democracia

La gota que habría rebalsado el vaso de la mala opinión de una mayoría de los chilenos sobre el gobierno FA-PC-PS y del Presidente Boric pudo haber sido el intento por parte de casi todos los diputados de la coalición que lo apoyan de modificar un aspecto central de la democracia como es el voto en igualdad de condiciones por parte de todos, con un objetivo propio y específico de alcanzar mejores resultados para ellos en la elección. Eso debe decirse claro: fue un intento de cambiar las reglas del juego electorales democráticas para que votaran menos extranjeros avecindados en el país, quienes según todas las encuestas favorecen mucho menos a los candidatos del gobierno. Así entonces, tendrían más chances de ganar o perder por menos. ¿Cómo se llama ese tipo de conducta?

Celebro que el Presidente haya enviado el veto para corregir en parte ese grave error (por llamarlo de manera neutra), no obstante que muchos consideren que la sustancial rebaja de la multa por no votar todavía debilita la democracia. Digo “en parte”, porque está por verse cuánto repercutirá esta rebaja en la concurrencia a votar, y ciertamente esa rebaja fue una concesión del Presidente a los diputados de su coalición que habían votado casi todos por eliminar la multa para los extranjeros.

Estimo que el tema merece todavía ser reflexionado en profundidad por su carácter ético o lo que revela sobre una parte tan importante de nuestros dirigentes y autoridades políticas (ver Briones, El Líbero, 21-7-2024) y por no ser un caso aislado, sino otro más que se suma a otras conductas similares anteriores.

En efecto, esa disposición se intentó pasar entremedio de un proyecto de ley con un objetivo distinto para favorecerse a sí mismos electoralmente. Fue votado así por 54 diputados del oficialismo (64 con los pareados): todos los del FA y el PC, y casi todos los PS; PPD; DC y PR, excepto tres o cuatro honrosas excepciones. Esto me sigue pareciendo muy preocupante; ¿cuánto se puede confiar en que los parlamentarios legislan con vistas al interés general del país o del bien común y no en favor de lo que les conviene a ellos? Debo reconocer que esta conducta no me sorprende en el Partido Comunista: está en su historia (¿sus genes?), no sólo en los países europeos del Este después de la Segunda Guerra, sino en China, Cuba y Venezuela. Pero, ¿qué pasa en el resto de los partidos de izquierda? ¿Y qué revela en particular del Frente Amplio y sus dirigentes?

El Frente Amplio representó a muchos jóvenes que aspiraban a mejorar la política. Recordemos que una de las consignas centrales de los protestantes universitarios que le dio origen fue “el fin del lucro”. Una consigna ética esgrimida por unos jóvenes que se sentían moralmente superiores o muy por encima de esos explotadores que lucraban. Un lema que galvanizó al país por un buen tiempo y que estuvo en la base de una reforma educacional que cada vez más chilenos consideran nefasta. Lema que, además, probablemente, ha contribuido mucho al estancamiento actual de la economía y al poco crecimiento del empleo que tanto nos afecta.

De la denuncia del lucro por el “aprovechamiento de empresarios y sostenedores de escuelas para ganar plata”, intentaron pasar ellos en el FA “al aprovechamiento del Estado y de su poder en él para conseguir votos para sus intereses privados personales”, incluyendo sus cargos públicos de parlamentarios, y ahora de alcaldes, gobernadores y concejales. Eso es lo que representaba la trampa sobre el voto obligatorio sin multa (o sea, voluntario) para los extranjeros.

El problema adicional es que esto se suma a muchas otras conductas de una ética muy dudosa, mucho ocultamiento y poca diligencia activa para aclarar, sancionar y corregir para que nunca más.

Por ejemplo, qué pasó con la investigación y las sanciones por la fallida compra de la clínica de la alcaldesa Hassler de Santiago y, sobre todo, con las fundaciones y los fondos públicos que mal usaron para ganar votos y cargos, y que no han devuelto. Qué pasó con la diputada Catalina Pérez. Qué pasó con el robo de la caja fuerte del ministerio que dirigía el ministro Jackson donde habrían estado las garantías de las fundaciones; cuántos sancionados o detenidos hay por ese caso vergonzoso.

Los diputados oficialistas, aliados sin duda con bastantes en el Poder Ejecutivo, intentaron además hacer el cambio en las reglas electorales en momentos que la preocupación de la gente está centrada en otros temas que les afectan mucho y muy directamente, como la seguridad pública, alzas de servicios básicos y el empleo. Estas inquietudes tan grandes hacen que esa amenaza a la democracia parezca distante y poco relevante para la mayoría de la población.

La decisión final del Presidente Boric a través del veto presidencial correctivo, además de mostrar sus convicciones democráticas, puede ser lo que salve su carrera política en una mirada histórica. Bien por él y por el país. Aquí tuvo que jugársela él: no habría podido echarle la culpa a un jefe de gabinete ni a un seremi como con las fundaciones.

Muy preocupantes las conductas de los partidos de izquierda en el Parlamento en lo que se refiere a cuidar la democracia. Pero todavía hay esperanzas en la sensatez de algunos nuestros principales dirigentes políticos.

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