derecha

El año 2023 estuvo marcado, políticamente, por el desarrollo de un segundo proceso constituyente en nuestro país, cuyo origen fue el “Acuerdo por Chile” adoptado en el Congreso Nacional en diciembre de 2022, y que concluyó el pasado 17 de diciembre con el triunfo de la opción “En Contra”. Por supuesto, en términos generales el primer balance es el de considerar el 2023 y, en general, los últimos años en Chile, como años perdidos o desperdiciados.

Dicho análisis no está lejos de la realidad. Desde la revolución de octubre de 2019, nuestro país se enfrascó en una discusión constitucional bajo el diagnóstico de que una nueva Carta Fundamental era el camino para mejorar la calidad de vida de los chilenos y reeditar un “pacto social” quebrado por la desigualdad y los abusos, por la ilegitimidad de la Constitución vigente y por las consecuencias de décadas de “modelo neoliberal”. En una forma de cristalizar la revolución política en una propuesta constitucional, la izquierda chilena ofreció al país una primera propuesta radical, estatista e indigenista, que fue ampliamente rechazada por los chilenos, en el acto político y electoral más relevante de la historia reciente de Chile desde 1990.

El segundo proceso estuvo marcado por la desconexión y el desinterés, en lo que podríamos llamar la “hora fría de la revolución”. El anhelo por el cambio constitucional estaba en franca decadencia, y un proceso engorroso pero razonable dio fruto a una propuesta constitucional que, en lo sustantivo, conservaba los elementos centrales de la tradición constitucional de Chile y de la Constitución vigente. Con todo, la apatía y la desconfianza hacia la cuestión constitucional vencieron, y hace poco más de 10 días, los ciudadanos volvieron a rechazar reemplazar la constitución por la propuesta del Consejo Constitucional.

Por ello, algunos han sostenido que Chile volvió, en definitiva, “a fojas cero”, a un punto de inicio, al mismo lugar que el año 2019. Sin embargo, me parece que Chile ha experimentado profundos cambios desde esa fecha, en al menos dos planos, paradójicos y contradictorios, pero que vale la pena analizar para abordar los desafíos del futuro.

En primer lugar, es evidente que Chile enfrenta una complejísima realidad social y económica. Nuestro país se encuentra económicamente estancado, con la inversión en retirada y el empleo formal destruyéndose, como da cuenta el último informe del INE. El país de oportunidades que Chile fue entre 1985 y 2010 es hoy sólo parte de la historia, historia que muchos preferirían omitir o no tener que reivindicar.

Por su parte, la crisis de delincuencia, crimen organizado y narcotráfico azota a todas las regiones de Chile, y tiene a las familias chilenas viviendo, probablemente, los años de mayor temor de sus vidas. Reflejo de ello fue nuestra última Navidad: 8 homicidios en un fin de semana, aunque la ministra Vallejo -en la desconexión y frivolidad de este gobierno- crea que en estas fechas estas cosas no ocurran. Lamentablemente, el avance del crimen y la violencia empieza a ser normalizado, y las declaraciones del vicepresidente de un partido de Gobierno en torno a sus “pactos con el narco” ocupan portadas de los medios de prensa simplemente por algunas horas.

Si a eso se suma el sostenido aumento de familias viviendo en campamentos, la delicada crisis que enfrenta un sistema de salud al borde del colapso, y la lamentable realidad educativa de cientos de miles de jóvenes que estudian en establecimientos estatales, la conclusión obvia es que Chile se encuentra manifiestamente peor que en 2019, y que estos cuatro años han estado marcados por la decadencia, el estancamiento y la violencia.

Paradójicamente, hay cosas que en Chile han cambiado positivamente desde el año 2019, y que siembran una esperanza de lo que podría ser el camino para recuperar nuestro país. Si a fines de 2019 se buscaba refundar Carabineros de Chile y se hablaba de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, tan solo cuatro años después una inmensa mayoría de los chilenos respaldan el trabajo de nuestras policías y Fuerzas Armadas, y piden a gritos orden, seguridad y paz, y un gobierno fuerte dispuesto a atacar la delincuencia con sentido de urgencia y convicción.

Si hace sólo algunos años las marchas por “No + AFP” llenaban la Alameda, hoy una gran mayoría es partidaria de que los fondos de pensiones sean de su propiedad y que la cotización adicional vaya a su cuenta individual. Si en 2021 “Boric lo iba a cambiar todo”, hoy una gran mayoría de chilenos, del orden del 70% del país, rechaza la gestión del Gobierno del Frente Amplio y el Partido Comunista, marcada por la corrupción, la incompetencia y la irresponsabilidad.

El ciclo político en que estamos tiene, como casi todas las cosas, luces y sombras. Los desafíos que enfrenta Chile de cara al futuro son evidentes y complejos, y requieren de liderazgos políticos honestos, valientes y comprometidos, que tengan sentido de urgencia y creatividad, convicción y disposición a asumir costos por hacer lo correcto. Felizmente, una importante mayoría de chilenos tiene hoy más presente que nunca la importancia de trabajar en la defensa de sus libertades, en la protección de la unidad nacional, en la recuperación de la paz y el orden y en la necesidad de volver a poner a Chile en marcha.

El fin de año es una buena oportunidad para hacer un balance de lo que ha sido el último tiempo para nuestro país, y para abordar y definir prioridades y desafíos para lo que viene. La derecha tiene una oportunidad tremendamente valiosa, en la que debe trabajar desde ya: construir una alternativa política clara y contundente a la izquierda chilena, anclada en las ideas de la libertad humana, la familia y la paz. Ello requerirá trabajo duro, auténtica vocación pública, formación, mucha convicción y generosidad política. Necesitará de jóvenes, diversidad social y geográfica, intelectuales y políticos, hombres y mujeres de “primera” y “segunda línea”, pero el desafío es urgente y a la vez valioso: Reconstruir Chile y recuperar la paz, para que nuestro país vuelva a ser una tierra de oportunidades, poniendo en el centro el desarrollo integral de cada persona y la unidad de la patria.

Conductor de Nuevas Voces de Radio Agricultura y miembro del Partido Republicano

Participa en la conversación

1 Comment

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.