En las cuatro semanas que restan para que se produzca el cambio de mando en Chile, la impaciencia puede jugarle una mala pasada al gobierno entrante. Precisamente porque la administración Kast quiere demostrar una ética del trabajo y del respeto a las tradiciones e instituciones que subraye profundas diferencias con el gobierno saliente, el gobierno entrante debe controlar la ansiedad. Hasta el 11 de marzo de 2026, aunque ya no tenga ni poder político ni capacidad para hacer mucho, el Presidente de la República seguirá siendo Gabriel Boric.
Hace cuatro años, Boric asumió el poder en medio del fervor constituyente. La Convención Constitucional acaparaba la atención de un país que ya comenzaba a arrepentirse de la decisión de iniciar un proceso constituyente que había tomado mayoritariamente en octubre de 2020. Pero embriagado por su victoria electoral de diciembre de 2021, y olvidando que una mayoría lo había respaldado simplemente porque lo consideraba el mal menor, Boric cayó víctima de la ansiedad asociada a la toma de posesión y olvidó que el país necesita una administración que solucione problemas concretos y pueda hacerse cargo, desde el primer día del gobierno, de pilotear un avión que ya está en vuelo.
En vez de dedicar las semanas anteriores a la toma de posesión a afinar los planes y detalles de lo que sería su gobierno, el gabinete nombrado por Boric se dedicó a hacer cualquier cosa menos a planificar cuidadosamente las primeras semanas. Es incomprensible, por ejemplo, que el equipo de gobierno no haya preparado de forma más cuidadosa el primer viaje de la entonces ministra del Interior, Izkia Siches, a la Región de la Araucanía. La improvisación de ese viaje y el evidente voluntarismo, combinado con un buenismo progresista simplón, representaron una primera señal de desprolijidad e improvisación que fueron muy dañinas para el gobierno. Si el equipo de Boric se hubiera dedicado a evaluar los riesgos y oportunidades asociados a esa gira, no habría tenido que pagar los costos del vergonzoso papelón que significó esa primera puesta en escena de lo que sería un gobierno repleto de errores no forzados, improvisaciones y torpes voluntarismos.
El gobierno del Presidente Kast inevitablemente será comparado con la administración que le precedió. Por eso, el equipo deberá demostrar, desde el día uno, que no está improvisando ni dejándose llevar por irresponsables voluntarismos. Precisamente porque Kast ha dado señales de que su gobierno será radicalmente distinto al que dirigió Boric, no va a bastar que en el nuevo equipo de gobierno abunden las corbatas y la pulcritud. La gente quiere ver que el nuevo gobierno no improvisa ni se deja llevar por un voluntarismo infantil que cree que basta con querer algo para que ese algo se haga realidad.
Ahora que el Presidente electo ya ha presentado en público a casi todo su equipo de gobierno, las cuatro semanas que restan para el cambio de mando deben ser cuidadosamente aprovechadas. Hay que preparar la forma en que el gobierno buscará transformar sus promesas en realidades concretas y políticas públicas conducentes a retomar el sendero de crecimiento y desarrollo. El gobierno debe tener una hoja de ruta detallada y clara que permita minimizar los errores no forzados y que de certezas al país de que el nuevo equipo sabe cómo gobernar. Después de cuatro años de improvisaciones, errores no forzados y desprolijidades inaceptables, la gente no tendrá paciencia con un gobierno cuya plataforma de campaña se basó en la eficiencia, disciplina, y capacidad.
En cuatro semanas, los problemas del país serán responsabilidad del nuevo gobierno. Precisamente porque el gobierno saliente utilizó tantas veces la estrategia de culpar al gobierno anterior por los problemas, utilizar la excusa de que las cosas no funcionan por responsabilidad de los que estaban antes —aunque haya algo de cierto en ese argumento—no será suficiente para satisfacer la molestia y el descontento. La población quiere que los problemas se solucionen y rechaza a autoridades que se dedican a culpar a las administraciones anterior por las fallas, errores o incapacidades.
Aunque una buena parte del país está de vacaciones de verano en febrero, todos sabemos que, más temprano que tarde, siempre se aparece marzo. La luna de miel del nuevo gobierno será especialmente corta, porque la gente está cansada de la administración saliente que se quedó sin gasolina mucho antes de que se terminara el periodo. Precisamente porque el equipo de Kast convirtió la eficiencia, la disciplina y la capacidad de hacer las cosas bien, sin improvisaciones ni errores no forzados, estas cuatro semanas serán claves para que, desde el 11 de marzo, demuestre que su principal diferencia con la administración anterior es que los nuevos equipos están bien calificados para sus cargos. Más que un gobierno de emergencia, la gente simplemente espera un gobierno que sepa cuál es su trabajo y que sea capaz de llevar el barco a buen puerto.
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