La semana pasada fuimos testigos de algunas buenas y de otras malas noticias relacionadas con el COVID-19 en Chile. Partamos por las buenas. Diversos medios destacaron un estudio publicado en la prestigiosa revista The Lancet, que muestra que Chile fue el país de Sudamérica con la menor tasa de mortalidad durante la pandemia en 2020 y 2021. En Chile hubo, incluso, una menor mortalidad que la de países desarrollados como Alemania, Francia y Estados Unidos. Más allá de rankings o reconocimientos internacionales, esta importante publicación nos confirma que gracias al esfuerzo de todos se salvaron las vidas de decenas de miles de personas en nuestro país.
Otra buena noticia fue que el 30 de marzo la disminución de casos llegó a su mayor velocidad en toda la pandemia. Nunca los contagios habían caído tan rápido como en la última semana, la que tuvo un 40% menos de casos que la anterior. Mientras en Europa los países continúan enfrentando rebrotes asociados a la subvariante BA.2 de Omicron, en Chile continúa la sólida disminución de contagios que comenzó en febrero, a pesar de que la subvariante BA.2 ya está confirmada en nuestro país desde el 16 de febrero.
Para lograr estos resultados ha sido clave el comportamiento responsable de las personas y el masivo cumplimiento de la campaña de vacunación contra el COVID-19. Sin embargo, en estos dos puntos que han sido centrales para nuestro éxito es donde también vemos algunas señales preocupantes. En primer lugar, la percepción de riesgo ha caído fuertemente en las últimas semanas. Según la encuesta Pulso Ciudadano, el porcentaje de personas “muy preocupadas/preocupadas” por el coronavirus en Chile cayó desde 67% a 49% entre febrero y marzo. Mismo resultado muestra la encuesta Cadem, que reporta una caída de 56% a 29% en las personas con “mucha o bastante preocupación” por el coronavirus entre febrero y marzo. En ambas encuestas, la percepción de riesgo se encuentra en el nivel más bajo de toda la pandemia.
Al observar cómo ha disminuido la percepción de riesgo, es aún más evidente el error que cometió el Gobierno al suspender por varias semanas los balances televisados sobre la pandemia, que fue una de las primeras medidas anunciadas por las nuevas autoridades del Ministerio de Salud. Estos balances cumplieron un rol crucial durante 2 años, siendo una de las mayores fuentes de educación e información para la ciudadanía, además de un importante espacio para responder abiertamente las preguntas y cuestionamientos de la prensa. Esperemos que el Ministerio de Salud cumpla su anuncio de retomar este canal de comunicaciones.
En segundo lugar, y en línea con la noticia anterior, el ritmo de vacunación en Chile está cayendo a los niveles más bajos desde el comienzo de la campaña masiva. Entre el 23 y el 30 de marzo se vacunó en promedio a 49 mil personas por día, lo que equivale a una caída del 41% con respecto a la primera semana de marzo. De continuar la tendencia, el ritmo de vacunación caerá bajo las 46 mil personas por día que fue reportado a finales de julio de 2021, la semana de más baja vacunación desde el comienzo de la campaña. Según cifras del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del MINSAL, Chile cuenta con más de 1,6 millones de adultos con el esquema completo de vacunación (2 dosis o dosis única) que aún no reciben su dosis de refuerzo. Bajo el ritmo actual de vacunación de dosis de refuerzo (17 mil dosis por día) tardaremos más de 3 meses en vacunar a estas personas rezagadas. Además, más de 1,3 millones de adultos mayores de 60 años no han recibido aún su cuarta dosis. Urge reimpulsar la vacunación.
Aunque todos lo deseemos, la pandemia del COVID-19 aún no ha terminado. Para derrotar la pandemia necesitamos seguir vacunándonos, y para lograr altos niveles de inmunización necesitamos más y mejores instancias de comunicación, no menos.
*Pablo Eguiguren es economista.
