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Un nuevo fantasma podría empezar a recorrer la región. El fantasma del narco-feudalismo. Eso es lo que sugiere la insurrección que tiene lugar en el Chapare. Pese a su inspiración en un movimiento identitario ha devenido en una argomasa de fuerzas volcánicas, carente de todo ethos. Estas últimas semanas ha logrado tener en ascuas al gobierno. 

Nadie duda que el actual Presidente, democráticamente electo, vive horas dramáticas. Es un sentimiento tan fuerte que muchos ya concluyen en lo terrible de determinar si sirvió de algo ganar las elecciones con un 54% de los votos en segunda vuelta. El ruido de la insurrección y el desconcierto del gobierno demuestran que, cuando la contraparte es un polo no democrático, podría ser del todo inútil alcanzar el triunfo electoral por muy  espectacular que parezca. A fines del año pasado, mediante voto universal y secreto, se terminó con dos décadas de un gobierno que oscilaba entre lo estrafalario, ineficiente y autoritario. Fue una victoria llena de simbolismo.  

Por ahora no es posible conocer con exactitud las dimensiones de la insurrección. Sin embargo, no extrañaría que termine lanzando al abismo a los vecinos del altiplano. Si ello ocurre, aquel fantasma del narco-feudalismo levantaría vuelo y sus repercusiones regionales serían enormes.

Observadores compenetrados con aquella realidad presagian la posibilidad de que el fantasma se transforme en un activo geopolítico y recorra muchos lugares sembrando efervescencia e inestabilidad. 

Así lo reconocen -cada uno con sus matices- el analista estadounidense, Douglas Farah y el columnista argentino, Miguel Wiñazki, dos reconocidos especialistas en temas de crimen organizado y en asuntos geopolíticos regionales.

Este último describió la situación con palabras terribles; preocupantes. “Un país que sangra hacia la Argentina. Es sangre cocainizada. Es un problema de seguridad nacional argentino. La frontera norte-Salta, Jujuy, Formosa- es una membrana agujereada por la que entra cocaína y dinero. Todo el cuadro se corresponde con la defensa armada de un negocio descomunal”. 

De tales palabras se desprende que la alteración masiva del orden interno, las turbas organizadas, los bloqueos y el desabastecimiento, son partes de una efervescencia definitiva; un nuevo gran método. Aunque, quizás, no tan nuevo diría Lenin, padre y teórico de la revolución bolchevique. Un optimista podría estar pensando en algo pasajero; un simple golpe gorila, como describía la literatura política de los años sesenta y setenta.

Hay trazos de algo nuevo y peligroso para las democracias. Pareciera corresponderse con una función teatral nueva, dotado de un guión distinto, post-utópico, alejado de las visiones igualitaristas y llenas de grandes promesas sociales. Se percibe nula nostalgia por instalar en el palacio presidencial una figura identificada con los pueblos ancestrales. No se captan deseos de restauración de la epifanía ancestral; indofanías las llama Enrique Krauze.

En su lugar pareciera estar germinando el propósito de allanar un camino hacia regímenes “protegidos”, cuyo spiritus movens sea metamorfosear lo vivido hace algunos años con el Foro de Sao Paulo. O sea, una pizca lejana de melancolía.

En el camino se podrían ir viendo hallazgos cruciales para el futuro de la región.

Por un lado, que el triunfo de la insurrección chapareña puede poner ciertos límites a los vientos trumpianos. Y, de paso, que sólo la efervescencia final es el gran muro de contención ante las avalanchas electoralmente arrolladoras. Pondría sobre la mesa un dato incómodo para muchos. Que las derrotas de quienes adhirieron al Foro de Sao Paulo, Grupo de Puebla etc., están ocurriendo mediante elecciones. Democracia equivaldría a excesiva incertidumbre. 

Por otro lado, y conectado a lo anterior, instala un signo de interrogación, quizás definitivo, sobre las posibilidades reales de estabilizar aquel país por vías democráticas. Indicaría que está, desde sus raíces, culturalmente alejada de tales principios. 

Sin embargo, este proyecto encierra en sus entrañas un cambio de naturaleza eidética; la difuminación de fronteras. 

Esto significaría provocar un cambio de soberanía. La estatal, vilipendiada y frágil de los países latinoamericanos, correspondería reemplazarla por otra, acorde a las necesidades de los barones de la droga. Se entiende que, en esa lógica, la primera “interfiere” en la segunda.

Narco-feudalismo se tornaría una noción útil para describir la obvia inamovilidad social y las relaciones jerarquizadas que ello conlleva. Sólo así los más desvalidos pueden trabajar en zonas delimitadas por los barones y éstos ofrecen protección. Relaciones estáticas y de vasallaje. Regímenes protegidos.

La pregunta correcta entonces es, ¿dónde se encuentran ahora los elementos que permitirían darle vida terrenal a este fantasma narco-feudal?

Pareciera que por doquier. Es demasiada la cantidad de extranjeros merodeando la zona. Varios han sido expulsados del país, pero es altamente probable que vuelvan. Pareciera que han encontrado un ícono magnético en la jungla.

Luego, la biografía reciente del protagonista de esta historia es reveladora. Pesa sobre él una orden de captura vigente. La justicia lo requiere por acusaciones muy graves; dentro de la lógica de un estado de derecho, se entiende. Por ejemplo, por trata de personas, agravada y con estupro. Se habla de una relación con una menor de edad mientras ejercía la presidencia y de la que habría nacido una hija.

Quizás el punto más sugerente es su actividad actual. Dirige sus milicias armadas desde un búnker selvático. Todo un símbolo.

Y nada de esto surge de la nada. Antes tuvo soportes sólidos. Algo debe permanecer de aquello, en aquellos lugares por donde deambuló cuando se vio obligado a abandonar el gobierno y huyó al extranjero. Unos le prestaron un avión para salir del país. Otros le dieron apoyo logístico más doméstico. Y una buena cantidad, apoyo material. Si no hubiese contado con eso, sus espectáculos no habrían podido ejecutarse. Diversos reportajes dan cuenta que su punto preferido fue el escenario albertista. Allí encontró calidez personal y afectiva. Fue aclamado. Lo vitoreaban llamándolo “hermano”.

Ahora, el analista Douglas Farah recomienda poner atención en las plataformas logísticas que tiene la nueva aventura insurreccional. Ambientes planos, con baja densidad poblacional y mínima vigilancia electrónica, son lugares ideales, señala. Ideales para manejar redes más amplias. Son los gérmenes de los próximos feudos.

Académico de la Universidad Central e investigador de la ANEPE.

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1 Comment

  1. Muy lamentable por ellos si no son capaces de imponer el estado de derecho mediante la fuerza legutima del Estado. Surge si para nosotros una nueva y compleja amenaza para nuestra seguridad nacional

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