El Presidente Gabriel Boric debiera aprender del fracasado intento de su predecesor, Sebastián Piñera, por impulsar una transición a la democracia en Venezuela. Aunque Chile siempre debiera colaborar en los esfuerzos por promover la democracia alrededor del mundo, y especialmente en nuestra región, la política exterior del gobierno debiera privilegiar la defensa de los intereses de Chile por sobre la promoción de la democracia. Por eso, en vez de cometer el mismo error del gobierno anterior, que en 2019 reconoció a Juan Guaidó como el Presidente encargado de Venezuela, Boric no debiera pronunciarse sobre quién resultó ganador en la elección de Venezuela.
Así como van evolucionando las cosas, la lamentable realidad es que Nicolás Maduro bien pudiera mantenerse en el poder independientemente de lo que hayan votado los venezolanos. Como Chile tiene muchos temas abiertos con Venezuela, incluidos complejos temas migratorios asociados a la presencia de cientos de miles de venezolanos en nuestro país, los intereses nacionales nos obligarán a lidiar con quien sea ejerza el poder en Venezuela.
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En febrero de 2019, cuando Venezuela atravesaba por un mal momento en esta crisis social y política permanente en la que parece estar atrapada esa otrora admirada democracia de la región, el Presidente Piñera cometió la torpeza de realizar un viaje a la ciudad colombiana de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, a un acto masivo que buscaba apurar la caída de Maduro. Unas semanas antes, la oposición en Venezuela había intentado debilitar al gobierno de Maduro nombrando a Juan Guaidó como Presidente encargado del país. Aunque Maduro siguió ostentando el poder, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, y se mantuvo en el gobierno, más de 60 países del mundo, incluidos Estados Unidos y varias naciones de América Latina y Europa, reconocieron a Guaidó como Presidente encargado de Venezuela. El gobierno de Guaidó realizó una serie de actos simbólicos, como nombrar embajadores.
El entusiasmo que mostraron Piñera y el Presidente de Colombia, Iván Duque, respecto a la posibilidad de lograr derribar al gobierno de Maduro eventualmente se diluyó. El gobierno en Venezuela reprimió a la oposición y a los manifestantes. Guaidó no logró convencer a los militares que le dieran su apoyo. Eventualmente se impuso la realidad y los gobiernos que le habían dado su reconocimiento debieron aceptar que Maduro seguía en el timón en su país.
La situación actual en Venezuela tiene algunas similitudes con lo que pasó entonces. La elección presidencial del 28 de julio fue una oportunidad para que la oposición demostrara su fuerza. Millones de venezolanos salieron con entusiasmo a votar, esperanzados de que podrían lograr un cambio de régimen. Aunque las reglas estaban claramente cargadas para favorecer al oficialismo, la oposición mostró una voluntad admirable y se aferró a las pocas opciones que había de que Maduro aceptara resultados electorales adversos. En la noche de la elección, y en los días posteriores, quedó claro que el gobierno no estaba dispuesto a aceptar una derrota electoral.
Varios países de la región y del mundo han presionado para que el gobierno de Maduro permita que se cuenten debidamente los votos y que se respete la voluntad popular. El Presidente Boric ha ido más lejos, acusando a Maduro de cometer fraude y, por lo tanto, declarando tácitamente que el ganador fue el líder opositor Edmundo González. La oposición derechista ha presionado a Boric para que el gobierno de Chile reconozca formalmente a González como el Presidente electo. La actitud de Boric llevó al gobierno de Maduro a cerrar la embajada de Chile en Venezuela y expulsar a los diplomáticos chilenos.
No sabemos si Maduro logrará mantenerse en el poder y si alguna vez se dilucide el verdadero resultado de la elección del 28 de julio. Pero con cada día que pasa, parece más evidente que Maduro se mantendrá en el poder.
Aunque es loable que Boric quiera promover la democracia en Venezuela, el realismo político obliga a privilegiar los intereses nacionales. La enorme cantidad de inmigrantes venezolanos que viven en Chile obliga a tener relaciones fluidas y efectivas con el gobierno de ese país. Si Maduro se mantiene en el poder en Venezuela, eventualmente Chile deberá reconocerlo como Presidente de esa nación. Venezuela no será la primera dictadura con la que Chile tenga relaciones diplomáticas fluidas, intercambio comercial e, incluso, intereses comunes.
En los próximos días, el gobierno de Chile deberá afinar mejor su discurso público y comenzar a abrir canales de negociación con Caracas. Sin olvidar su compromiso con la democracia, el gobierno de Boric deberá dejar en claro que sabe privilegiar los intereses del país en las relaciones internacionales. Después del fallido intento de Piñera por buscar promover un cambio de régimen en Venezuela en 2019, el Presidente Boric debiera recordar que su norte debe ser defender y proteger los intereses de Chile.

Vale decir Chile primero. Es de esperar que en campaña de EEUU seamos coherentes y no criticar a Trump cuando diga USA primero, voy a estar atento
O sea la idea es rendirse a una dictadura sangrienta y destructora? No a una “dictadura” que tiene a su país creciendo en abundancia, que le sobra comida y que tiene un nivel de seguridad y paz como la que tuvimos los chilenos durante el gobierno militar. No, usted propone que los chilenos aceptemos a miles y miles de nuevos venezolanos que llegarán huyendo de una persecución sangrienta, del hambre, de la falta de trabajo y de la pobreza. Que ayudemos y apoyemos a Maduro a aplastar a su pueblo y a destruirlo y que seamos cómplices de todo esto. No me parece, Boric debiera cortar relaciones con Venezuela aprovechando que ya Maduro lo hizo con nosotros.