Las sucesivas derrotas electorales del gobierno han incidido en una cuestión fundamental, La Moneda se quedó sin programa de gobierno por tanto sus esfuerzos se han centrado en dos reformas: la reforma tributaria y la reforma previsional.
Respecto de la reforma tributaria ha aparecido una variante que en definitiva apunta a lo mismo: incrementar los impuestos, esto ha sido denominado el llamado pacto fiscal. En los momentos que escribo se ha producido un desacuerdo con el Ministro de Hacienda por parte de las organizaciones empresariales las cuales han indicado que el llamado pacto fiscal debiera incluir un capítulo de reforma del Estado y de mayor eficiencia en el uso de recursos fiscales. Esto último es concordante con evitar que se siga incrementando la carga tributaria sino más bien lo que tiene que ocurrir es una reestructuración de esa carga.
Creo que en los actuales momentos que atraviesa la economía no es posible buscar la reactivación de la actividad sobre la base de un mayor cúmulo de impuestos, mi experiencia me indica que no existen iniciativas en el mundo donde es posible reactivar la economía con mayor cantidad de gravámenes, por tanto lo que se necesita es un programa de incentivos a la inversión, un gasto público ajustado de manera de generar una verdadera reactivación en la economía que permita aumentar la demanda de trabajo y, en definitiva, aumentar el empleo, esto permita incrementar el ingreso disponible de los trabajadores, mayor consumo y por tanto mayores niveles de actividad.
Por otra parte, la trayectoria de la economía apunta que este año en mis cálculos habrá una caída de 1,5% lo que evidentemente incidirá en un mayor desempleo, lo que obligará al Gobierno a prestar ayudas sociales las que tienen que ser financiadas por gasto público.
Es precisamente en ese contexto donde la reestructuración del gasto público es de fundamental importancia. Para decirlo en palabra simple: la plata hay que gastarla en los pobres, en los desempleados. En definitiva, los más necesitados.
Lo anterior es porque la inflación generada en los periodos anteriores de más de dos dígitos está mostrando una tendencia a la baja, pero sabemos que ese fenómeno está ocurriendo principalmente por la baja en la actividad económica, lo que a su vez está explicado por la violenta caída del consumo que está exhibiendo la economía a causa de la caída del ingreso disponible de los trabajadores.
Esto a su vez significa que la caída del ingreso disponible a causa del impuesto inflación de los periodos anteriores está siendo sustituido por caída en la actividad debido a mayor desempleo y todavía una tasa de inflación alta, desde luego con una trayectoria que apunta a tener durante 2023 una inflación fuera del rango meta, por tanto, insuficiente para hablar que el fenómeno inflacionario ha sido controlado.
Así, un plan de reactivación basado en un monto creciente de inversión aparece como la única posibilidad que tiene la economía de encontrar una trayectoria de reactivación basada en mayor empleo. Mis cálculos apuntan que la trayectoria de inversión experimentará una caída durante 2023 cercana al 4%.
También se ha estado aludiendo a que la baja de las tasas de interés de la economía resultan urgentes. Una medida coyuntural de este tipo creo no ayudarán a esa reactivación por dos razones: la primera, que si la tasa de desempleo efectiva de la economía está en la vecindad del 10% la baja en la tasa de interés no afectará sustancialmente a aquellos que han perdido su empleo porque el consumo seguirá declinando y, segundo, porque la inversión tampoco será afectada sustancialmente debido a la inestabilidad y a la incertidumbre política que se han apoderado del país.
Por tanto, el principal desafío para el gobierno es instalar las bases para que las empresas vuelvan a demandar trabajo y esto requiere que la trayectoria de inversión -como decía anteriormente- se incremente sustancialmente.
Varias cosas para cerrar, mayores impuestos no ayudarán a este esfuerzo, mayor gasto fiscal incidirá en expectativas de inflación nuevamente al alza. Por tanto, es fundamental reestructurar el gasto público y apuntar a una modernización del Estado de manera que pueda ajustarse esta nueva necesidad de gasto público sin provocar inflación.
Si está condición no se da, la ayuda social no podrá realizarse. Los apoyos sociales no servirán porque las expectativas de inflación aparecerán nuevamente y la reactivación de la economía no se producirá.
Mis proyecciones para el PIB 2024 apuntan a una trayectoria de 2% crecimiento insuficiente para las actuales necesidades de Chile.
