17 de Enero  de 2021/SANTIAGO Altas temperaturas se registraron durante en la tarde en la capital FOTO: KARIN POZO/ AGENCIAUNO

Siempre me ha parecido notable el comienzo de Grandes Esperanzas de Dickens. Pip, de pronto, como un hecho maravilloso y mágico, cae en la cuenta de que él es él. Lo hace, es cierto, en medio de un cementerio, de noche, apunto de ser amenazado de muerte por un delincuente prófugo de la justicia (¿qué diablos estaba haciendo ahí?). Lo importante es, sin embargo, y para efectos de nuestros desafíos culturales, que Pip se da cuenta de su propia personalidad. Por así decir, se mira al espejo –del alma– y descubre que él es un yo.

Si hay algún consenso en estos tiempos turbulentos, es que el individualismo es algo dañino. La pandemia nos ha ayudado a tomar consciencia de nuestra naturaleza social (aunque sea desde un punto de vista meramente instrumental). Se critica a aquellos que solo buscan su propio bienestar a costa de los demás, como lo hacen los empresarios que exprimen a sus trabajadores a fin de aumentar sus ganancias o como también lo hacen los jóvenes que se trasladan al litoral central a pasarlo bien sin distancia social. La cultura individualista es algo que, sin duda, debemos superar.

Pero el rechazo al individualismo también puede ser ideológico si este supone dejar de mirar por completo al individuo y olvidar su riqueza. En algún sentido, la persona es una parte del todo… pero, a su vez, la persona es un fin en sí mismo. La crítica al individualismo, así, no nos debe llevar a un colectivismo que pasa por alto la dignidad humana (más aún cuando ese colectivismo, como se propone hoy día, es sinónimo de estatismo). El problema, sin embargo, es que poco a poco hemos ido olvidando la relevancia de la dignidad humana, porque hemos también olvidado su fundamento. Así, por ejemplo, no es extraño escuchar reclamos en favor de la dignidad que van acompañados de funas o, incluso, de violencia en contra de los “enemigos” (que se nos olvida que también son personas).

Muchos de nuestros desafíos culturales suponen aceptar (o volver a) lo obvio, y este caso no es la excepción. En este sentido, debemos tomar consciencia –como lo hizo Pip consigo mismo– de que todos somos personas… es decir, de que todos somos valiosos por el hecho de ser tales, de que cada uno de nosotros es único e irrepetible, y de que esta especial singularidad exige un reconocimiento social que es nuestra dignidad. Muchos de los vicios de nuestra época, como el poco valor que le damos a la amistad, el tedio en que permanentemente estamos sumidos, la obsesión por la tecnología, se deben –en cierto modo– a que olvidamos que todos somos un “alguien” que tiene una riqueza inagotable por reconocer (y comunicar).

Si verdaderamente creyéramos esto, es decir, que cada uno es un tesoro por descubrir (y por donarse a los demás), muy diverso sería el panorama actual. Muchos debates contemporáneos serían abordados de distinto modo, como la eutanasia que termina directamente con la vida de una persona que sufre. El reto es, en consecuencia, salir de nosotros mismos, pero no para perdernos en la masa, sino para poder valorar con más perspectiva la riqueza propia y de los demás (de cada uno).

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1 Comment

  1. No hay duda que el individualismo existe hasta en los mas insospechados lideres mundiales (Trump era uno de ellos), qué decir entonces en las personas comunes. El individualismo en la Derecha es notorio pues los de la Derecha se preocupan mucho (casi totalmente) con reunir fortunas para ellos y sus familias y cada vez mas dinero a través de sus negocios. El egoísmo individualista es palpable y gritante. Ya en la izquierda es mas escondido; pero existe igual, aunque de un modo insospechado (por lo menos poco visible). El egoísmo de los Marxistas se ve claramente en Cuba (y en todos los países que ocupan). Aqui los comunistas desayunan de mañana con ´´pan con mantequilla´´ mientras los demás cubanos ´´pan de segunda´´ puro o yuta (aipin) con café aguado. El individualismo de la classe comunista gobernante los hace comer de lo bueno y lo mejor (preocupandose en satifazerse solo ellos) mientras el pueblo pasa hambre ,porque no hay comida en Cuba (excepto para los turistas y los comunistas) . La mayoria de la clase gobernante son privilegiados porque el pan es de primera hecho solo para ellos y tienen canasta básica (los Trabajadores no tienen tal privilegio). El individualismo marxista hace que los comunistas no acumulen fortunas monetarias pero ´´acumulan´´ buena vida, comiendo y bebiendo bien, ellos y sus familias. Ellos dicen que merecen lo que usufruen pues trabajan mucho : y los demás no ?. Muestran como no solo son individualistas sino que los mayores EGOÍSTAS del Planeta. Como siempre, los Trabajadores pagamos el pato…. DEMOKRATIS. (Socialismo Democratico).

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