Credit: Senado Chile

Dos cucharadas y al acuerdo

Cuando la oposición es una minoría y no tiene la capacidad de detener un proyecto de ley, algo de lo que no teníamos una experiencia tan marcada, los significados de las acciones son muy diferentes a las del pasado.

Si la oposición dice que quiere rechazar la idea de legislar lo hace a sabiendas de que va a perder y que tendrá de inmediato que predisponerse a una negociación de la que no tiene escape.

Se entiende la intención de dar una señal fuerte, pero es decisivo tener el control de los efectos que se derivan de las propias iniciativas. Incluso, si se rechazara la idea de legislar en general, el proyecto no se paraliza, se va a comisión mixta lo que deja a la oposición en un peor escenario que el actual.

Puestos en esta situación, ganando o perdiendo la votación, políticamente se pierde. La solución no está en votar, sino en dialogar.

El problema es que la señal que está dando la oposición no es de firmeza para que se traten los contenidos más importantes de la ley miscelánea. De hecho, a quienes les está sirviendo esta decisión preliminar es a los sectores duros de la derecha que quieren evitar el diálogo y proceder a imponerse.

Hay que reconocer, eso sí, que tender puentes tampoco está resultando de lo más fácil. Si la oposición o el oficialismo no controlan el sistema de señales que quieren utilizar, significa que el procedimiento empleado no es de los mejores.

Los sectores moderados de la derecha le piden a la oposición un gesto de apertura al diálogo, evitando en la partida un gesto demasiado rotundo, pero nadie le puede pedir a su contraparte que dé mayores muestras de afecto al frente que al lado.

Las primeras aproximaciones no han funcionado porque están más preocupadas de ordenar al sector al que se pertenece que de abrir puertas. Por eso las reacciones cosechadas no están siendo las más alentadoras.

Si Paulina Núñez, presidenta del Senado, RN, le pide a Paulina Vodanovic, presidenta del PS, que se abstenga al votar sobre la idea de legislar la megarreforma en la comisión de Hacienda de la Cámara Alta, quiere mostrar al interior de la derecha que el diálogo con la oposición tiene viabilidad.

Pero Vodanovic no puede sino rechazar una sugerencia como esta, echa por la prensa, por la misma razón por la que se lo piden al frente: porque tiene que aglutinar a su sector y eso no se logra distanciándose de sus colegas.

Cambiemos dogmas por constataciones

En una negociación exitosa, la táctica no puede predominar sobre la estrategia, que es lo mismo que decir que el objetivo central para las contrapartes involucradas no puede ponerse en riesgo. Por los procedimientos iniciales que se emplean, ambos tienen que confluir en la identificación de los acuerdos prácticos alcanzables, no en decirle a la contraparte cómo tiene que comportarse.

Si tanto importan los contenidos, lo decisivo será establecer una agenda de temas relevantes que se está dispuesto a debatir y a aceptar enmiendas o agregados, en el punto de partida. No deja de requerir un gesto de confianza, lo que siempre significa un riesgo nada desdeñable, pero que se toma al constatar que el interés por el acuerdo en los otros es genuino. Es el procedimiento realista más eficiente a disposición de los interlocutores reales de esta negociación.

Está claro que se están usando de modo poco eficiente los medios de comunicación abiertos para obtener respuestas de actores específicos, con lo que están produciendo reacciones en el destinatario contrarias a las deseadas.

Entrar de lleno a la discusión de fondo en las materias más controvertidas no es lo usual en las tratativas parlamentarias. Pero el procedimiento rutinario se emplea cuando se tiene un tiempo suficiente para partir por los bordes. No es el caso actual.

Este es el proyecto de ley de mayor importancia que presentará este gobierno. Lo es por su alcance, por ser el primero de gran complejidad que pone sobre la mesa y porque es el que concentra mayor interés de los actores políticos y económicos.

Pero que sea lo más importante para la derecha no significa que la negociación sea decidida por el Ejecutivo, que el Senado sea una especie de escenografía y que a los senadores sólo les corresponda contemplar lo que se decida y aprueba.

En la derecha tienen que ser leales al gobierno, pero tienen que hacer uso de su capacidad de propuesta para mejorar la redacción, agregar iniciativas y modificar textos que tengan un deficiente desarrollo. Si el Senado no se prestigia en este episodio, este será recordado como un mal momento para nuestra democracia.

Los míos con los míos, los tuyos con los tuyos

Este diálogo tiene un componente técnico de gran peso. Ambos sectores disponen de equipos profesionales que pueden llegar a acuerdos respecto de los efectos que se alcanzarán en el caso de aplicar medidas. Sin este componente el diálogo se entramparía con facilidad. De un consenso técnico nadie sale perjudicado.

Los entusiasmos excesivos se atemperan cuando se presentan ante un público que no es de incondicionales. El gobierno puede creer, por ejemplo, que la aprobación del proyecto disminuiría en un tercio el tiempo de espera de los desempleados para encontrar ocupación. Está muy bien que lo crea y estará mejor que lo pruebe ante los expertos en la materia y que no pueden ser acusados de parcialidad.

La oposición puede defender que este es un proyecto que va en exclusivo beneficio de los más ricos. Pero eso no puede ser un dogma y tiene que convertirse en un cálculo. Si la situación es más compleja, que lo reconozca y sigamos.

Emplear procedimientos pragmáticos asegura un conjunto de propuestas sostenibles. Eso no significa que aquello que se considere transversalmente sensato cuente necesariamente con una amplia mayoría. Decidir colectivamente que los acuerdos son suficientes para entregar apoyo es un debate que se dará tanto en la derecha como en la oposición.

Cada cual tiene que hacerse cargo de lo que ocurra en su sector, sin que el otro se tenga que entrometer ni dárselas las de comentarista. Lo mejor que le puede pasar a la oposición es salir unida en una prueba que resulta ser exigente como pocas. Pese a lo que se cree desde fuera, sus acuerdos son más que sus desacuerdos.

En la derecha el debate no es menos intenso al interior. Los republicanos nunca han concursado como los mejores compañeros. En la Convención Constitucional pudieron encabezar un acuerdo amplio con solo querer cambios en lo fundamental y no en todo. Optó por imponerse y les fue como les fue. Será un debate decisivo para el cuatrienio de Kast, pero se resolverá a puertas cerradas. El éxito en esta negociación es que cada uno entienda que resuelve en lo propio y no en lo ajeno.

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1 Comment

  1. Lo primero que se vota es aprobar o rechazar la idea de legislar, luego se debate y vota en particular cada artículo. Ese es el orden. Como bien dice, cada sector verá que hace, pero el orden es ese, no un mix raro que no existe

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