Trump tiene al mundo y a sus gobernantes en estado de shock. Muy pocos deben haber vaticinado, y menos haberse preparado, para la radicalidad de las medidas que ha tomado. Me refiero principalmente a aquellas en materia económica y político-militar.

¿Cuánto nos pueden afectar ellas a nosotros en Chile? ¿Qué deberíamos hacer para no salir muy perjudicados? Veamos.

Por el momento se observan dos tipos de respuesta, especialmente por los países más directamente afectados: las del contrataque y del agacharse (o “morir pollo”, en buen chileno). ¿Qué nos convendrá más a nosotros en este rincón del mundo?

Para seguir analizando el tema necesitamos hacer algunas precisiones. Por las medidas político-militares me refiero principalmente a las políticas norteamericanas frente a la Guerra en Ucrania y Gaza, y la de forzar a sus aliados a asumir ellos sus gastos en defensa. Con estas medidas, y sobre todo con la forma arbitraria y matonesca del actuar de Trump, está destruyendo toda la política de alianzas y balances que conformó el orden mundial de postguerra.

Lo que ha hecho con Ucrania dice a todos que en Estados Unidos no se puede confiar. Nadie en el futuro podrá tener seguridad en el apoyo norteamericano, incluso aunque los Republicanos pierdan la elección en dos o cuatro años más. Esto probablemente conducirá a una proliferación nuclear y a más guerras regionales. Taiwan ya debe estar pensando cómo fabricar bombas atómicas para defenderse de China. Y así otros. El mundo se va hacer más inestable y habrá un mayor gasto en defensa y armamentos a nivel planetario. Hasta en América Latina podríamos movernos hacia eso. Pero, así y todo, esto no debiera tener efectos muy grandes sobre Chile directamente. En el plano económico no es lo mismo.

Por las medidas económicas de Trump, me refiero al uso de la elevación de tarifas o aranceles sobre ciertas importaciones como forma de obligar a los países que las exportan a cumplir determinadas imposiciones de EE.UU. (detener a emigrantes, por ejemplo, o bajar las tarifas que estos últimos aplican a exportaciones de EEUU). Esto constituye un sistema de comercio exactamente opuesto al de tipo multilateral promovido por el propio EE.UU. desde el fin de la Segunda Guerra. Este sistema era, o todavía es, uno de los tres pilares sobre los cuales se basó todo el sostenido crecimiento y prosperidad de todo el mundo durante los últimos ochenta años, con la expansión que generó del comercio mundial. Ese sistema multilateral se instituyó con el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1947 (el GATT, por su sigla en inglés), que en 1995 fue ampliado, transformándose en la actual OMC, la Organización Mundial de Comercio.

Lo esencial del Sistema Multilateral de la OMC son dos cosas: uno, que los aranceles que un país aplique a cierto producto importado tiene que ser igual para cualquier país que lo exporte, excepto que puede ser menor si se trata de un país asociado bajo un Acuerdo de Libre Comercio aprobado por la OMC/GATT; esto se llama la “cláusula de la nación más favorecida”. La segunda norma clave es que ningún país puede subir arbitrariamente sus aranceles a otro signatario o miembro de la OMC sin un motivo pre-establecido que lo justifique y sin seguir un procedimiento previo establecido por la OMC. O sea, los aranceles son convenidos legalmente por las partes involucradas. Estos dos principios básicos son los que EE.UU. bajo Trump ha violado, poniendo en entredicho todo el actual sistema de comercio mundial. En este sentido, EE.UU. está sacando a los países del mundo de un sistema basado en reglas, normas o leyes establecidas y conocidas, para pasar a otro sistema basado entendimientos bilaterales en que el poder del más fuerte arbitrariamente decide cómo, cuándo y cuáles trabas poner al comercio. Como Putin en Ucrania en materia de fronteras geográficas.

¿Cómo responder a este inmenso cambio en el comercio mundial? Aquí es donde surgen las respuestas del “contrataque” y el “agacharse”. Leemos mucho estos días de las represalias de Canadá, China y la UE que han decidido también elevar sus aranceles a determinados productos que compran (importan) de EE.UU. ¿Debiera Chile hacer lo mismo si Trump le sube aranceles al cobre? La respuesta es categóricamente “NO”. Y el motivo es muy simple de entender: es que somos un país muy pequeño y por tanto importamos muy poco de EE.UU. en comparación con todo lo que produce éste. Tenemos entonces poco poder para hacerle daño: es como un conejo amenazando pegarle a un elefante. No así países como Canadá, China o la UE. Éstos le importan entre US$470,000 y 380,000 al año cada uno a EE.UU., mientras nosotros le importamos como US$22,000 (5%). Pero lo más relevante es la insignificancia de nuestras importaciones en relación a todo lo que produce EE.UU.: sólo 22,000 sobre U$27,700,000 del PIB de EE.UU. No alcanzamos ni a la décima parte de 1%. Un pellizco.

Nuestra respuesta debiera ser volcarnos a actuar más dentro del marco del sistema establecido conjuntamente en la OMC. Proteger y fortalecer el sistema multilateral en la Organización Multilateral de Comercio. Que EE.UU. no quiera hoy respetar el orden económico mundial actual que contribuyó a crear no significa que todos los demás países debamos dejarlo desmantelarse. Todo lo contrario. Es la oportunidad de reforzarlo y hacerlo más equilibrado y democrático. Llevar allí nuestros reclamos y controversias, contribuir más a financiarlo y en unión con otros países interesados, fortalecer su capacidad de actuar al margen de EE.UU. Eso ayudará a que limitemos la incertidumbre para nuestros exportadores y así mantengamos la base sobre la cual nuestra economía podría volver a crecer.

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1 Comment

  1. Ummmm, imaginamos enemigos, vagamos en estrategias eventuales, y ganamos…..bravo, buena victoria

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