La reciente nota técnica emitida por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte de un mercado laboral aún marcado por la alta desocupación en América Latina. La organización también observa un fuerte predominio de las ocupaciones informales, que sitúa alrededor del 70% de los empleos creados desde mediados de 2020 hasta el primer trimestre de 2021. Y en el caso de las mujeres es aún peor. Según la OIT, se registró la más baja tasa de participación económica femenina en los últimos 15 años. En el caso particular de Chile, se estima que dicha tasa ha retrocedido en una década.
Uno de los motivos que explican estos datos, es que la pandemia ha afectado con más fuerza a los sectores económicos con mayor participación de mujeres, como el turismo, la industria de manufactura, el comercio y el trabajo doméstico. Otro factor tremendamente relevante, y que ha sido abordado en profundidad por el Banco Central de Chile, es la carga extra de trabajo de cuidados que deben asumir las mujeres. Muchas debieron dejar sus trabajos para hacerse cargo de actividades no remuneradas, como el cuidado de niños, enfermos y adultos mayores. A ello contribuyó el cierre de los establecimientos educacionales y la necesidad de tener clases remotas desde los hogares.
¿Cómo hacemos frente a esta realidad en Chile? En REDMAD creemos que es crucial el desarrollo de políticas públicas destinadas a impulsar las áreas de servicio o industria, y no solo la infraestructura (que es un área de mayor presencia masculina). Además, es necesario incentivar y acelerar la contratación de mujeres. Y, por supuesto, que debemos ocuparnos de cómo contribuir con los cuidados de niños y mayores. En este sentido, se deberían encontrar acuerdos políticos para sacar adelante el proyecto de Sala Cuna Universal, que duerme desde hace tres años en el Congreso, y que permitiría a muchas mujeres salir sin preocupaciones familiares al mercado laboral. Este proyecto establece cambios muy importantes ya que cubre a todos los trabajadores que sean padres o madres (sin necesidad de que estos sean los tutores de sus hijos) y reduciendo el requisito de 20 a 10 trabajadores. También deben encontrarse las maneras de promover la apertura segura de más colegios y jardines infantiles.
Hay otro tema en el que pueden colaborar los distintos sectores productivos, y cuyo foco no está solo centrado en mujeres. Se trata de avanzar en prácticas efectivas de corresponsabilidad. Desde la perspectiva de las políticas públicas, deberíamos avanzar, por ejemplo, en posnatal para hombres. En países como España, los padres deben tomarse 16 semanas de post natal, lo que promueve cambios culturales que favorecen la experiencia de la paternidad desde el día del nacimiento del hijo. Pero también derriba las barreras a la contratación de mujeres en edad fértil
En este sentido, es mucho lo que puede promover el Estado, pero es poco su nivel de impacto si el mundo privado no establece políticas corporativas que vayan en línea con dichos cambios.
El reciente estudio de Flexibilidad Laboral y Género Chile-España, realizado por REDMAD y la asociación española EJE&CON, muestra como en nuestro país la corresponsabilidad es baja versus la de España. Solo el 37% de las entrevistadas chilenas declara compartir el cuidado de los hijos con su pareja, mientras que esta cifra llega a un 58% en España.
Necesitamos repensar la forma en cómo hombres y mujeres pueden adoptar nuevos esquemas que les sirvan para conciliar de manera sana y eficiente los distintos ámbitos de la vida. Si la pandemia trajo una nueva forma de trabajar, incorporando la lógica del teletrabajo y la necesidad de compatibilizar la vida privada con la laboral, es lógico replantearnos -tanto desde el mundo público como el privado- la forma de construir espacios para el desarrollo integral de las personas. Las estructuras corporativas que vayan adoptando distintas alternativas para el trabajo flexible o híbrido, y que promuevan la corresponsabilidad, estarán mejor preparadas para potenciar y liderar la tan necesaria reactivación económica.
