El lunes 4 de diciembre de 2023, el Consejo de la Unión Europea adoptó dos decisiones trascendentales para Chile: la firma del Acuerdo Marco Avanzado y del Acuerdo Interino de Comercio con Chile. En su conjunto estas dos decisiones constituyen una nueva versión del Acuerdo de Asociación Chile-Unión Europea, vigente desde el 1 de marzo de 2005. Según el anuncio oficial de la UE “el nuevo acuerdo fortalecerá las relaciones políticas y económicas entre Chile y la UE”, y “profundizando las relaciones de cooperación, comercio, e inversión”.
Es un acuerdo mayor, el más importante alcanzado durante la administración Boric y el más trascendente en la última década. En 2022, el comercio entre la UE y Chile alcanzó un valor de €18.502 millones. Según cifras de Eurostat y del Banco Central, el stock de IED de la UE llegó en 2021 a €54.085 millones, representando el 35,44% del total de la inversión extranjera en Chile.
El acuerdo alcanzado el lunes por el Consejo de la Unión debería traducirse en la suscripción del Tratado antes de fines de año. Es un gran logro económico para nuestra diplomacia, pero no se trata solamente de eso. Interesa también recalcar que, según lo que dice el Acuerdo Marco, este pacto se funda en los valores de la democracia y los derechos humanos e incluye la cooperación en temas de salud, medio ambiente, cambio climático, gobernanza de los océanos, energía, tributación, educación y cultura, trabajo, empleo, tecnología, transporte y, de manera muy importante, cooperación legal, lavado de dinero, financiamiento del terrorismo, crimen organizado y corrupción, haciendo además aplicables las normativas de la Corte Penal Internacional, las Armas de Destrucción Masivas, el uso de armas pequeñas y el anti terrorismo. Después de la firma, deberá ser ratificado por el Parlamento europeo y el Parlamento chileno, lo cual seguramente tendrá lugar en los primeros meses de 2024.
En ese proceso, este gran tratado será analizado e interpretado con mucho detalle. Por ahora, sin embargo, interesa poner de relieve un aspecto de política exterior.
Un acuerdo como este sólo puede suscribirse cuando existen entre ambas partes niveles de afinidad que van mucho más allá de lo económico. Muchos de los temas que Chile y la Unión Europea acuerdan son asuntos sustantivos de la agenda internacional. Los temas de la enumeración pueden realizarse porque en ellos existen acuerdos acerca de su valor como reglas de conducta globales. Se enumeran ahí los derechos humanos, los derechos sociales, el uso de armas cortas, el antiterrorismo, la corrupción, etc., dando por sentado que Chile y la UE tienen posiciones similares acerca de cada uno de estos temas. Ciertamente existen otros países o conjuntos de países con los cuales queremos llegar a acuerdos económicos, pero con ellos no incluiríamos con comodidad estos asuntos valóricos. Un acuerdo de esta envergadura constituye una verdadera asociación estratégica.
Con el retorno a la democracia en Chile en 1990, se desarrollaron las primeras negociaciones de cooperación con la Unión Europea, que en un primer período se circunscribieron a la cooperación Técnica, excluyendo aún las negociaciones comerciales. El primer acuerdo con la UE tenía sólo ese propósito y, aun cuando ya las exportaciones chilenas a Europa crecían rápidamente, no se consideraba por parte de la UE la posibilidad de incluir el comercio dentro de nuestros acuerdos permanentes. Al contrario, en las continuas negociaciones de cooperación técnica sostenidas anualmente, se fortalecía ese grado de intercambio, pero nuestro acceso a los organismos de la UE se limitaba al plano de la Cooperación Técnica.
Esa restricción sólo se removió cuando, después de la apertura de negociaciones comerciales por parte de Estados Unidos con América Latina, primero durante la administración de George Bush en 1992 y luego de manera más explicita en la Cumbre de las Américas de 1994, convocada por el Presidente Clinton, en la cual se invitó a Chile a participar para formar parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA).
La UE respondió a este progreso invitando al recientemente formado Mercosur a una negociación similar y admitiendo más tarde la posibilidad de que Chile participara en tales negociaciones de manera paralela. Esas conversaciones, que me tocó conducir, se realizaron a partir de 1995, con reuniones que se llevaban a cabo en el mismo lugar, pero por separado, con Chile y con Mercosur. Pronto quedó en evidencia, sin embargo, que mientras el diálogo bilateral de la UE con Chile avanzaba, las negociaciones con Mercosur se veían estancadas, por desacuerdos importantes en los temas de agricultura.
1996 fue un año decisivo de las negociaciones comerciales de Chile. El 21 de junio, en Florencia, el Presidente Eduardo Frei suscribió con todos los Jefes de Gobierno de la Unión Europea y Chile, el primer Acuerdo Marco para avanzar a un Tratado de Asociación bilateral. Pocos días después, el 25 de Julio en San Luis, Argentina, suscribiría el Tratado que convertía a Chile en miembro asociado del Mercosur.
Las bases estaban echadas, pero las negociaciones fueron largas, tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea, ambos ansiosos de encontrar acuerdos más amplios que incluyeran a toda América Latina o al menos a Mercosur. Cuando fue evidente que ello no ocurriría, Chile firmó en junio de 2003 el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (antes lo había hecho ya con México y con Canadá) y luego el actual Tratado de Asociación con la Unión Europea, que entró en vigor el 1 de marzo de 2005.
Entretanto Chile había ya suscrito tratados similares con casi todos los países de América Latina e ingresado a APEC formalmente en 1994, había logrado iniciar un conjunto de Tratados comerciales que incluyen primero a Corea del Sur (2003), China (2005), Japón (2007) y la mayor parte de los demás miembros de APEC.
Es este conjunto de acuerdos comerciales, alcanzados en menos de dos décadas, superando muchas dificultades, lo que ha permitido a Chile ampliar su comercio exterior a más de un 70% de su PGB y afianzando así un período del mayor crecimiento económico en más de un siglo. Aprobado este año el Acuerdo Transpacífico (TPP) se abren nuevos caminos y el nuevo Tratado con la Unión Europa, mucho más amplio que los anteriores, abre un nuevo camino a la inserción de Chile en la economía mundial.
La nueva versión del Acuerdo de Asociación de Chile con la Unión Europea es la política exterior de Estado que hemos practicado de manera perseverante desde 1990. Se ha negociado desde 2013, cuando en Bruselas en el marco de la Cumbre CELAC-Unión Europea, Chile y la UE acordaron dar un nuevo paso en la modernización de nuestros acuerdos, para incluir además de una profundización del comercio (un 99,7% de los productos de la UE entrarán a Chile con arancel 0) y la inversión, muchos de los grandes temas que hoy preocupan a la comunidad internacional, en un período de agudos cambios tecnológicos, que transforman día a día nuestras sociedades.
Es esta política de Estado de plena incorporación a la economía y la política mundial la que inicia una nueva etapa con la inminente suscripción del nuevo Acuerdo de Asociación Chile- Unión Europea.

Pero hace 10 años que Chile no es igual, sin ideas, sin liderazgo, sin crecimiento, sin conduccion, con mucha corrupción, delincuencia, sin estado de derecho, un desastre llevado a cabo por la izquierda radical y no democratica