El informe sobre la situación del empleo en Chile demuestra el absoluto fracaso de este gobierno en materia laboral. La creación de tan solo 141 empleos en un año es un insulto a la ciudadanía, a los 910 mil cesantes y a ese 9,9% de mujeres que no logran encontrar trabajo. Y por supuesto, la disculpa no se hizo esperar y es tan burda como que la cifra de comparación era muy alta porque se contrataron encuestadores para el Censo.
Esta inadmisible situación laboral ocurrió siendo Ministra del Trabajo doña Jeannette Jara, por lo tanto, debe hacerse cargo de las cifras y responder por el resultado de su gestión. Y no sólo son malas las cifras, sino que en Chile se están destruyendo empleos y la creación anual de nuevos puestos de trabajo se paralizó, por lo que debe dar explicaciones. Y si se impusieran sus propuestas de negociación ramal y su “sueldo vital” de $750 mil, las pymes no podrían subsistir, el alza en los costos empresariales sería intolerable, la inflación aumentaría y las cifras de empleo serían aún peores.
Esta realidad es un llamado urgente a la oposición para que dejen de lado sus respetables intereses personales, intentos hegemónicos y los respectivos egos, para ponerse de acuerdo en lograr obtener una mayoría parlamentaria que brinde gobernabilidad y en asegurar un apoyo mutuo a quien sea que pase a segunda vuelta, para ganar la elección presidencial y producir el cambio.
Una muestra de lo que ese cambio generaría en el país, es lo ocurrido hace pocos días. De todos era sabido que el barrio Meiggs estaba transformado en un lugar donde habitaba el comercio ilegal, la delincuencia, narcotráfico, sicariato, etcétera, pero Irací Hassler nunca hizo nada para terminar con eso. En cambio, el alcalde Desbordes dio un ejemplo de lo que se puede lograr cuando existe la voluntad y la decisión de reinstaurar el orden y la seguridad con su operativo en dicho barrio, donde se encontraron 70 bodegas clandestinas y se eliminaron los toldos azules, un estimado de 36 toneladas de basura y se desconectaron ilícitas instalaciones eléctricas.
Y no sólo eso. También ordenó el desalojo de las tomas ilegales de los colegios emblemáticos y su intención de no permitir jamás la violencia de los estudiantes, como la de quienes paralizaron el Metro sentándose en los andenes -al igual que en el octubrismo- o la de aquellos que a través de rayados en las murallas de los establecimientos lo amenazaron de muerte o los que portaban una polera con su rostro apuntado por una pistola y una bala saliendo por el otro lado de su cabeza. Finalmente, decretó que se expulsaría de los colegios a cualquier estudiante que sea detenido portando bombas molotov, lo que establece un necesario cambio de paradigma.
Esto es lo que se requiere y espera a todo nivel en el país. Autoridades públicas empoderadas, partiendo por el Presidente, que digan ¡basta! y ejerzan su obligación constitucional de mantener el orden público y la seguridad interior, perseguir y derrotar al crimen organizado y devolverle a la ciudadanía la tranquilidad de vivir sin temor.
Pero si además de este cambio se introducen las políticas procrecimiento que la oposición tiene muy claro son de primera prioridad y aplica el conocimiento, la experiencia y los mejores equipos para impulsar la economía, sin duda que se produciría una renovada confianza en Chile, volvería la inversión y el país crecería, generándose miles de empleos y se le podría dar solución a muchos de los problemas en salud, educación, vivienda y permisología, haciéndonos mirar con optimismo el futuro del país.
Falta muy poco para la inscripción de las listas de candidatos a las elecciones del 16 de noviembre y tres meses y medio para la primera vuelta y la elección parlamentaria. Queda poco tiempo y ya es hora de que las dirigencias políticas escuchen a la ciudadanía que pretenden representar y no se encierren en sí mismos haciendo oídos sordos al llamado de unidad para la gobernabilidad.
Si no lo hacen, y los resultados electorales no fueran los esperados, que no lloren después sobre la leche derramada, como dice el refrán, porque los únicos responsables serían ellos mismos al ignorar el clamor ciudadano que les reclama poner a Chile por delante.
El país requiere urgentemente cambiar de rumbo, que, de no ocurrir, tomaría muchos años superar la decadencia. Dejarles ese legado a las nuevas generaciones sería inaceptable.
¡Chile puede mucho más!

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