El ministro de Hacienda se disculpó con que “a veces, el diablo mete la cola”, a propósito de nuevos errores en la presentación del Informe de Finanzas Públicas al Congreso.  Las cifras exhibidas por la Dirección de Presupuestos (Dipres) no calzaban con las que recibieron los parlamentarios. Pero no es un hecho inédito, la falta de consistencia técnica de Hacienda y de la directora de la Dipres, Javiera Martínez, a quien antes el ministro de Hacienda había defendido como “la mejor directora de Presupuestos que hemos tenido desde el regreso a la democracia”.

Mejor que él mismo, incluso, quien se desempeñó en ese cargo, cuando las cosas se hacían con rigurosidad técnica. Se suponía que Mario Marcel iba a anunciar el miércoles el ajuste para cumplir con la meta fiscal que el mismo Ejecutivo comprometió en enero 2024, de converger a un déficit estructural del -1,1% del PIB (diferencia entre el gasto efectivo y los ingresos probables en el mediano plazo). Pero en vez de anunciar los recortes de gastos para equilibrar las cuentas, cambió la meta, elevando el déficit desde -1,1% del PIB a -1,6%,  además de chutear el cumplimiento al próximo gobierno, que tendrá comprometidos más gastos que recursos disponibles para su financiamiento.

Ya se ha convertido en una broma la famosa Regla de Balance Estructural, que trata de calzar los ingresos estructurales con el gasto efectivo, de manera que cuando el año es mejor, se ahorra, y cuando hay menos ingresos que los previstos, hay déficit fiscal. Pero la experiencia es que, de 16 años en que corre la regla, en 13 hemos tenido déficit fiscal, lo cual significa cubrir la brecha con ahorros o deuda. Para gastar sobre ese equilibrio, sólo en 2009 existió la excusa de la crisis subprime, y en 2020 y 2021 la causa fue la pandemia.

En castellano, nos hemos acostumbrado a gobiernos que gastan más allá de la riqueza del país, lo cual se ha agudizado en esta administración, porque sin emergencia o crisis, ha echado mano al endeudamiento o a los fondos soberanos para cubrir su mayor gasto. En consecuencia, estamos en un nivel de deuda pública superior al 42% del PIB y los dólares en el Fondo Económico Social ya no suman los más de US$20 mil millones que le permitieron a Andrés Velasco enfrentar la crisis subprime, sino que apenas US$3.618 millones.

Y la emergencia la tenemos a las puertas, con la guerra comercial que probablemente golpee los ingresos de Chile, y aquí viene el plato fuerte de la inconsistencia contumaz de Hacienda: proyecta para sus cálculos un crecimiento de la economía del 2,5%, que no creen ni el FMI (2%) ni el Banco Mundial (2,1%).

Pero se ha hecho habitual en la autoridad económica gastar demás proyectando ingresos que no llegan. Por eso, es que el año pasado tampoco cumplió con la meta de déficit fiscal que debía ser de -1,9% del PIB, el que resultó ser de -3,3% (US$2.800 millones más de los proyectados). Nada de rara la mayor brecha, porque en Teatinos 120 se dieron largona con cálculos optimistas. Sobre estimaron los ingresos que generaría la ventana que abrieron para la repatriación de capitales (fue de un 15% del valor estimado) y la Operación Renta 2024 cayó casi un 10%. Además, como se le advirtió, entró menos por la tributación del litio y del tabaco.

Aunque este año suba la meta del déficit, lo probable es que también se incumpla, aseguran los expertos. No sólo por el optimismo de Marcel con el crecimiento económico, sino porque gran parte del ajuste de gasto este año pretende hacerlo no recortando sus desembolsos, sino que aprobando una serie de leyes, que le permitirían mejorar las cuentas.  Una de ellas es cambiar el CAE por el FES, que es una pésima iniciativa para la cual no tiene mayoría para aprobar y resistida por los rectores. Por suerte, porque establece un impuesto a los profesionales y segregará más el sistema universitario, al profundizar el desfinanciamiento de los establecimientos cuyos alumnos estudian con crédito.

Con razón, la candidata más probable para heredar la posta del poder, Evelyn Matthei, señaló que “el Consejo Fiscal Autónomo le recomendó (al gobierno) que tenía que recortar US$1.500 millones y (las podas) van a ser menos de 900 millones, y, además, con proyectos de ley”.

A fines de año, al fragor de las elecciones y de la inestabilidad comercial provocada por Trump, las explicaciones del nuevo gasto excesivo pasarán a segundo plano. Y si le exigen una respuesta, Marcel bien podrá excusarse echándole la culpa al diablo, de nuevo.

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