La importancia política del Partido de la Gente (PDG) está hoy en día fuera de toda duda. Su resultado en las elecciones presidenciales y parlamentarias, junto a su protagonismo como oposición negociadora respecto del plan de reactivación que impulsa el gobierno, son testimonio de ello. Sin embargo, aunque se ha escrito acerca de los sectores a los que apela y a las razones de su éxito, poco se ha dicho respecto de la naturaleza de sus propuestas económicas.
Diré, pues, lo siguiente: con el pretendido propósito de mejorar la situación de la clase media emergente el PDG está plantando las semillas de un populismo microeconómico. La punta de lanza de esto es una política de exenciones tributarias específicas como la que busca librar del IVA a pañales y medicamentos.
Pero ¿qué es el populismo microeconómico? Es un caso de populismo económico porque produce políticas que son atractivas en una mirada miope de la economía, pero que producen efectos globales perjudiciales. Sin embargo, a diferencia del populismo macroeconómico, su énfasis no está en estimular la economía mediante gasto público financiado a través de emisión o deuda desestimando sus efectos inflacionarios. Su foco está en hacer política redistributiva alterando los precios relativos de determinados sectores económicos, como ocurre con los pañales y medicamentos.
Esto es una mala política por al menos tres razones. Primero, debido a que en economía distintos objetivos de política reclaman como apropiados distintos instrumentos. Por un lado, los mercados competitivos son el medio propicio para la asignación eficiente de recursos. Para esto la política debe limitarse a corregir (o a facilitar la solución) de posibles fallas de mercados y proveer un marco de reglas estables. Por otra parte, el presupuesto (a través de impuestos de base amplia y subsidios dirigidos a sectores socioeconómicos específicos) es el mejor instrumento para hacer política redistributiva.
La exención del IVA a productos específicos, como los pañales y medicamentos, va en la dirección opuesta: utiliza la política tributaria para alterar los precios relativos de bienes específicos con el objetivo de redistribuir en favor de los sectores más vulnerables. Esto tiene malos efectos sobre la asignación de recursos con repercusiones redistributivas más que moderadas. Mucho mejor sería una política que devolviera el IVA no al comprar un bien específico, sino que lo hiciera en base a pertenecer a los sectores de menores ingresos. Sin embargo, la mención de bienes como los pañales y los medicamentos da la impresión de una preocupación mucho más benevolente que la que ofrece el dinero abstracto.
En segundo lugar, ¿por qué los pañales y medicamentos y no, digamos, la leche en polvo? ¿por qué estos bienes en específico y no cualquier otro de los que forman parte de la canasta de los sectores más vulnerables? ¿Por qué —volvemos a la misma pregunta— no se les ofrece una devolución del IVA a los sectores más vulnerables independientemente de qué bien o servicio compren? Hay un dejo de paternalismo y arbitrariedad en la medida que sólo se puede explicar por el impacto retórico de los bienes mencionados. Por último, esta especificidad hace vulnerable la política a su abuso. ¿Cuántas boletas se harán pasar por pañales y medicamentos para obtener el beneficio? ¿Cómo se fiscalizará que quienes compren estos bienes sean quienes vayan a consumirlos y no alguien que los recomercializará?
El populismo microeconómico altera el sistema de precios con políticas tributarias, exenciones y regulaciones que parecen concretas, específicas, directo al bolsillo y libres de grandes discusiones acerca del modelo de desarrollo. Este es precisamente el tipo de impronta política que el PDG busca transmitir, pero que abre una Caja de Pandora estimulante de la actividad rentista de grupos específicos. Cada una de estas políticas puede producir un daño moderado, pero en cuanto se acumulen y estimulen la actividad de otros grupos, su efecto puede llegar a ser considerable.
Justo es señalar que la propuesta de exención de IVA a la primera vivienda durante 12 meses que impulsa el gobierno es también una política de esta naturaleza. En sí misma, tiene escaso impacto en el crecimiento, la distribución de la riqueza y la eficiencia asignativa; pero en cuanto habilita el uso de exenciones del IVA para hacer política sectorial, da pie a más políticas de este tipo.
Las voces de los economistas más reconocidos de la esfera pública se han enfocado en la discusión del impacto fiscal de la reforma y en otros aspectos macroeconómicos de la misma. No obstante, una deriva por el populismo microeconómico arriesga llevarnos hacia una maraña de políticas que, al crear una multitud de pequeños grupos de beneficiarios, será mucho más difícil de sanear en el futuro.
