batalla cultural

Parece significativo que cuando el gobierno de Boric atraviesa la mitad de su período con tanta gente descontenta, aparezcan voces en esa coalición llamando a retornar a dar la “batalla cultural o ideológica”. Pareciera un reconocimiento de que la izquierda no renovada es mucho mejor para las batallas y las ideologías que para gobernar.

Pero el punto que quisiera abordar aquí es, ¿cuál podría ser la batalla ideológica que podría retomar para ganar el Frente Amplio y el Partido Comunista, base original del gobierno actual? Para responder eso convendría considerar ¿cuál fue la principal batalla que ganó el FA y PC para llegar al gobierno, y en tan breve plazo?

Algunos estiman que la gran batalla ideológica que ganaron fue la del feminismo, la igualdad y la garantización de derechos, especialmente los de una educación gratuita y de calidad. A esto se agregó convencer a la mayoría de la gente que los simpatizantes y gobiernos de la Concertación y la derecha, además de machistas, elitistas y economicistas (que cada uno pague solo su educación, salud y previsión), eran quienes amparaban los abusos de las empresas privadas. Eso no fue muy difícil de conseguir cuando en la segunda vuelta llegó Kast como el candidato alternativo.

Personalmente creo que la izquierda desde hace mucho tiempo ha venido ganando una batalla ideológica muy decisiva: la del estatismo. Ha logrado hacer predominante entre los chilenos la creencia de que un Estado más grande proveyendo directamente servicios y prestaciones sociales es lo que va a generar un país más próspero e igualitario. Esto viene incluso desde el primer gobierno de Bachelet, pero agudizado fuertemente en el segundo.

Su expresión más clara fue la reforma educacional. Para mejorar la calidad se concentró en obligar a las escuelas particulares subvencionadas a transformarse en fundaciones, en restringir el crecimiento de sus matrículas, quitarles la libertad para matricular y centralizar las escuelas públicas municipales en un servicio dependiente directamente del ministerio (el Departamento de Educación Pública, DEP, al cual reportan los Servicios locales o SLEP). Todo esto a un enorme costo fiscal con mínimos o pésimos resultados, como en Atacama.

Considero que la batalla cultural en favor del estatismo ganada hasta ahora por la izquierda se nutrió inicialmente del abuso de numerosas y diversas empresas privadas. También de la falta de generosidad y visión de muchos empresarios y políticos de derecha y de centro. Pero se impuso finalmente por la extraordinaria campaña propagandística del “Fin del lucro” impulsada por los estudiantes y el PC desde el 2011. Esa campaña fue un torpedo debajo de la línea de flotación para todo el sector privado. Fue el combustible para el estatismo de Bachelet II y fuente principal del estancamiento que afecta al país desde el 2014.

Para mí la gran pregunta hoy es si el bajo desempeño del gobierno actual en materia de crecimiento y gestión pública llevará a una mayoría de la población a dejar de creer tanto en el “Estado redentor” tal como existe hoy sin someterlo a una reforma y modernización profunda. Y bajo ese Estado distinto, con músculos, dientes y corazón, generar una nueva relación de colaboración Estado-empresas basado en mayor confianza mutua que dé más espacio al sector privado. En otras palabras, si lleva a revertir el resultado de la batalla ideológica ganada con holgura por la izquierda en el período 2019-22. Sin eso, veo difícil volver a un crecimiento económico como el que alcanzó antes el país.

Para mí no es nada de claro que esa reversión esté ocurriendo. El motivo es que – como escribiera Marx – las ideologías, creencias y visiones en materias político-sociales (la “superestructura”) tienen raíces muy profundas en la historia. Tardan en cambiar. No dependen tanto de condiciones de corto o mediano plazo. En el caso chileno, además, la inclinación estatista de los ciudadanos es fuertemente alimentado por la ideología estatista predominante entre los profesores y profesoras en el sistema educacional, tanto escolar como universitario. Dudo que éstos cambien por la evidencia de la incapacidad de un gobierno de izquierda para lograr que el país crezca económicamente.

Pero también dudo que el Frente Amplio, comunistas, socialistas y afines, puedan mantener su triunfo en la batalla cultural e ideológica cuando ha cambiado tanto el contexto nacional. Muy en particular, después de haberlo hecho tan mal estos cuatro años a cargo del gobierno. ¿Van a llamar acaso de nuevo al fin del lucro? ¿En qué otros sectores? ¿Cómo responderán a la pregunta futura de cajón: por qué no lo hicieron en los cuatro años que estuvieron en el gobierno?

Finalmente me quedo con la interrogante de cuánto el tipo de batalla cultural e ideológica de la última década contribuyó a debilitar a los partidos de centro en el país. Me parece que sí, porque no hemos podido o sabido superar la dicotomía simplista de Estado=Izquierda versus Mercado=Derecha, los “buenos” y los “malos” según ambos. Tal vez la próxima elección presidencial sea la oportunidad para empezar a salir de esa visión o planteamiento no sólo simplista sino tan obsoleto.

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