El 2 de diciembre de 2025 se cumplieron 202 años de la formulación, por el cuarto Presidente de Estados Unidos, James Monroe, de la doctrina que lleva su nombre. Inicialmente esa declaración fue una advertencia a las potencias europeas, que pretendía evitar que se trasladaran al territorio de las Américas, conflictos provenientes de Europa. Pero entre el siglo XIX y el XX, con los cambios introducidos por los Presidentes de la época, William MacKinley y Teodoro Roosevelt, la doctrina llegaría a ser un texto fundacional de las relaciones entre la América de origen británico y la de origen ibérico. Tales relaciones han vivido muchos cambios y han presenciado conflictos, especialmente cuando la potencia del norte, con un crecimiento más impetuoso, ha pretendido asumir un rol de dominación sobre una o más de las naciones del sur, siempre al norte de Panamá.

Pero lo ocurrido el 3 de enero recién pasado, no tiene precedentes. Por primera vez en más de dos siglos una invasión de fuerzas militares de Estados Unidos tiene lugar en suelo sudamericano al sur de Panamá. Y aunque el gobierno de Trump afirma que se trató de un operativo policial, para “extraer” de Venezuela a dos personas, Nicolás Maduro y Cilia Flores, acusados de graves delitos de narcotráfico, crimen organizado y otros contra la seguridad de Estados Unidos, se trató de un ataque masivo, con participación de 150 helicópteros, con centenares de efectivos, en distintos lugares de Caracas y el país. El operativo fue exitoso, no hubo bajas en la fuerza atacante, pero sí un buen número de ellas que no ha sido aún determinado con exactitud. Se habla de 80 0 más, incluyendo 32 personas de nacionalidad cubana, que serían parte (o la totalidad) de una unidad destinada a la protección de Maduro.

Cuando se anunció lo ocurrido la fuerza de Estados Unidos ya se había retirado, llevando consigo a Maduro y su esposa, que llegaron directamente a territorio de Estados Unidos y enfrentarán un juicio, para el cual ya han sido imputados, que comenzará en Nueva York a fines de marzo. Y para todos quienes comentaron la incursión, condenando o aprobando lo ocurrido, lo que se producía era un “cambio de régimen”, es decir, se terminaba el gobierno “bolivariano” que, bajo el mando de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, había gobernado Venezuela por 26 años. María Corina Machado y Edmundo González alcanzaron incluso a declarar su disposición a volver de inmediato a Venezuela, para hacerse cargo del gobierno que les había sido negado en julio de 2024; mientras en la calle los exiliados agitaban sus banderas y muchos anunciaban su retorno.

Las primeras dudas se producirían pocas horas después, cuando Donald Trump, acompañado de su Secretario de Defensa y del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, dio cuenta de la exitosa operación de “extracción” y anunció su propósito de “hacerse cargo” de Venezuela. La expresión “run” usada en esa forma, indica decisión de gobernar, administrar, controlar; y además el Presidente Trump no fijó un tiempo para ello, dando a entender, sin embargo, que sería un período largo, lo cual se contradecía con la inexistencia de una fuerza de ocupación. Centró mucho su exposición en la voluntad de recuperar la explotación del petróleo cuyo control le habría sido “robado” a Estados Unidos desde hace muchos años, antes incluso de Hugo Chávez y, luego, en la fase de preguntas después de la ceremonia, puso por primera vez en duda la capacidad de la oposición de hacerse cargo del gobierno, mencionando negativamente a Corina Machado, que no contaría con el “respeto ni el apoyo” de los venezolanos.

Correspondería más tarde al secretario de Estado Marco Rubio aclarar algo más los dichos de Trump. Y lo hizo relatando, en primer lugar, que Estados Unidos había intentado negociar con Maduro su salida, ofreciendo distintas opciones, pero que el personaje había sido totalmente negativo a cualquier opción y había acentuado cada día los ataques verbales a Estados Unidos y su Presidente, hasta el punto de llegarse a la conclusión de que Maduro no estaba dispuesto a irse, lo cual habría motivado poner en marcha el operativo de extracción. Lo importante de esta versión de Rubio es que se reconoce que el objetivo no era sancionar a un narcotraficante, sino sacar al gobernante. Si a esto se agrega un hecho posterior, que es el reconocimiento, por las autoridades a cargo del enjuiciamiento, de la inexistencia del “Cartel de los Soles”, la organización criminal cuya jefatura ocuparían Maduro y Diosdado Cabello. El cartel, dice el Departamento de Justicia, era una denominación genérica y no existe materialmente.

En segundo lugar, Rubio habló del petróleo, señalando que el objetivo de Estados Unidos no es quedarse con el petróleo venezolano, sino que se trata de evitar que se queden con él los rusos y los chinos. Y aquí, pronunció la frase más controvertida de su intervención: “este es nuestro Hemisferio y debemos defenderlo”. Pura Doctrina Monroe, o más bien “Corolario Roosevelt” y ahora “Corolario Trump”: es tarea de Estados Unidos defender el Hemisferio y a eso obedece lo que se ha hecho en estos días.

Pero hubo una tercera afirmación importante, que se inició con una referencia más cariñosa a la líder de la oposición, a quien Rubio manifestó su afecto y respeto. Pero, sin referirse a la democracia en Venezuela, afirmó que, para ellos, lo principal, o prioritario, es siempre el interés de Estados Unidos. Con ello abrió un debate que permite concluir que el “cambio de régimen” en Venezuela no está muy cerca. Al menos no el cambio de régimen que signifique el retorno a las elecciones libres, a un gobierno democrático y a un retorno voluntario de todos los que quieren volver.

El caso más conocido y probablemente más influyente en las decisiones de la Casa Blanca es el de Irak. Estados Unidos no sólo ocupó ese país, derrotó a su ejército y mantuvo una fuerte presencia militar ahí, que nunca ha cesado por completo. Más aún, se “hizo cargo” de Irak, desmantelando todo el aparato de gobierno, mientras la burocracia política y profesional era expulsada de sus funciones y reemplazada por directivos norteamericanos o personal local completamente incompetente. Y la ocupación fue un desastre, del cual Irak aún no se recupera. Esa lección dramática es la que lleva a Estados Unidos a preferir la permanencia de la estructura de gobierno bolivariano, apostando a que, enmarcada su acción en las directrices que vendrá de Washington, será más eficiente en reponer la normalidad en un corto plazo.

El juramento de Delcy Rodríguez, que junto a su hermano Jorge, ya desde antes presidente de la Asamblea Nacional, constituyen la cabeza del gobierno, es la mejor expresión de que el régimen se queda. El silencio total de la población muestra lo que ya se sabía: que Machado y González no pueden gobernar desde fuera; y seguramente se trabaja para asegurar que no lo hagan muy pronto. Y el petróleo que Trump quiere, comenzará a fluir en millones de barriles, no demasiados, sin embargo, porque hay que encontrar la disposición de las empresas a invertir para fortalecer lo que queda de la industria. La retórica bolivariana persiste para condenar el golpe, exigir justicia, rechazar la ocupación y demandar la vuelta de Maduro, pero no existe ni existirá ninguna movilización. Corina Machado y Edmundo González aún celebran una victoria en que nadie cree y no dan señales de retorno inmediata. Pero sobre todos ellos pende la amenaza de que el asalto puede volver a pasar, si Trump siente que las cosas no van por el camino indicado.

Pero quedan aún muchas preguntas. La primera es si hubo traición y quién habría traicionado a Maduro. La inmediata unidad de los bolivarianos no parece indicar que todos fueron tomados por sorpresa y el mismo Diosdado Cabello circula por la ciudad patrullando en su jeep, como si todo estuviera normal. El propio Trump ya había dicho que había conversado positivamente con Delcy Rodríguez, quien le había manifestado su disposición a actuar de acuerdo con sus requerimientos, aunque no dejó claro si eso había ocurrido antes, durante o después de los ataques. Maduro y su esposa ya tienen abogados defensores: Barry Polack exitoso defensor de Julián Assange es el de Maduro y Cilia Flores, cuenta con Mark Donelly, un experimentado penalista de Texas. El juicio debería comenzar a fines de marzo, pero es claro que, por ahora al menos, Nicolás Maduro y sus antiguos colaboradores van por caminos diversos.

La segunda pregunta es que ocurrió con el Sistema Internacional, que quedó casi completamente al margen de la situación. La carta de Naciones Unidas, en su artículo 2, numero 4, señala claramente la acción que Naciones Unidas debía tomar:

“Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”.Pero entre el dicho y el hecho está la realidad de los Tratados y es importante tener claras las limitaciones de las instituciones internacionales en esta materia. Como he dicho muchas veces, los organismos internacionales no son supranacionales, sino multilaterales; las resoluciones de la Asamblea General pueden aprobarse por mayoría, pero ello no obliga a los Estados individuales. Una resolución que condene a Estados Unidos por su ataque a Venezuela podría tener mayoría, pero no obligaría a un cambio de conducta. Y en el Consejo de Seguridad, que sí tiene imperio para obligar, Estados Unidos, como miembro permanente, tiene derecho a veto. Es obvio que Estados Unidos usará el veto si ve amenazados sus intereses, como hacen los miembros permanentes cuando no quieres aceptar una resolución. En la OEA difícilmente se conseguiría una mayoría para condenar, con un número importante de países votando en contra, para evitar sanciones de Estados Unidos o el mismo gobierno de Venezuela, que irían directamente a su dependencia petrolera. Y en el resto del sistema, la zozobra hoy está en el retiro de Estados Unidos de una cantidad de instituciones, que pierden parte importante de su financiamiento. Sin entrar en el detalle baste decir que Unctad y Cepal están entre las afectadas. Si Trump quiere provocar la parálisis del Sistema Internacional, ha dado esta semana pasos importantes en esa dirección.

En tercer lugar, la apropiación del Hemisferio por parte de Estados Unidos ha provocado también una fuerte preocupación. En la mejor de las interpretaciones posibles, habría que aceptar que todos los países de la región están incluidos en la noción de América; y su destino les pertenece a todos, incluido Venezuela y su petróleo. Pero también Vladimir Putin podría decir que Rusia tiene su ubicación en el centro de Europa, justificando así su intención de apropiarse territorio de Ucrania. O Xi Jing Ping podría justificar su interés por Taiwán, que alguna vez fue parte de China y a la cual, por lo tanto, la República Popular China, debería tener acceso prioritario. No sería la primera vez que las superpotencias se ponen de acuerdo en un reparto territorial; ocurrió en el famoso reparto de territorios europeos de influencia después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Churchill, Stalin y Roosevelt dibujaron en servilletas de papel, lo que le correspondía a cada cual. O también está el concepto de zonas de influencia que Estados Unidos incluyó en la política de distensión con la URSS, que los chilenos recordamos bien.

Por eso es que los latinoamericanos deberían reflexionar hoy sobre una última pregunta y ella es qué ocurre con todas las exigencias democráticas que se había planteado antes a Venezuela: La decisión de Chile, Brasil, México, y otros países, fue exigir que el Gobierno de Venezuela hiciera públicos los resultados de las elecciones del 28 de agosto de 2024. Habría que reponer esa exigencia ante el gobierno que es “continuidad” del de Maduro; y luego exigir el reconocimiento del Presidente electo o un nuevo calendario electoral, que no tiene que ser demasiado breve, sino compatibles con la estabilidad de Venezuela. Porque en nuestro Hemisferio todos tenemos derecho a tener gobiernos democráticos y Venezuela aún no le tiene. La Carta Democrática Interamericana, suscrita por todos los países de nuestro Hemisferio debe ser nuestra mejor arma.   

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1 Comment

  1. Así es, desde hace 27 años que no tiene un gobierno democrático y que respete los ddhh, incluido el lapso de tiempo en que ud fue el Secretario General de la OEA

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