridad y retroceso político y económico, se instaló en la discusión pública un conjunto acotado de temas que son prioritarios y que unen a personas muy diversas. La aspiración de orden y prosperidad dominan la agenda, permiten ganar una elección y determinan con claridad la agenda de los primeros meses del gobierno.

3. Un nuevo eje que organiza la discusión política: ya no es el Sí o el No a Pinochet, sino el a favor o en contra de una democracia representativa, que promueva el crecimiento y respete la seguridad y el orden. A partir de 1988, la política chilena se ordenó entre quienes apoyaron a Pinochet en el plebiscito y quieren se opusieron a su continuidad. El eje Sí-No se transformó en algo inescapable, dominante, inconfundible y determinante. Con lo sucedido desde el 62%-38% del plebiscito de septiembre de 2022 y con el resultado de esta elección presidencial, parecieran haber indicios de que se consolida un nuevo eje de articulación de la política chilena: quienes estuvieron por la democracia representativa, la igualdad formal ante la ley y el crecimiento económico, y quienes quisieron alterar la identidad de Chile a través de una revolución política, económica y social. De ser así, existe un espacio amplio para convocar a grupos muy amplios de la ciudadanía para abordar primero la emergencia, y luego avanzar hacia ajustar las instituciones en base a ideas que promuevan la libertad, la democracia y el crecimiento económico.

Estas tres reflexiones nos llevan -a mi juicio- a abordar tres grandes desafíos.

Tres desafíos:

1. Gobernabilidad para la emergencia. Está claro que el gobierno debe enfrentar la emergencia, porque eso es lo que piden los chilenos, y porque eso es lo que le permitirá sostener apoyo en los momentos difíciles. Para abordar la emergencia, se requiere un equipo y un entorno adecuado para enfrentarla. Eso nos lleva al desafío de la gobernabilidad, cuestión que ha sido tan esquiva en los últimos cuatro o cinco gobiernos. En Chile existe la alternancia, pero cuesta que exista la gobernabilidad. El centrar la agenda en la emergencia puede ser el punto de partida para iniciar la construcción de una nueva gobernabilidad, la cual debe expresarse desde el inicio en la conformación de un equipo amplio, diverso, y que actúe coordinadamente para dar gobierno a Chile.

2. Una vez abordados los primeros pasos de la emergencia, iniciar la construcción de una coalición que aspire a gobernar dos o tres períodos, para hacer de Chile un país más libre y próspero. Los chilenos queremos que se aborden las urgencias, pero también queremos un país mejor. Nos importa mucho que se logre mayor seguridad, control de la inmigración irregular y mayor progreso, pero también queremos una mejor educación, una mejor regulación laboral, condiciones adecuadas para la vejez, unas instituciones sólidas que favorezcan la libertad, y un Estado con límites claros y con un gasto público acotado y responsable, que permita el despliegue de las capacidades y talentos de las personas y de la sociedad civil. Por eso, junto con abordar frontalmente la emergencia, el gobierno de José Antonio Kast debe iniciar lenta -pero decididamente- la construcción de una coalición sólida y permanente que permita abordar los desafíos de fondo y de largo plazo de nuestro país.

3. ¿Qué oposición enfrentará José Antonio Kast desde el Frente Amplio y el Partido Comunista? Yo creo que una muy similar a la que enfrentó el segundo mandato del Presidente Piñera, es decir, una oposición poco democrática, moralista y obstruccionista. Veremos qué elige hacer el Presidente Boric, ahora en su rol de ex Presidente. Veremos también qué hace Jeannette Jara, a partir del posicionamiento construido. Pero veremos también qué hará el Socialismo Democrático, y sabremos si volverá a adherirse sin identidad alguna a lo que promueva el FA y el PC, o si retomará la identidad que tuvo mientras lideró el país durante las décadas del 90 y 2000. El gobierno del Presidente Kast debe estar preparado para esa incertidumbre.

Por último, y al cerrar esta columna, me parece de interés plantear algo necesario -diría indispensable- para el futuro de nuestro país.

Una necesidad:

1. Los países progresan por la calidad de sus ideas, sus instituciones y sus líderes. Chile aún tiene instituciones sólidas, que lograron resistir ante el embate revolucionario de las izquierdas durante el gobierno de Sebastián Piñera y el proceso constituyente. Que hayan logrado resistir es una señal de que están bien arraigadas en la ciudadanía, y bien ancladas sobre dinámicas sociales fuertes. En materia de líderes, nuestro país ha tenido un buen capital humano dedicado al servicio público, y creo que tenemos la oportunidad de seguir sumando talento para lograr buenos líderes en la conducción de instituciones y organizaciones. Al observar el nuevo Congreso -en términos de características del capital humano más que en las mayorías parlamentarias- creo que existen motivos para estar optimistas en cuanto a liderazgos actuales y a proyecciones futuras.

Pero el desafío pendiente está en las ideas. Es ahí donde tenemos mucho por hacer. Los países que progresan son aquellos que valoran y cuidan la libertad individual, que ponen límites al poder político y al rol del Estado, aquellos que creen en la democracia representativa, aquellos que confían en la sociedad civil para la búsqueda de soluciones a los problemas, y aquellos que respetan la igualdad formal ante la ley y promueven el Estado de Derecho. Nuestro país va a progresar de forma sostenida en la medida que sean esas las ideas que dominen en las mentes y corazones de los chilenos.

Bienvenido el inicio de un nuevo ciclo político para Chile.

FARO, Universidad del Desarrollo

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