Más allá de su importante victoria al lograr aprobar la mayor parte de su ambicioso plan de reconstrucción a menos de 6 meses de haber iniciado el mandato, la mejor noticia para la administración del Presidente José Antonio Kast es que, hasta ahora, el gobierno está poniendo la música y la oposición, a regañadientes, no ha podido hacer otra cosa que bailar al ritmo impuesto por La Moneda.
En los meses que vienen, en la medida que Kast siga disciplinadamente enfocado en la agenda de promover el empleo, incentivar el crecimiento económico, controlar la inflación y combatir la delincuencia, esta lógica de gobierno proactivo y oposición reactiva permitirá al Ejecutivo seguir avanzando a paso firme con su agenda transformadora y mantendrá en aprietos a la oposición.
Ahora que el gobierno comience a impulsar su agenda de seguridad ciudadana, la oposición deberá buscar un camino para colaborar con La Moneda y no quedar arrinconada como una coalición que defiende los derechos de los delincuentes más que los derechos de las víctimas. En estos cinco meses, la oposición intentó, con cierto éxito, presentar al gobierno como defensor de los intereses del empresariado. Es cierto que no le alcanzó para frenar la reforma tributaria y, aunque perdió la batalla, la izquierda logró sembrar dudas razonables sobre quién se verá más beneficiado con la reforma impositiva que está a punto de ser promulgada como ley. En los próximos meses, si la gente ve que no hay mejoras sustantivas en el empleo y en la situación económica en general, la izquierda podrá cosechar las dudas que sembró en esta disputa que, por ahora, parece estar siendo más favorable para el gobierno de Kast que para la oposición izquierdista.
Pero en la etapa que ahora comienza, en la que el gobierno buscará avanzar su agenda contra la delincuencia y el crimen organizado, los vientos parecen ser mucho más favorables para el oficialismo que para la oposición. Una mayoría de los chilenos está alineada con el discurso de Kast de mano dura contra la delincuencia. Como la izquierda no tiene una propuesta alternativa para mejorar la seguridad ciudadana, la gente mira a la opción que ofrece la derecha como la alternativa más viable para combatir el crimen.
Equivocadamente, la izquierda cree que la estrategia de asociar al gobierno de Kast con el cuco de la derecha radical va a hacer que los chilenos dejen de creer que el Presidente tiene un mejor plan que el de la izquierda para combatir la delincuencia. Después de cuatro años de fracasos reales y simbólicos de un gobierno de izquierda que prefirió indultar a delincuentes con amplio prontuario que incluía violencia contra la policía, la gente está convencida de que la izquierda no tiene un buen plan para combatir el crimen y dar seguridad a la población.
Una buena parte de la izquierda insiste en caricaturizar al gobierno de Kast como la versión chilena de la derecha radical en el mundo que presumiblemente constituye una amenaza contra la democracia. Pero esa acusación es igual que el chiste de ese detective que acusa a un adversario de cometer un asesinato, pero no es capaz de indicar ni el lugar ni la hora del presunto asesinato, no tiene el arma mortal y ni siquiera tiene un cadáver. Lo que es peor, la presunta víctima todavía está viva y escucha con atención cómo el detective busca imputar a su adversario. Hasta ahora, no hay ninguna evidencia para sostener que José Antonio Kast representa una amenaza a la democracia. Es cierto que su agenda de transformaciones es ambiciosa. Pero ganó la elección con un mandato claro para hacer crecer la economía, crear empleo y combatir a la delincuencia. En tanto el gobierno mantenga esas prioridades, no hay razón para acusar al gobierno de poner en riesgo a la democracia.
En tanto la gente sienta que los delincuentes se han apoderado del control de las calles, las promesas de mano dura que repite el gobierno caerán en terreno fértil. Es más, en tanto la izquierda insista en acusar a la derecha de querer usar la fuerza, más fácil le resultará al gobierno mantener el apoyo popular de una población que quiere castigo severo y expedito contra los delincuentes.
En lo que va del gobierno, La Moneda se ha visto más bien proactiva y la oposición de izquierda ha quedado atrapada en una postura esencialmente reactiva. Ahora que el tema de la agenda pasa de la economía a la seguridad ciudadana, las oportunidades para tomar el liderazgo se multiplican para el gobierno y escasean para una izquierda que ha sido contumaz en su incapacidad para articular una agenda que se haga cargo del temor a la delincuencia que cunde en el país. Si cuando tuvo la oportunidad de ser proactiva en el debate sobre los impuestos y el empleo, la izquierda perdió la oportunidad. Ahora que se empieza a hablar de seguridad y delincuencia, resulta difícil imaginar cómo la izquierda podrá hacer algo que no sea reactivo a las iniciativas que impulsa el gobierno de Kast.

😇😇😇😇😇😇😇😇😇😇