Hablemos de otra cosa, dijo el culpable
El país saldrá ganando si cuando, al hablar del caso Hermosilla, el foco de atención está en asegurar que exista un trato imparcial de la justicia ante cualquier ciudadano, sin que nadie incline la balanza a su favor. Salimos perdiendo si lo que concentra el interés son aspectos secundarios.
Lo que debemos subsanar es una debilidad institucional puesta en evidencia: que los que tienen poder pueden encomendar la tarea de los nombramientos en el Estado a personas que les son afines.
Se ha dicho que no debiera escandalizarnos tanto algo que ha sido una práctica común y transversal. Mucho de cierto hay en esta afirmación porque Hermosilla era considerado un hombre de gran influencia precisamente porque destacaba en los corrillos del poder. Sin embargo, este es un camino sin salida.
Que la corrupción de nuestro sistema judicial se haya hecho una cuestión normal para muchas personas, no hace que sea aceptable. Esto afianza la necesidad de hacer tarea nacional el develar los mecanismos empleados y corregirlos.
Este objetivo se nos escapará de las manos si lo que comenzamos a discutir es cualquier otra cosa. Los culpables buscarán que hablemos de variados aspectos e interpretaciones: si los acusados son víctimas de persecución política, si se está sacando provecho de esta situación, si hay una intervención ilícita en el asunto por parte del Presidente y sus ministros.
Hay que volver siempre sobre lo principal porque no se puede enfrentar la existencia de vicios en la nominación de autoridades de un poder del Estado, viciando también el seguimiento público del juicio en el que se ventila un caso que lo acredita.
Si tienen razón quienes dicen que estamos ante una práctica común, es insensato pensar que el hecho de transparentarlo no tenga efectos transversales que no dejará indemne a nadie. Tratar de sacar provecho para un sector es algo temerario.
Sólo los inmunes al contagio pueden sermonear al enfermo.
Si antes el mayor recurso de Hermosilla era la reserva y la discreción, ahora que no tiene mucho que perder, su mayor arma consiste en empezar a hablar. Apenas se les advierte de este pequeño detalle, los más locuaces pasan a un extraño mutismo en pocos minutos.
Finalistas en el concurso de escupir al cielo
Puede que la justicia esté investigando a Hermosilla, pero es también evidente que el sistema político será igualmente juzgado por la forma en que reacciona ante un intenso escrutinio público. Si, por ahora, las primeras menciones entre las figuras públicas señalan a Andrés Chadwick, esto no quiere decir que estemos ante un problema que se circunscriba a la derecha.
La lógica de influir en los nombramientos requiere que sea una práctica transversal, un juego en el que entran personas influyentes de todas las posiciones que buscan que quienes aspiran a puestos de poder les reconozcan haber participado en su nominación. De otro modo no funcionaría.
Por eso el sobresalto no conoce límites y las excesivas declaraciones asegurando la completa inocencia devela un nerviosismo inocultable. El número de inocentes se puede calcular por la cantidad de personajes del mundo político que no hacen declaraciones y esperan con paciencia conocer los resultados.
Los sustos individuales no son muy compatibles con las estrategias colectivas. Más bien ocurre al revés, porque la atención concentrada en unos es el olvido de otros y no son pocos los que quieren pasar desapercibidos.
Tironeados por esta situación, en la derecha, en cuya área de influencia es donde partió esta crisis, es donde los comportamientos se han vuelto más ambiguos.
Las defensas públicas de Andrés Chadwick son mucho más aparentes que reales. El lema parece ser “contigo en la distancia”, y se concentran en afirmar la convicción de que no ha hecho nada malo, porque nunca lo han visto en malos pasos. Lo que no dice nada, pero tiene la apariencia de apoyo.
En el oficialismo, Gabriel Boric ha insistido en inmiscuirse en ocupar un lugar del que todos quieren escapar. Al atacar a Hermosilla como un poderoso caído de su pedestal y ratificar sus dichos, está amplificando los costos que pudieran provenir de un caso judicial que está lejos de haber terminado y que recién comienza.
El efecto no será neutro
El impacto de este episodio en el mundo político será importante. Aunque sea por el solo hecho de que ha desplazado el interés por las elecciones de octubre. Un espacio asignado que ya era exiguo ha quedado en una zona marginal.
Cualquier estrategia diferenciadora requiere un mínimo de tiempo e interés, mucho más si el diseño escogido es de aquellos que buscan establecer algún tipo de confrontación, beneficiándose de la polarización creciente.
La pregunta que hay que hacerse es muy simple, ¿cuando la política parece ensuciarse por todos lados, en quiénes se puede confiar? Y la respuesta más simple es que se puede confiar en los que están más alejados de la política o en aquellos que creemos conocer muy bien.
Es decir, que todos están trabajando para que sean los independientes los que salgan ganando del río revuelto, y que figuras como las de Michelle Bachelet siga posicionándose mejor en las encuestas.
Partimos el tercer año de este gobierno con un panorama completamente favorable a la derecha y aún lo es. Pero lo que vemos es un sistemático deterioro de sus ventajas comparativas. Ni es un sector que se haya inmunizado a los cuestionamientos, ni sus candidaturas presidenciales concitan entusiasmo. Se ve disciplina, pero no fervor.
Por eso tenemos el extraño caso de dos candidaturas, definidas y en campaña, que están perdiendo terreno frente a una ex Mandataria que mientras más insiste en no ser abanderada, más mejora en las encuestas.
Estamos en uno de los momentos más bajos de nuestra vida democrática. Las grandes figuras ya no se juegan su futuro en debates con sus principales contrincantes. Suelen caer tropezando con sus propios pies, en entrevistas en solitario donde nadie los está presionando. Son partidos que se definen por autogoles. Por eso han ido aumentando las incertezas, pero nada termina por resolverse.
Hay Hermosilla para todos y veremos, cuando se despeje el panorama completo, quien explica mejor las verdades que se conozcan. No a todos los corrillos se entra por la derecha.

Toda la razón, el gran gobierno gestado por Bachellet en su segundo mandato es notable, hasta hoy deja huellas imborrables, es inolvidable su gran gestión……..para una estatua….