En la actualidad, la Constitución establece que el voto es obligatorio, pero la extrema izquierda -gobierno incluido- al analizar los resultados de las votaciones, se dio cuenta que cuando el voto era voluntario los favorecidos siempre fueron ellos, pero al mismo tiempo, cuando esas votaciones fueron obligatorias y se sancionaba con multas a los que no votaban, ocurría todo lo contrario; se inclinaban hacia la derecha.
Como las elecciones de octubre son muy relevantes y además se interpretan como un oráculo que predice el comportamiento en las presidenciales, la extrema izquierda, que no goza de las preferencias de la ciudadanía, teme una derrota en las próximas municipales y por lo tanto algo tenían que hacer para evitarlo. Con total descaro intentaron aprobar la burda maniobra de eliminar la multa a quienes no vayan a votar, transformando así el voto obligatorio en voluntario, pues daría los mismo que fuera imperativo sufragar porque no habría sanción alguna por abstenerse de hacerlo.
Como eso no les resultó, alguien muy astuto, inventó un subterfugio idiomático para evitar que los inmigrantes -que mayoritariamente votan por la derecha- se sintieran obligados a ir a votar para no pagar la multa. ¿Qué resquicio inventaron? Cambiaron la palabra electores por ciudadanos, con lo cual, los inmigrantes, que no son ciudadanos chilenos, pero sí electores con derecho a voto, no tendrían sanción alguna si decidieran no votar, transformando así su voto en voluntario.
Y ahora el gobierno, que estaba por apoyar la multa universal, anuncia veto aditivo aplicando multa sólo a los ciudadanos, y lo hace justificándose en que la Constitución dice que la calidad de ciudadano otorga los derechos de sufragio y de optar a cargos de elección popular.
Sin embargo, la Ley 21.524 que modificó la Constitución para restablecer el voto obligatorio y firmada por el Presidente Boric, habla de electores y no de ciudadanos. Dice textualmente:
«El sufragio será obligatorio para los electores en todas las elecciones y plebiscitos, salvo en las elecciones primarias. Una ley orgánica constitucional fijará las multas o sanciones que se aplicarán por el incumplimiento de este deber, los electores que estarán exentos de ellas y el procedimiento para su determinación».
La argumentación del gobierno además omite que los extranjeros avecindados en Chile por más de 5 años forman parte del padrón electoral y que tienen el mismo derecho a voto que los ciudadanos chilenos, por lo que la posición del gobierno no tiene sustento legal alguno. Adicionalmente, desde que volvimos al voto obligatorio, la multa se aplicaba a todos los electores que no sufragaran, fueran chilenos o extranjeros. Cambiar eso ahora es una burda maniobra electoral inaceptable.
Más allá de los tecnicismos y lo que resulte finalmente siendo aprobado en el Congreso la próxima semana, este intento de la extrema izquierda de transformar el voto en voluntario por secretaría es gravísimo, pues implica saltarse la Constitución, donde claramente está consignado que el voto en Chile es obligatorio.
Como si esto fuera poco, la justificación que el diputado Gonzalo Winter expuso en el Congreso sobre esta materia es delirante. Winter dijo que el proyecto al cual le introdujeron sus burdas indicaciones era “antipobres” y lo era porque “lo que quieren es castigar a los pobres por no participar de nuestra fiesta”, como si las elecciones se trataran de un carrete frenteamplista. Y por supuesto, las emprendió contra quienes, según él, concentran la riqueza y en su paroxismo llegó a decir que la culpa de todo era del capitalismo.
Como anexo al tema electoral, no se puede omitir comentar el descaro del PC alegando un posible montaje cuando se desarticuló una célula violentista inserta en la Radio local de Villa Francia, donde se encontraron armas de grueso calibre, municiones y elementos para bombas explosivas. Esta rabieta del PC demuestra que está por la lucha armada, por el uso de la violencia y es capaz de enfrentarse a su propio gobierno por desarmarle una célula que realizaba actos violentos con fines políticos.
La extrema izquierda no tiene vergüenza alguna en saltarse la Constitución; el gobierno pretende avalar un resquicio legal a través de un veto aditivo para intentar que no voten los migrantes, cambiando la ley tres meses antes de la elección y el PC cierra el círculo del descaro armando un escándalo por un operativo policial que desarticuló una célula violentista que actuaba con fines políticos.
Ante estos hechos, sólo cabe reiterar la urgente necesidad de que la oposición actúe unida para derrotar a la extrema izquierda en las próximas elecciones. Si no lo hace, después que no se llore sobre la leche derramada.

Ya han pasado años desde que la extrema izquierda nos infiltra en la cabeza la tolerancia y la no-discriminacion respecto de los inmigrantes -asunto en que han contado con el «socialismo demócrata» como apoyo o al menos como tapada- y ahora la discriminación hace nata en sus «cuadros». Esto va de mal en peor. Frente a todas la hipocresías acumuladas uno se pregunta cómo al menos salvar los muebles.