Estas últimas semanas nos hemos sorprendido con las declaraciones que distinguen entre una toma “pacífica” y una “violenta”. Esta distinción es curiosa, ya que no hay toma posible, que sea pacífica. Toda toma por esencia implica usurpar algo ajeno contra la voluntad del dueño. Si bien puede ser que las personas lleguen a instalarse sin que el dueño tenga conocimiento, por tanto, según esta visión, pacíficamente; cuando el dueño se entera puede usar la “justa violencia física” para expulsar de sus tierras, casa, fábrica, lo que sea a los usurpadores. Sin esta posibilidad real, la propiedad privada queda sin valor. Ahí está la clave para comprender esta polémica que no es semántica, es real. 

La corriente marxista y sus derivadas sueñan con la visión colectivista, el comunismo es el sueño, no creen en la propiedad privada y como dice el propio Rousseau en El Contrato Social, ésta es “el origen de todos los males” porque genera la desigualdad. Es Rousseau quien será la base de todo socialismo. No hay un Marx sin Rousseau. Marx es además un materialista, lo que hace que la igualdad soñada no sea una ante Dios, ni ante la ley, sino material. Es por eso que buscan un modo, desde eufemismos como la “justicia social” de legalizar el robo. La usurpación para ellos es visto como un derecho que se sustenta desde el robo a otros para lograr asegurar la igualdad material, la redistribución. Ellos justifican algo injustificable (el robo) para lograr su fin, que no haya ricos.

Cuando uno ve donde se ha aplicado el marxismo constata que lo que han hecho no es mejorar la vida de las personas, sino empeorarla, nivelar hacia abajo. Han encontrado una forma perfecta para multiplicar la pobreza y asegurar la riqueza de sus elites. Siempre ha sido así, no una vez, sino que muchas. Hoy levantan banderas y credenciales democráticas, cosa que nunca han tenido. Son precisamente lo contrario a la democracia. No creen en las libertades individuales ya que su colectivismo se manifiesta en un estatismo mesiánico que necesita anular las disidencias del pensar para poder ser. Son totalitarios, no sólo no permiten la propiedad privada, sino que para lograr la igualdad sueñan con reglamentar y dirigir la vida de las personas en todas sus dimensiones, lo que atenta contra lo más sagrado del ser humano la libertad. Sin libertad, no hay democracia.

Sin derechos individuales, no hay democracia, Sin Estado de Derecho e imperio de la ley que asegure la única igualdad posible, la ante la ley, no hay democracia. Sin propiedad privada, no hay democracia.

La propiedad privada es el fruto del trabajo personal y es la expresión del esfuerzo individual. Por eso es sagrada, debe serlo, ya que parte del ser individual se expresa en lo hecho y logrado en la vida. Es de inmensa justicia, ya que la justicia es darle a cada uno lo que es de propio suyo y no lo mismo. El mayor esfuerzo, la mayor capacidad se debe ver reflejado en lo logrado. Esa es la base de comprender que toda persona es única, un mundo en sí mismo, y que dotada de su libertad, escribe su propia historia. La justicia es individual, no social, ya que la sociedad es un constructo, un concepto para explicar algo muy complejo, la realidad tiene rostros, historias e individuos, no generalizaciones. Es por esto que justificar vicios, “pecados” como el robo con generalizaciones es un error conceptual y algo perverso. Robar es siempre malo, sin duda. Usurpar es robar, por lo que es siempre malo. Debilitar el derecho de propiedad no dando herramientas a los dueños para expulsar a quienes ocupan siempre violentamente un terreno, casa, fábrica o lo que sea es algo ideológico. Quienes no creen en la propiedad siempre buscarán formas para debilitarla y poder legitimar el robo.

Por eso, frente a esta discusión lo claro es que no puede haber toma no violenta y ciertamente algunos quieren justificar debilitar la propiedad privada por conveniencia. No creen en la propiedad privada, excepto en la propia, por supuesto. El marxismo y derivadas han servido en la historia para que la élite que los dirige se apropie de lo ajeno y lucre para el beneficio personal. Ha sucedido antes, sucede ahora. Pregúntele a los involucrados del caso “fundaciones”. Es hora de comprender de una vez por todas qué mueve a ciertos políticos para justificar lo injustificable, para distinguir tomas pacificas de violentas. Es como el cuento de Chesterton “el asesino moderado”. ¿Se puede ser un asesino que mata suavemente? Matar es matar y “killing me softly” no sirve… es matar.

Usurpar, aunque se entre por la puerta, es robar y si creemos en la propiedad, se debe poder expulsar con la fuerza de la ley y el orden a quien usurpa y ese delito debe pagar con cárcel.

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