sintiente

Sorpresa causó la indicación a la ley de pesca presentada por el diputado Jorge Brito (FA) para que el Estado establezca “los mecanismos necesarios para garantizar el correcto manejo de los recursos hidrobiológicos sintientes en la pesca industrial”. Propuso definir a los animales sintientes como aquellos “capaces de tener experiencias y reaccionar a estímulos externos de manera consciente”, por lo que deberían estar sujetos a “consideración moral y respeto”. A su vez, la representante de la Fundación Veg señaló, con voz conmovida, que “cada uno de esos peces es un individuo con su propia personalidad, pensamientos, intereses y memoria”, agregando que “hay peces tímidos y atrevidos. Existen peces que han aprendido a jugar fútbol, hacer trucos y utilizar herramientas”, lo que generó hilarantes memes.

El concepto de «seres sintientes» se refiere a aquellos seres vivos que tienen la capacidad de experimentar sensaciones y emociones, como dolor o placer, para lo cual requieren poseer un sistema nervioso suficientemente desarrollado para procesar estas experiencias. Esto no es lo mismo que decir que tienen “conciencia de sí mismo”, es decir, “estar al corriente del mundo circundante, tener subjetividad y un sentido de identidad propia” (Mario Waissbluth), aspectos que, a modo de ejemplo, aún no posee un recién nacido, y no por eso dejamos de protegerlo. Los seres sintientes pueden tener intereses y necesidades propias que merecen consideración ética, sin que por eso los consideremos de igual manera que a un ser humano.

En este contexto, llama mucho la atención las declaraciones de la exdelegada presidencial, Constanza Martínez, cuando aseguró en Mesa Central que el feto humano “no es sintiente”. Debemos convenir que determinar cuándo un feto humano comienza a sentir es algo complejo y controvertido, tanto desde el punto de vista científico como ético. La evidencia científica actual sugiere que el sistema nervioso fetal comienza a desarrollarse en las primeras semanas del embarazo; alrededor de la semana 8 de gestación, los rudimentos del cerebro y la médula espinal ya están presentes, aunque las conexiones nerviosas necesarias para sentir dolor comienzan a formarse alrededor de la semana 23 de gestación.

El determinar en qué etapa del desarrollo el feto puede experimentar la sensación subjetiva de dolor (y no la mera respuesta a estímulos físico-químicos), no resuelve para nada la consideración moral que merece un feto humano, en las distintas etapas del desarrollo intrauterino, aspecto que Martínez soslaya deliberadamente. Porque si todo se trata de la experiencia de “dolor”, bastaría con anestesiar al feto antes de abortarlo, para que desaparezca cualquiera controversia.

Docente-Investigadora en Bioética, Universidad del Desarrollo

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