01 DE JUNIO DE 2021/VALPARAISO La Primera Dama Cecilia Morel (i) y el presidente Sebastian Piñera (d), durante la Cuenta Publica Presidencial 2021, que se realiza en el Salón Plenario del Congreso Nacional FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Tanto el Presidente electo Gabriel Boric como Irina Karamanos, su pareja, han declarado a la prensa que piensan replantear el cargo de Primera Dama de la nación. Sus dichos han sorprendido a muchos, principalmente porque en Chile –al igual que en la mayor parte de América– ese rol es percibido por una buena parte de la sociedad como una institución con la suficiente tradición como para mantenerla y hacerla perdurar en el tiempo. Por eso, cuando se habla de cambios al respecto, la polémica aparece rápidamente.

La situación descrita se asemeja a la que aconteció en México hace tres años. Cuando el actual Presidente, Andrés Manuel López Obrador, fue elegido, la esposa, Beatriz Gutiérrez, anunció algo que muchos consideraron una sentencia de muerte para el cargo en ese país: “Yo no soy Primera Dama, llámenme compañera”. Junto a la frase, Gutiérrez opinó que la pareja del Primer Mandatario tenía derecho a decidir qué postura adoptar en ese contexto y que no se le debían imponer condiciones o tareas. Lo cierto es que la mujer de López Obrador no desapareció de la escena nacional; por el contrario, se le ha visto participando de importantes labores como esposa del Presidente y especialmente se han destacado sus discursos en diversas ceremonias, en las que ha hecho interesantes revisiones de la historia de México.

A lo largo de la historia de Chile, las Primeras Damas han planteado sus puntos de vista respecto a lo que debería ser el cargo o a lo que cada una pensaba hacer cuando su esposo asumiera, aunque diversas situaciones relacionadas con la política y la contingencia les hicieron variar sus planes. Por ejemplo, Juana Aguirre, esposa del radical Pedro Aguirre Cerda, en los primeros meses del periodo de esa presidencia, quiso pasar desapercibida en la prensa solicitando a un par de sus colaboradoras que declararan por ella que su principal labor sería dedicarse a las obras de planificación de las pascuas de los niños pobres. No obstante, en los años siguientes figuró ampliamente en la prensa y no sólo como entrevistada sino que por sus labores sociales, sus acciones pro ayuda por las víctimas del terremoto de Chillán y por supuesto por su gran labor, en la que se logró que todos los niños de Chile recibieran un regalo para Navidad. Por su parte, Rosa Markmann, la esposa de Gabriel González Videla, tras los primeros días de la elección manifestó que sus labores como Primera Dama se centrarían en ayudar a las mujeres chilenas y en trabajar porque éstas obtuviesen su derecho a voto amplio. Sin embargo, sus acciones como consorte superaron con creces esas palabras, desempeñándose como coordinadora, directora y presidenta de diversas instituciones y sociedades pro ayuda de los chilenos en general.

Otro caso interesante lo constituye María Ruíz-Tagle, esposa del expresidente Eduardo Frei Montalva, a quien al principio la noticia y futura responsabilidad de asumir el rol de consorte le tomó por sorpresa. Para una mujer tan apegada a su hogar, el tener que hacerse partícipe de responsabilidades ligadas al rol político de su esposo probablemente fue complejo. En una entrevista que entregó poco después de la victoria de Frei a revista Eva, no ocultó esos temas y abordó otros como la importancia que tenía que las mujeres votaran y ocuparan cargos públicos. Además, declaró que centraría sus preocupaciones en la vivienda obrera: “[…] todavía, en 1964, sigo siendo una mujer de hogar! […] He sido mujer de mi casa por treinta años y ahora lo seré con mayor énfasis. Redoblaré mi inventiva para confeccionar menús, multiplicaré mi cierta buena mano para dar por lo menos los últimos toques a postres y guisos y reforzaré mi ‘siempre alerta’ para acompañar desde lo último a Eduardo en su natural calor amistoso para todo el que se le acerca […] Mi única salida de mi papel hogareño será, en los próximos seis años, un trabajo intenso con las poblaciones obreras”. Pese a sus buenas intenciones respecto a las habitaciones obreras, las circunstancias la llevaron por un camino diferente, ligado a las mujeres, sus hijos y la economía familiar mediante la Central de Servicios para Centros de Madres (CEMA).

Es importante mirar al pasado y al resto del mundo a la hora de enfrentar cambios porque estos nos pueden dejar lecciones positivas que nos auxilien al tomar decisiones. De esa forma, si se toma en cuenta el rol y el valor que han tenido las Primeras Damas chilenas, nos encontramos con múltiples aristas relacionadas con la cultura y las diversas necesidades por las que atraviesa un país en determinado momento y que son justamente con las que estas mujeres han colaborado de manera eficaz, positiva y en consonancia con el momento en el cual se sitúan, sin perder su identidad y brillando con luz propia. En la actualidad, por cierto, es necesario ver la situación y la realidad nacional.

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