Aunque se me “va a caer el carnet” con esta afirmación, llevo más de tres décadas de experiencia docente, principalmente de pregrado. Hace unos cinco años abandoné el pregrado para dedicarme sólo a hacer clases de postgrado, por lo que varias veces he tenido alumnos que me superan en edad y experiencia. Todos estos años de intentar transmitir mis conocimientos me han enseñado algo que creo valioso: las personas mejoramos como seres humanos con el paso del tiempo. Vamos aprendiendo, a veces a porrazos, a ser más humildes, más pacientes y dialogantes, con ganas de aprender no sólo nuevas materias, sino también de los demás. En una frase, la sabiduría sólo se logra con el tiempo. Parece ser que la capacidad de no tomarse demasiado en serio a uno mismo es algo que vamos ganando con el número de velas que soplamos cada año. Tendremos más arrugas, más canas y menos agilidad física, pero creo que en la enorme mayoría de los casos ese deterioro físico se sobrecompensa con un mejoramiento en lo intelectual, y más importante aún, en lo espiritual.
Esta experiencia docente me ha permitido percibir también algo que suele mencionarse respecto a las generaciones más jóvenes, los llamados “millennials” y “generación Z”, percepción que probablemente no será del agrado de mis lectores más jóvenes. Efectivamente, les tocó un período de menores dificultades en lo material y político, lo que los lleva a valorar menos el esfuerzo. Creo que esa frase del escritor estadounidense, Michael Hopf, aplica bien a lo que se vive en Chile y el mundo actualmente: “Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean tiempos fáciles, los tiempos fáciles crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles”.
Las actuales generaciones sub 40 efectivamente tuvieron tiempos fáciles si los comparamos con los que le tocaron a mi generación y la anterior, y por lo tanto, valoran menos muchas cosas que Chile logró con gran dificultad. Por supuesto, se trata de generalizaciones que resultan muy injustas en muchos casos, pero en mi experiencia como docente de pregrado pude constatar esa tendencia a un menor esfuerzo personal y a una mayor priorización de los jóvenes de su bienestar personal. El “pasarlo bien” suele estar muy por encima de la búsqueda de los mejores resultados académicos posibles, junto con las ganas de aprender. Evidentemente, no todo es negativo, y también me parece percibir en la actual generación una mayor conciencia social, seguramente necesaria, aunque no tan positiva cuando se traduce en un sentimiento de culpa y rechazo por los beneficios que han recibido, en vez de conducir a que todo su esfuerzo y energía se ponga en acción para que lo recibido gratuitamente esté al servicio de los demás.
Estamos enfrentando una fuerte crisis en nuestro país, y probablemente estos tiempos difíciles se prolonguen por varios años, lo que significa que tendremos que trabajar más duro para construir tiempos mejores. ¿Será entonces lo más apropiado poner a un millennial con muy poca experiencia y sabiduría, que no ha sido “un hijo del rigor”, para dirigir el país en estos tiempos difíciles por delante? No me parece.
