El aumento en la aprobación presidencial que ha venido experimentando José Antonio Kast en las últimas semanas constituye una muy buena noticia para su gobierno. La posibilidad de que la reforma tributaria que está actualmente en el Senado logre aprobarse en los próximos meses es mayor ahora que la caída en aprobación presidencial se ha revertido. La decisión de Kast de asumir el costo político de hacer un temprano cambio de gabinete ha terminado dando réditos a su gobierno.

Si el gobierno logra evitar nuevos errores no forzados, y la oposición sigue tomando posturas demasiado radicales y confrontacionales, la administración del Presidente Kast bien pudiera terminar su primer semestre con niveles más altos de aprobación que de rechazo.

La decisión del Presidente Kast de realizar un primer cambio de gabinete el 19 de mayo fue una jugada arriesgada. Desde el retorno de la democracia en 1990, nunca un Presidente había realizado un cambio de gabinete en sus primeros cien días en el poder. Cambiar ministros de forma tan temprana inevitablemente alimenta dudas sobre qué tan bien el Mandatario planificó su equipo de gobierno. El hecho que el cambio incluyera al Ministerio de Seguridad empeoró aún más la situación. Dada la importancia que tuvo el combate a la delincuencia en la campaña presidencial de Kast, remover a la titular de la cartera a los 69 días de iniciado el gobierno le abría un delicado flanco.

Por otro lado, como era evidente que las ministras de Seguridad y de la Secretaría General de Gobierno no habían logrado satisfacer las altas expectativas que el gobierno había depositado en ellas, mantenerlas a ambas en sus puestos inevitablemente acarreaba altos costos políticos. Un gobierno necesita tener una persona que destaque en vocería para poder instalar sus temas y promover sus prioridades. Cuando la vocera de gobierno funciona mal, la gente rápidamente comienza a creer que todo el Ejecutivo está funcionando mal. La oposición hace un festín con los errores de vocería y pronto el propio Presidente debe terminar dando explicaciones por los mensajes que la vocera no supo comunicar adecuadamente. Aunque le resultó costoso remplazar a Mara Sedini, al Presidente Kast le hubiera resultado más costoso dejarla en su cargo.

Algo similar pasaba en el Ministerio de Seguridad. La ministra Trinidad Steinert había hecho noticia más por sus errores y desaciertos que por las medidas que el gobierno había comenzado a tomar para enfrentar la crisis de seguridad por la que atraviesa el país. La salida de Steinert fue exitosamente aprovechada por la oposición para denunciar la falta de preparación del gobierno. Pero la decisión de Kast permitió al gobierno generar una inmejorable oportunidad para posicionar su agenda de combate a la delincuencia.

Al tomar el riesgo político de pasar a la historia como el Presidente con el cambio de gabinete más apresurado en la historia de la democracia moderna en Chile, Kast convirtió este embarazoso momento en una oportunidad para resetear su gobierno. El correcto discurso ante el Congreso del 1 de junio disciplinadamente centrado en la seguridad y en la agenda de reformas económicas, en un marco de medidas de sentido común que despiertan amplio apoyo ciudadano, complementó exitosamente el golpe de timón que dio Kast con el cambio de gabinete.

Kast volvió a posicionarse como el presidente de derecha, conservador y razonable, disciplinado y promotor del sentido común por el que los chilenos mayoritariamente votaron en la segunda vuelta. Alejándose de las peleas y las confrontaciones, del discurso agresivo y confrontacional, Kast ha comenzado a hablar desde el sentido común, promoviendo el diálogo y el respeto hacia los adversarios. Mientras la izquierda empieza a demostrar su fuerza con movilizaciones callejeras y con discursos agresivos y verbalmente violentos, el gobierno de Kast parece comenzar a encontrar su voz en un discurso tranquilo, firme y decidido en defensa de la ley y el orden, el sentido común, la responsabilidad fiscal y la promoción del crecimiento y la creación de empleo.

Nada asegura que el gobierno no vaya a volver a tropezar, caer preso de errores no forzados o ser golpeado por vientos adversos en la política y la economía internacional. Pero al menos, el Presidente Kast ha demostrado que puede corregir rumbo y retomar la hoja de ruta exitosa que lo llevó a derrotar a la izquierda radical en la segunda vuelta de la elección presidencial de diciembre. Si este reseteo del gobierno le permite seguir avanzando por el camino de las reformas consensuadas, responsables, de sentido común y focalizadas en promover la inversión y el desarrollo económico se mantienen, las auspiciosas cifras recientes de aprobación presidencial se convertirán en un patrón. Como a menudo dicen los líderes de oposición, aunque muchas veces no lo crean, cuando al gobierno le va bien, a Chile le va bien.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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