Cuando al término del proceso anterior el Presidente se refirió a sí mismo y a sus compañeros de ruta como una “vanguardia” a la que el pueblo no entiende, los medios de comunicación se plagaron de mofas y todo tipo de epítetos con los que los actores mediáticos descalificaron esos dichos. Desde “soberbio” a “antidemocrático”, las etiquetas desbordaron ríos de tinta y horas de grabación. Pero, la verdad sea dicha, nadie se preguntó por qué el Presidente pensaba lo que decía tras un rechazo del 62% en la mayor votación desde el retorno de la democracia. ¿Por qué dice lo que dice?, debió alguien haberse preguntado. Ningún periodista se animó a interrogarlo. Recordemos que no fue el único, se sumaron Provoste, con la frase “no es que hayamos perdido, sólo que aún no hemos ganado” y Cariola, con “a veces hay que retroceder un paso para avanzar dos”. De modo que nadie entendió cuál era el plan de los adelantados.
El triunfo del Rechazo alivió a muchos que, pensaron, se iniciaba una nueva etapa y el desquiciamiento contenido en el mal llamado “mamarracho”, quedaba en el cementerio de los proyectos sin destino. Sólo unos pocos, desde lugares que serán prontamente rotulados como productores de “desinformación”, desconfiamos del cadáver enterrado por el voto y sospechamos que, quizás, el Presidente no estuviese padeciendo de un delirium tremens. Y, en los hechos, la historia nos dio la razón. El proceso revolucionario que iniciaran los golpistas el 18-O siguió su curso. No sólo se pactaron 12 bordes a espaldas de cualquier conversación con la ciudadanía, sino que, además, se volvió a abrir el proceso constituyente pero, esta vez, sin plebiscito de entrada. En este contexto las sonrisas de la izquierda antidemocrática recobraron el brío y lustre perdidos, pues la clase política, eligió a una Comisión de Expertos que redactó el proyecto de Constitución “habilitante” que, de modo oblicuo, abría las puertas al proyecto rechazado. Hasta ahí, todos en la clase política, felices. No porque estuvieran de acuerdo en el contenido, sino porque muchos han abrazado la idea de tener, a toda costa, un documento legítimo que incluso fuerzas antidemocráticas estén dispuestos a legitimar. No se trata del contenido, sino de la estabilidad y de la gobernabilidad que promete una Carta Magna cuyo único valor es el de ser nueva y contar con un respaldo amplio, aunque pocos sepan lo que están avalando.
Luego vendría la elección de consejeros que no fue más que la confirmación del plebiscito de salida: la gente, hastiada de la cocina de los políticos, apoyó en masa a republicanos que rechazaban todo el proceso legitimado por un noviembrismo cuya vigencia se torna nuevamente visible con la introducción reciente del capítulo XIII, Protección del medioambiente, sostenibilidad y desarrollo. Su contenido es altamente ideológico y afín a las palabras del Presidente que entendía que nuestra forma de vida sufrirá cambios dramáticos en dirección a un nuevo proyecto político de izquierdas transnacionales que en diversos países del orbe, la derecha consciente denuncia. Trump, Vox, Meloni, Orban, etcétera, afirman que el ecocentrismo es parte del plan de un gobierno mundial dirigido por la ONU y otros organismos globalistas afines. Se trata de terminar con la figura de la nación soberana, puesto que, “por razones climáticas”, la legislación mandará, permitirá y prohibirá, actividades productivas y modalidades de consumo especificadas por burocracias internacionales. Por eso el gobierno no contempla a las FF.AA. en el presupuesto del próximo año (art 35), si de todas maneras, en el nuevo orden dirigido por la plutocracia internacional quedarán obsoletas.
En este contexto la democracia representativa también será parte de la historia. Nos acercamos a la posdemocracia, como reconoció Guido Girardi en una entrevista a La Tercera (28/5/2023). La cosmovisión que mueve a las élites globalistas es el neomalthusianismo- somos demasiados los humanos en el planeta- y la idea de un patrón económico de decrecimiento sostenido. Ahora usted entiende por qué a este gobierno no le importa en lo más mínimo la economía. Por si quiere referencia bibliográfica uno de los libros con mayor éxito a nivel mundial se titula El Capital en la era del Antropoceno, inspirado en Marx, cuya tesis central es el decrecimiento como fórmula para salvar el planeta.
Todo esto puede sonar muy ajeno a las discusiones actuales enmarcadas en nuestra mentalidad de capitanía general, pero, en otros lugares del mundo forma parte de la lucha que está dando un sector político, “la extrema derecha”, para conservar nuestros derechos y libertades hoy amenazadas por la importación del modelo de control social chino. Esta ideología econcéntrica, contenida íntegramente en la Agenda 2030 tiene, por lo pronto, amenazadas a las empresas e individuos con altos impuestos que se cobrarán según registros de la huella de carbono que produzcan en sus actividades o niveles y tipos de consumo (ODS 5 y 13). Según los nuevos parámetros que se justifican porque tenemos que “salvar el planeta”, habrá que adaptar la legislación de todos los países. Serán entonces los miembros de la casta política internacional quienes dividirán a la población entre aptos para la vida- aquellos que tengan un tipo de vida “sostenible”- y los no aptos para la vida. Las consecuencias de esta nueva moral son aterradoras.
En este contexto, no importa que la Carta Magna asegure el derecho a la vida de quien está por nacer, puesto que, como se estipula en la Agenda 2030 -instrumento principal para la imposición de un nuevo- el aborto es un derecho humano (ODS 5). Tampoco tiene relevancia la legislación que ordena poner límite a la inmigración ilegal o el resguardo de la propiedad. Si se trata de salvar al planeta todo está justificado. Así las cosas, el Capítulo XIII que los republicanos rechazaron inicialmente porque sabían a lo que nos conducía, es la puerta de entrada al proyecto de la vanguardia izquierdista, pues en su artículo Artículo 206 establece que el “Estado implementará medidas de mitigación y adaptación, de manera oportuna, racional y justa, ante los efectos del cambio climático. Asimismo, promoverá la cooperación internacional para la consecución de estos objetivos.”
En suma, la puerta está abierta, el imperio de la nueva moral de ultraizquierda se abre paso sin resistencia, el adoctrinamiento ambiental se impone en el artículo 203, con educación ambiental obligatoria. A ello se agrega lo que la ideología de género y la igualdad -bandera del marxismo- como fundamento del nuevo orden mundial (ODS 1,4,5,8, 10, 16).
Es solo cosa de tiempo para que recordemos las palabras del Presidente y entendamos la verdad que se ocultaba tras ellas: vanguardia globalitaria tiene al mundo en el puño izquierdo, mientras arrasa con los fundamentos de nuestra cultura e impone un nuevo orden fundado en el control social.
