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José Antonio Kast es el nuevo Presidente de Chile. Luego de dos campañas presidenciales, la tercera fue la vencida. Probablemente existirán muchos análisis sobre su trayectoria, victoria y los elementos clave de la campaña electoral, pero hay un factor humano que, quizás por obvio se olvida, pero es esencial. El apoyo de la nueva Primera Dama, Pía Adriasola (y los famosos martes de pololeo), y el de su familia, ha sido fundamental, como públicamente lo ha destacado y agradecido varias veces.

Para los chilenos (6 de cada 10), la familia sigue siendo la institución más valorada y el principal apoyo frente a las dificultades. La familia es irremplazable, configura gran parte de la identidad de sus integrantes y en ella más del 90% ve su principal fuente de identidad. Para muchos políticos, el cónyuge suele ser el principal consejero, cable a tierra y pilar de apoyo, orientación y contención, especialmente, en las decisiones y momentos difíciles. La historia está repleta de hombres y mujeres que ocupando (o no) cargos de poder de todo tipo han tenido un apoyo irremplazable en su matrimonio.

Los “martes de pololeo” (la tradición de dedicar unas horas con cierta periodicidad para salir a comer y conversar) de un matrimonio de más de 30 años y nueve hijos contrasta con la tendencia decreciente en las generaciones más jóvenes a casarse y postergar la formación de una familia. Es común encontrar cada vez más noticias y estudios en el extranjero que intentan responder la pregunta sobre esta decisión tan vital. Distintas razones, especialmente de desarrollo profesional y laboral, surgen para aplazar esta decisión. También hay otras, relacionadas con malas experiencias de los propios padres o la dificultad y costos de todo tipo que se imaginan por vivir con otra persona, con todos sus defectos y virtudes. La Encuesta Bicentenario UC 2024 también revela una desconfianza en que el matrimonio dure para siempre, y según cifras del INE 1 de cada 5 matrimonios dura menos de 10 años, y en las generaciones más recientes duran incluso menos. Hay una menor disposición a trabajar a largo plazo en solucionar conflictos maritales.

Es inevitable que en un matrimonio existan desencuentros, que ya no haya tiempo para hablar. Hacerse el tiempo para conversar, con cierta periodicidad, por cierto que ayuda. Se trata de una cuestión de buena voluntad y, especialmente, de perseverancia, que impide que la intensidad del día a día convierta a los matrimonios en dos extraños que comparten techo y rutina. Y esto es fundamental en una sociedad dominada por las redes sociales. Comentario común es “¿para qué salen, si se quedan pegados viendo el celular y no conversan?”. De hecho, según estudios chilenos de 2022 y 2024, la infidelidad se facilita por el contacto de las redes sociales y apps de citas. La presencialidad y desconexión es el mejor antídoto contra la droga moderna de la virtualidad alienante.

A los chilenos nos encantan las tradiciones y las buenas tradiciones hay que mantenerlas y promoverlas. Quizás muchos matrimonios podrían encontrar más tiempo para ellos mismos en los martes (o cualquier otro día) de pololeo y de ponerse al día, apostando por la comida, la perseverancia y la presencialidad. Al menos, ahora tenemos un ejemplo que sí ha funcionado.

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