Era septiembre del 2016 y yo visitaba Iquique, no por placer sino para viajar por tierra a la frontera con Bolivia y ver en terreno los retos que el tráfico de drogas planteaba al Estado de Chile. Desde la ventana del taxi que tomé en el aeropuerto, mientras miraba la gran cantidad de grúas de construcción surgió la primera pregunta ¿existe la cantidad suficiente de personas para habitar esos departamentos por estrenar?

Lo que era una especulación hace 10 años hoy es una realidad que nos tiene sobrepasados: si el crimen organizado existe para ganar dinero a través de una economía ilegal, tiene, necesariamente, que lavar esa ganancia para ingresarla al mercado formal. La herramienta: el sistema financiero, la victima: el mismo mercado financiero y sus clientes.

Diversos son los mecanismos utilizados para blanquear capitales, desde uso de Rut sin antecedentes, envíos de remesas, barberías, criptoactivos, entre muchos otros, a donde va a parar el dinero a cuentas en bancos, pero las finanzas ilícitas son mucho más que el lavado de dinero, se transforman en un mercado ilegal en sí mismo.

Cuando se contabilizan poco más de 2 millones de trabajadores informales y otro tanto que no es sujeto de crédito empiezan a prosperar los famoso «gota a gota», muy conocidos en el pasado y que con el tiempo se han profesionalizado e internacionalizado. Colombianos y hasta chinos cuentan con representantes chilenos destinados a llegar a quienes nadie les presta dinero, con tasas usureras y medios de cobranza que cruzan todas las líneas tienen sobrepasados a todos los actores.

Relacionados con los delitos de extorsión y trata de personas, las bandas de prestamistas han hecho de las finanzas ilícitas un mercado altamente lucrativo que no sólo permite ganar dinero sino que, también, ejercer un control territorial como ninguno gracias a las redes instaladas hasta en las localidades más remotas.

Una sola banda, desarticulada en Santiago, llegaba a cobrar hasta el 60% de interés lo que en comparación con las consecuencias de no pago podría resultar barato.

Vemos aquí las dos caras de la criminalidad organizada. Mafias con poder económico para reclutar y crear estructuras complejas que les permiten manejar verdaderas empresas ilícitas, lucrar con las necesidades de los más vulnerables, explotar al Estado y todos sus actores con el sólo objetivo de aumentar su riqueza.

Vemos también el gran reto que se le presenta al recién estrenado gabinete del Presidente electo pues, seguir haciendo lo mismo ya no es la manera de abordar los problemas. Más que nunca el trabajo en equipo, la coordinación y la humildad para escuchar al otro serán fundamentales para pensar fuera de la caja, hacer las cosas distinto y generar el cambio cultural que requiere el Estado para sobresalir en una gestión que ponga el foco en los procesos, las personas y los resultados.

La mística del líder será fundamental para aglutinar un equipo que enfrenta retos vitales para el Estado. La responsabilidad de asumir los costos de las acciones, la clave para el éxito. El rendir cuentas y hacerse responsable, nunca antes había sido tan necesario.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.