Es normal que, después de pasar algunas temporadas viviendo fuera del país, uno regrese a Chile con ganas de cambiar algunas cosas, con ese anti-chauvinismo de que “allá todo funcionaba mejor”. Así que me perdonarán los lectores por caer en ese cliché, pero se me hace necesario recordar una experiencia que bien podría ser imitada en Chile: viví dos años en Washington D.C., y de las cosas que más recuerdo es el esfuerzo por desincentivar el uso del auto en la ciudad. Estacionamientos carísimos en el centro, un excelente sistema de buses dentro del «diamante», ciclovías amplias y, lo más importante, una extensa red de metro que conecta la ciudad con los suburbios en Virginia y Maryland. Cada estación cuenta, además, con edificios de estacionamientos, lo que es un incentivo muy grande para dejar el auto y tomar el transporte público.

Algunos años después de volver a Chile, me fui a vivir con mi familia a uno de nuestros suburbios, fuera de Santiago. Y ya con cinco años en la provincia, confirmo lo complicado que es replicar el estilo de vida washingtoniano aquí. Santiago parece diseñado para que todos lleven su auto a la capital. No hay iniciativas concretas de carpooling ni sistemas efectivos de transporte que conecten bien los suburbios con la ciudad.

Recuerdo el viejo meme que dice: «Un país desarrollado no es aquel en el que el pobre tiene auto, sino aquel en el que el rico anda en micro». Si ese es el estándar, estamos muy lejos de ser un país desarrollado, y la tarjeta BIP está muy lejos de ser VIP. Hay razones económicas, medioambientales e incluso de calidad de vida para optar por el transporte público: uno puede leer, ver una serie o incluso dormir en el trayecto. Pero hay razones sociológicas, lamentablemente más poderosas, que dificultan ese cambio cultural: (1) comodidad (es más fácil manejar que coordinarse con otros o esperar la micro); (2) individualismo, y (3) status. Creo que esta última es la más grave: mientras usar auto siga siendo un signo de consolidación social y tomar transporte público sea visto como una “bajeza», el cambio será muy difícil.

No obstante, hay que ser sincero: se han intentado sistemas, como las micros eléctricas de Las Condes, entre otros planes con mayor o menos éxito. El problema es que, muchas veces, los sistemas son demasiado precarios. En Chicureo, por ejemplo, se inauguró un sistema de buses eléctricos que conecta distintos barrios suburbanos con el metro Los Libertadores (desde ahí, el trayecto al centro toma apenas 15 minutos). Ya lo he usado un par de veces, y mi nota es un 4,0: cumple, pero está lejos de ser un buen sistema.

Los buses en sí están bien: eléctricos, cómodos, silenciosos, con aire acondicionado y puertos USB. El problema es la experiencia del usuario. La frecuencia es de una hora, lo que obliga a planificarse bien o resignarse a largas esperas. Si se toma el bus en el metro, la regla es simple: sale a cada hora en punto. Pero si se toma en un paradero intermedio, no hay forma de saber cuánto falta. No hay GPS en los buses ni paneles informativos en los paraderos sobre posibles horarios.

A eso se suma otro problema: la estación intermodal de Los Libertadores es inhóspita. No tiene restaurantes, ni cafeterías; ni siquiera asientos para hacer más cómoda la espera. Muy distinto a Pajaritos, que se ha convertido en un punto de conexión eficiente y cómodo, entre buses interurbanos y el Metro de Santiago.

Sin duda se valoran iniciativas como estos buses eléctricos, pero si realmente queremos fomentar un cambio cultural en la movilidad, necesitamos ser más estratégicos. No basta con poner máquinas eléctricas con cargadores USB: hay que asegurar una experiencia satisfactoria. La certeza en los tiempos de viaje es clave para que más personas elijan dejar el auto en casa. Si queremos que la movilidad urbana sea eficiente y sustentable, el transporte público tiene que ser una alternativa real y atractiva, no una solución que sigue dejando muchas dudas.

Director de Administración Pública UNAB

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1 Comment

  1. Muy de acuerdo Roberto …. Lo que dices de estacionamientos caros y mejora de buses / micros debe hacerse y no plantearse como posible …. Los efectos debieran ser vistos a mediano plazo ….

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