Entre los numerosos eventos singulares en nuestro convulsionado mundo en las últimas semanas, quisiera destacar el cambio de gobierno inglés en sólo ocho horas. Y desde signos (no polos) opuestos: de Conservador a Socialista. ¿Existirán mejores ejemplos de una forma tan civilizada y eficiente de cambio de mando? ¿Cómo lo logran? ¿No podríamos intentar avanzar hacia eso en Chile?
Comencemos por resaltar los inconvenientes y costos que genera en cualquier sociedad tener un periodo tan largo de incertidumbre y suspensión de actividades (inversiones, proyectos, estudios, etc.) entre que termina un gobierno y que se inicie el siguiente.
En Chile transcurren tres meses, pero la incertidumbre se instala mucho antes y se extiende después. En ese periodo se paralizan muchas iniciativas esperando saber qué espacio le darán las nuevas autoridades. Si suponemos que se pierde un punto de crecimiento económico en cada transición, entonces hemos perdido ocho puntos del PIB desde el retorno a la democracia. Nuestro ingreso per cápita podría haber sido 16.600 dólares hoy en vez de los 14.400 que calcula el Banco Mundial. La pérdida debe ser mucho mayor si se agrega el lamentable afán de todo gobierno y autoridad nueva de reemplazar casi todo lo hecho antes e intentar empezar de nuevo desde cero.
Lo que permite a los británicos cambiar de gobierno en sólo ocho horas son dos instituciones notables. La primera es un Servicio Civil profesional. Es decir, funcionarios públicos de alto nivel, comenzando por el que sigue en jerarquía al ministro de cada cartera o departamento. O sea, allá el Primer Ministro elige a sus ministros pero no a los subsecretarios. Estos son profesionales de la administración pública que han ascendido a ese nivel por sus conocimientos, méritos propios, competencias y experiencia. No son nombramientos políticos. Allá los ministros entrantes no reemplazan a ni un solo funcionario de planta, ni llegan con decenas o centenares de asesores. Los que allí están son generalmente los que más saben de las materias que les corresponden.
No me hago ilusiones de que podamos imitar este ejemplo inglés dentro de plazos razonables. Pero ciertamente podemos dar pasos en esa dirección. Pero la otra institución admirable que permite transiciones rápidas y eficientes, incluso entre gobiernos de signos políticos opuestos, es la del “gabinete en la sombra”.
Se denomina así al conjunto de personas del o de los partidos de oposición que están nombrados de antemano por el candidato a Primer Ministro (PM) para asumir como ministros futuros cuando cambie el gobierno. Ellos están listos y preparados para asumir el ministerio que le corresponda desde el día que entra un nuevo PM. Estos “ministros en la sombra”, trabajan y son reconocidos como tales mientras están siendo oposición. Ejercen además como el vocero principal del candidato a PM y del partido o alianza de oposición en su materia propia, como política exterior, hacienda, trabajo, desarrollo social, etc.
Esta no es una práctica establecida por una ley, ni es algo obligatorio para los ingleses. Es una costumbre mantenida por haber resultado conveniente. Así, perfectamente podría decidir adoptarla un futuro candidato o candidata presidencial chilena. Considero que tiene varias ventajas que paso a explicitar.
Primero, en los tiempos actuales de alta velocidad de cambios de diversas índoles, los gobiernos no tienen mucho tiempo al inicio de sus períodos para afinar sus políticas; deben aprovechar rápido su breve “luna de miel”. Entonces cada ministro debe llegar mucho más preparado para poner en práctica las medidas con que propone mejorar el desempeño del país en su área, desde su primer día. Para esto no basta que el ministro que llegue haya participado en el equipo que redactó el Programa de Gobierno del candidato ganador. Tiene que sentirse desde bastante antes con la responsabilidad específica y personal de sacar adelante lo propuesto. Esta es la ventaja del ministro en la sombra: sabe que le corresponderá “tocar la guitarra”, o que no bastará con ideas atractivas para los votantes antes de la elección.
Una segunda ventaja, es que suelen dar más confianza las personas que están detrás de algo más que las palabras o textos escritos de un Programa de gobierno. Mejor todavía es cuando ambos aspectos se complementan. Y peor es cuando se contradicen. En la experiencia reciente chilena, nos habríamos ahorrado bastante incertidumbre económica si se hubiera sabido con meses de antelación que Marcel iba a ser el Ministro de Hacienda de Boric.
Una tercera ventaja es que con unos ocho ministros claves ejerciendo en la sombra seis meses antes de la fecha de la elección, los ciudadanos o electores probablemente van a decidir más informadamente por qué candidato presidencial votar. En otras palabras, es posible que se vote menos por razones emocionales, por cosas circunstanciales o por motivos solamente ideológicos. Todo esto mejoraría el desempeño y la valoración de la democracia.
Una cuarta ventaja de esta sencilla práctica para mejorar nuestro sistema de gobernarnos, es que permite al candidato a Presidente probar su futuro equipo de gobierno. No sólo podría apreciar cómo se desempeña individualmente la persona que elija para cada cartera, sino también cómo se entiende él con ella, y ésta con cada uno de los demás ministros, con los periodistas y otros actores claves. También la confianza que genere en la opinión pública. Todos estos son factores claves para el buen desempeño de un equipo de gobierno.
Mucho que aprender sobre cómo mejorar nuestro sistema político y de gobierno para retomar una senda de prosperidad y desarrollo humano.

Los países maduros pueden evolucionar en dirección a semejante institucionalidad. Y aun así vemos grados de madurez, algo confirmado en el caso de EE.UU. EL «Sur global» está lejos de ello.