socialdemocracia

En su más reciente columna “El imposible arte de concretar la utopía”, Roberto Ampuero, luego de constatar que el Presidente Boric no dispone de un referente de izquierda al que ceñirse -un modelo de desarrollo mínimamente viable surgido desde ese lado del espectro ideológico-, concluye que el único giro sensato que le queda al gobernante es “abrazar de forma genuina y definitiva a la socialdemocracia”.

En estricto rigor, el Gobierno ha ido experimentando una transformación de ese tipo prácticamente desde sus inicios. La designación de Mario Marcel en el ministerio de Hacienda fue una clara señal en ese sentido, aunque mitigada por el nombramiento de otros personeros frenteamplistas en el gabinete -donde sobresalía el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales José Miguel Ahumada.

Luego de la holgada victoria del Rechazo en el plebiscito de septiembre pasado el proceso se aceleró con el cambio de gabinete que le sobrevino casi de inmediato. El Socialismo Democrático que entonces tomó las riendas del Gobierno, desplazando a las fuerzas de Apruebo Dignidad, ha ido paulatinamente imponiendo un sello que aleja nítidamente a la administración de Boric de los impulsos refundacionales que animan a la así llamada nueva izquierda.

El trío de ministros Tohá, Marcel y Uriarte bien pudo haber ejercido con propiedad en algún gobierno de la Concertación -posiblemente la expresión más virtuosa de la socialdemocracia en esta parte del mundo-. La inesperada aprobación del TPP 11 y el no menos sorprendente superávit fiscal del año 2022 se constituyeron en una clara evidencia que el gobierno del Presidente Boric había mutado hacia un mandato de muy distinta índole de aquel que era presumible cuando su gobierno se cuadraba firmemente con el Apruebo en sus primeros meses al mando de la nación.

Los sucesivos cambios en el gabinete, sobre todo en las carteras de Justicia y Relaciones Exteriores, consolidaron inequívocamente la mutación. Con Van Klaveren se repite lo del trío de ministros antes referido: también él habría ejercido con prestancia el más alto cargo de la Cancillería en alguna administración concertacionista. La salida del subsecretario Ahumada, e incluso el traslado de Claudia Sanhueza desde la subsecretaría de Hacienda al puesto que ocupaba el primero, se pueden entender en ese incontenible movimiento mutatis mutandis.

A poco más de un año de asumido podríamos decir que en sus fundamentos centrales estamos en presencia de un Gobierno que desarrolla ahora una estrategia política más bien socialdemócrata, si no fuera por un convidado de piedra que se ha hecho presente en el escenario con inusitada violencia y desparpajo: la peor delincuencia que el país haya conocido en su historia.

Inadvertidamente, más que en el plano económico, es en ese espinoso campo donde han aflorado con intensidad las dos almas del gobierno. Pero igualmente que en el primero se terminará imponiendo el alma del Socialismo Democrático -otra cosa sería un suicidio político-, que sabe bien que el populismo está a la vuelta de la esquina si no se enfrenta a la delincuencia decididamente, con todas las armas, las de la policía y las Fuerzas Armadas, que brinda el Estado de Derecho para proteger a los chilenos de la violencia delincuencial.

La metamorfosis del gobierno no resulta fácil de asimilar para la nueva izquierda y también, hay que decirlo, para sus opositores. En política, un campo donde las convicciones y los simbolismos ocupan siempre un lugar central, nunca será trivial deshacer el camino por el cual se ha enrumbado -en este caso el del texto refundacional de la Convención Constitucional-.

La profunda rectificación que ha estado implementando el Presidente Boric a partir del Rechazo de septiembre pasado, es una buena noticia que ha de aquilatarse en toda su dimensión, sobre todo por la amplitud de la misma, que ha terminado rebalanceando el peso de las coaliciones en el seno del Gobierno, un desplazamiento tectónico que supondría grandes riesgos políticos incluso para un gobernante experimentado.

Alan García, el Presidente peruano que gobernó en dos ocasiones, “abrazó la socialdemocracia” durante su segundo gobierno, veinte años después del primero. El Presidente Boric lo está haciendo, en la medida de sus posibilidades, cuando todavía no se ha cumplido el primer tercio de su mandato. No es poca cosa, ni es una experiencia por la que haya pasado el sistema político chileno en los tiempos modernos. Nunca más oportuno el llamado de la Enade que se celebra hoy, Concordia Discors (la Conexión de la Divergencia), a la que asistirá por primera vez Gabriel Boric en su calidad de gobernante.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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