Para la derecha, el Estado no es su hábitat natural. Cuando la derecha chilena gana las elecciones, el desafío de administrar el Estado equivale al de ocupar un territorio extranjero. La presencia mayoritaria de funcionarios públicos que se identifican con la izquierda, e incluso militan en partidos que son de oposición al próximo gobierno, presentará desafíos complejos para un sector que cree que si el aparato estatal fuera más débil y reducido, el país funcionaría mucho mejor. El gran desafío del gobierno entrante de José Antonio Kast será saber cómo habitar ese Estado en los próximos cuatro años.

En los últimos gobiernos de derecha, uno de los slogans más comúnmente repetidos ha sido el de la eficiencia y la buena gestión. Ya sea el gobierno de los gerentes de Jorge Alessandri o el primer gabinete del Presidente Sebastián Piñera en 2010 que recibió una carpeta y un pen drive con, presumiblemente, información importante para poder empezar a trabajar a un ritmo de 24/7 desde el primer día de gobierno, la derecha parece ser incapaz de mirar el Estado sin imaginar mejoras en productividad, eficiencia y gestión.

Pero, aunque a la derecha a menudo le gusta pensar que el Estado se puede manejar como una empresa, el Estado no subsiste porque la gente escoge los servicios que este provee. El Estado vive de los impuestos que pagamos todas las personas. Si una empresa es ineficiente en un sistema capitalista competitivo, la empresa desaparecerá. Pero si el Estado es ineficiente en el desempeño de sus funciones, siempre podrá sobrevivir a costa de los impuestos. Cuando el Estado hace las cosas mal, el costo lo pagan los contribuyentes. Cuando el Estado hace bien las cosas, los beneficios los recibimos todos. Pero los incentivos no están puestos para que el Estado haga bien su trabajo. En la medida que el Estado provee muchos servicios de forma monopólica, hay pocos incentivos para que mejoren la eficiencia y la gestión.

Por ese problema de diseño, la derecha capitalista comprensiblemente desconfía del Estado. Es cierto que la derecha entiende que la sociedad no funciona sin una entidad que haga valer el contrato social y el estado de derecho. Como el contrato social necesita que haya una población medianamente educada que tenga acceso a servicios de salud, red de protección social, infraestructura, sistema judicial y mínimas regulaciones del mercado, es inevitable que exista un Estado. Pero para la derecha, la existencia del Estado es un mal necesario, no una realidad que se pueda disfrutar y que genere alegría.

Otro problema que tiene la derecha con el Estado es que los funcionarios públicos no son necesariamente aliados con los que se puede trabajar para avanzar la agenda de prioridades y transformaciones que privilegia la derecha. En las sociedades modernas, y ciertamente en Chile, el Estado emplea a gente que por voluntad o conveniencia quiere trabajar en el sector público. Para muchos, ser un servidor público es una forma de contribuir a la sociedad y ayudar a otros. Para otros, trabajar en el sector público es una forma de tener un empleo estable y relativamente bien remunerado. La seguridad laboral que ofrece el Estado, al menos en Chile, resulta un elemento atractivo que induce a muchos a querer trabajar en el sector público.

La ideología también tiene un rol en la decisión de muchas personas de trabajar en el Estado. Como la izquierda valora más lo público que la derecha, las personas que se identifican ideológicamente con la izquierda tienen más probabilidades de querer trabajar en el Estado que los que valoran el emprendimiento, el capitalismo o tienen más tolerancia al riesgo. Adicionalmente, cuando un país ha tenido más gobiernos de izquierda que de derecha en las últimas décadas, inevitablemente hay una mayor cantidad de funcionarios públicos que se identifican con la izquierda que con la derecha.

Cuando un gobierno de derecha llega al poder, los ministros y otros personeros de confianza del Ejecutivo se encuentran con funcionarios públicos que quieren remar en la dirección opuesta de lo que ha prometido el nuevo gobierno. Para poder ser exitoso, esos funcionarios deben hacer un trabajo cuidadoso -que requiere mucha habilidad política- para convencer a funcionarios que toquen la misma música que quiere tocar el gobierno. Para muchos ministros, la oposición que enfrentarán en su propia cartera será mucho mayor que la que encuentren entre legisladores de oposición en el Congreso.

Nunca es fácil gobernar un territorio donde la mayoría de los habitantes están en tu contra. Cuando la derecha quiere habitar el Estado en su condición de gobierno, a menudo se encuentra con funcionarios hostiles que saben que su propio horizonte de permanencia en sus cargos es muy superior al que tienen los recién llegados. En el peor de los casos, los funcionarios pueden jugar con el paso del tiempo y esperar que se termine el periodo de la fuerza de ocupación derechista.

Por eso, para habitar exitosamente el Estado, el próximo gobierno de derecha deberá demostrar incuestionables habilidades políticas y deberá dejar atrás su propio sesgo ideológico que los hace ver el Estado como parte del problema más que como parte de la solución.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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