En un mundo movido por las redes sociales, la viralización de ideas sin contenidos serios y lo performático sobre cualquier consideración, los asesores comunicacionales han ido adquiriendo una importancia creciente.

Es evidente que la forma de comunicar es clave, pero pareciera cada vez más que las formas dominan sobre el fondo, el cual empieza a quedar oculto en un mar de declaraciones para la barra brava. El resultado es que las estrategias comunicacionales nos dejan cada vez más incomunicados.

Estas ideas me surgen no sólo por el penoso incidente del cable chino, sino también por las crecientes dificultades de lograr acuerdos en todo tipo de materias. Los interlocutores están constantemente en la plaza pública, buscando frases rimbombantes, detrás de las cuales su verdadero pensamiento es un misterio. La conversación pública es de esta forma cada vez más polarizada y conflictiva, y lo más grave muy poco honesta y transparente ¿Por qué los políticos no revelan sus verdaderas ideas y las viven escondiendo en las consignas recomendadas por sus asesores? Los ciudadanos sentimos finalmente que estamos siempre en el medio de un “baile de máscaras”, con lo cual se acrecienta la desconfianza en el mundo político.

A mediados de 2023, luego de finalizado el trabajo de la Comisión Experta del proceso constitucional, que logró acuerdos muy sustanciales, invité a uno de sus integrantes a dar una charla a los alumnos. Una de las preguntas fue relativa a cómo lograron esos acuerdos en el contexto de un clima político muy crispado. La respuesta tuvo mucho que ver con los problemas comunicacionales que tenemos a nivel público. La comisión de la cual formaba parte ese experto realizó el ejercicio de tener una conversación sin prensa, en que cada uno de los integrantes pudiera plantear en forma honesta y transparente sus miedos y objeciones reales a las propuestas de sus adversarios. Se trataba entonces de “sacarse las máscaras”, lo que tuvo el buen resultado de lograr los consensos necesarios.

Tuve una experiencia en la misma línea con la participación en la Mesa Técnica de Pensiones, donde se estableció la regla de que cada uno de los participantes estaba impedido de filtrar a los medios la conversación que se estaba teniendo. Aunque lamentablemente en la etapa final el documento se filtró, estoy convencida que esa confidencialidad fue un elemento clave en el logro de los acuerdos, porque nos permitía plantear los puntos en forma clara y abierta, sin temor a ataques destemplados de las redes sociales.

¿A qué van estas experiencias? A que resulta bastante evidente, en el lamentable episodio del cable chino, que el absurdo del “error de tipeo” y aquello de “no contestar a un número desconocido” son máscaras bastante burdas de lo que realmente pasó, y por supuesto, malas ideas de los asesores comunicacionales, que a veces parecen creer que los ciudadanos somos tontos. Para qué decir lo que han sido las explicaciones del ministro de Hacienda tratando de vender lo bien que lo hicieron en materia fiscal, con un “cherry picking” de cifras que lo deja francamente como un mentiroso frente a los que entendemos del tema.

No se trata en absoluto de eliminar a los asesores de prensa, sino de recuperar una forma y tono de conversación pública en que cada uno pueda plantear en buena forma lo que realmente piensa. Se trata de una condición necesaria para que recuperemos la amistad cívica perdida hace más de una década.

Señores asesores comunicacionales: su pega no debería ser disfrazar las ideas de lo que no son para que suenen más bonitas, sino la de buscar formas de expresar en forma honesta y no belicosa lo que realmente se piensa.

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2 Comments

  1. Buen punto. En honor a la estricta verdad la Comisión Experta logró muchos y amplios consenso, pero, una estrategia fue que en aquellos temas o áreas sin consenso, o no se normaba o se formulaba una redacción neutra. En otras palabras, chuteo definiciones para otros momentos, quedando áreas sin normas.

  2. Lo lamentable es que frecuentemente no son los asesores comunicacionales sino los asesores directos, los círculos de hierro que se solazan en esos trampantojos y el posterior desaguisado tiene que defenderlo la gente de comunicaciones quedando en ridículo ante el ciudadano que comprendió la máscara y el segundo intento de explicación produce un rechazo enorme. Es un toro previamente toreado y va al bulto. El truco funciona una vez.

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