El problema está claro. Chile agoniza como país, porque con su actual tasa de fecundidad debiera desaparecer del mapa. Para mantener la población actual se requiere que una pareja tenga 2,1 niños, pero la tasa de 2024, proyectan, será de un niño. Es decir, menos de la mitad de lo que se requiere y si continuamos a este ritmo, será la mitad de la mitad de la generación anterior y así sucesivamente hasta borrarnos del mapa como nación.
El año pasado nació un 50% de los niños que en 1990, repitiéndose el mismo descenso respecto a 2010. Los 135 mil de 2024 incluyen los hijos de inmigrantes, que impactan a favor de la fecundidad, pero después, aseguran los expertos, las extranjeras se adaptan.
Buena parte del bajón responde al descenso de la natalidad en adolescentes, que es una buena noticia. Y la esperanza es que otra parte, producto de la postergación de la maternidad, pueda revertirse más adelante y tengamos un repunte, como el que hubo después de la pandemia. En el primer semestre de 2024, el 55,3% de los nacidos era de mujeres mayores de 30 años.
Pero no se ve fácil un repunte cuando las mujeres se hagan mayores. Porque mientras más jóvenes son, menos quieren hijos ahora o a futuro. Según la encuesta Bicentenario, un 22% entre los 18 y los 24 años no quiere ninguno y un poco menos, un 19%, entre los 25 y los 33 años, declara no quererlos.
Y el deseo de no reproducirse es lo que más impacta en la caída de la fecundidad, porque se hace imposible compensarlo cuando las parejas que desean descendencia tienen sólo 1 o 2 hijos.
Pero en eso estamos, avizorando un país con más residencias para la tercera edad que colegios, donde hay más féretros que cunas, lo cual ya ocurrió el año pasado en un par de regiones. En 2024 hubo apenas ¡15 mil nacimientos más que defunciones! De acuerdo al último censo, las personas mayores de 65 años por cada 100, en relación a las de 14 años o menos, se dispararon de 22,3 a 79 entre 1992 y 2024. Por eso, Chile ya no está en transición demográfica, que supone estabilizar la baja natalidad con la baja mortalidad, sino que sigue cayendo a la última etapa, la del invierno demográfico.
El pronóstico es fatal para el bienestar de los que vivan en Chile. Una población cada vez más vieja, con cero inversión y crecimiento, menos productiva, con altos costos de salud, mucha necesidad de geriatras, que son escasos, y pocas maternidades. Eso, sin contar menos abrazos de manitas abiertas en lo afectivo y la música de niños jugando en el parque.
Aseguran que el proceso es bien irreversible. Sólo marginalmente se puede afectar con algún tipo de medidas. Pero en Chile el tema está completamente ausente de la agenda pública. Raro, ¿no? Recomiendan facilitar la labor de crianza con salas cunas universales, pero desde Piñera 1 que no quieren aprobar el proyecto. Ayuda tener amplia cobertura de jardines infantiles, pero ahí estamos al debe, y escuelas abiertas todo el año, pero eso está lejos de ocurrir. El Colegio de Profesores siempre encuentra la ocasión para interrumpir la continuidad de la instrucción, formación y relación social de los escolares.
Podríamos estar buscando un subsidio para viviendas de matrimonios con hijos, pero en Chile vaciamos de contenido el matrimonio y se consideraría una discriminación una medida así. Tenemos claro, por la generación gobernante, que bordeando los 40 están teniendo un hijo sin necesidad de casarse.
Nadie plantea tampoco que las parejas con descendencia puedan declarar en conjunto impuestos, porque no es lo mismo ganar un millón y medio de pesos sin pequeños que teniendo dos que criar.
De las feministas, ni hablar. Les interesan los derechos sexuales y reproductivos, asegurar el aborto libre, las transiciones de género, demonizar a los hombres por abusadores y violentos (menos cuando son de izquierda), pero no se les pasa por la cabeza facilitar que las mujeres puedan trabajar, además de criar a sus hijos (junto con los hombres, por supuesto). La familia tradicional no les va, sencillamente, porque es una invención patriarcal de la cultura judeo-cristiana para someter a la mujer. Mejor que sean jefas de hogar, sin ninguna ayuda para sostenerse a sí mismas y a su descendencia.
Por último, podríamos cuidar a los niños vulnerables que no tienen la protección adecuada para desarrollarse. Pero tampoco ocurre. El nuevo Sename sigue siendo un lugar de explotación sexual. Para qué seguir dictando leyes de cuidado si las residencias continúan constituyendo un lugar peligroso para los niños bajo el cuidado del Estado.
Es una lástima que Chile esté liderando en el mundo y en la región en esta tendencia suicida y que las políticas públicas ignoren verlo.

Apocalíptico y lapidario el análisis.
Es de esperar que parte de la tendencia se revierta con un esperado mayor crecimiento de la economía, menor desempleo, mayor acceso a la vivienda, cuya deficiencia durante el último gobierno ha impactado sin duda la tasa de natalidad.
Durante los llamados 30 años Chile creció 2,3 puntos porcentuales por arriba del promedio mundial. Durante los gobiernos de Bachelet y este, el crecimiento de la economía en promedio es alrededor de un 1 punto porcentual por debajo del promedio mundial.
Esta diferencia de casi 3,5 puntos porcentuales a lo largo de 12 años es un crimen contra nuestro país que se refleja en el descontento, el desempleo, la alta tasa de criminalidad y seguramente en la baja tasa de natalidad.
Volvamos a crecer y seguramente, en parte, se mejorará la tasa de natalidad.
Excelente análisis Pilar. Este problema tienes derivadas en seguridad nacional y particularmente en defensa. Así como vamos tendremos que reclutar mercernarios.