07 de Septiembre del 2013/SANTIAGO Durante esta tarde se realizo la primera jornada de una nueva edición del Concurso Municipal "A pura Cueca", que contemplo tres jornadas de preselección en diferentes barrios de la comuna, en las que se bailaron diferentes estilos de cueca brava. FOTO:VICTOR PEREZ7AGENCIAUNO

Septiembre es un mes especial, lleno de vitalidad, marcado por la llegada de la primavera y un ambiente festivo, propio de las celebraciones patrias. También es un mes cargado de una enorme densidad histórica y simbólica, producto de los numerosos acontecimientos que definieron a Chile en sus dos siglos de vida republicana, y que tuvieron lugar precisamente durante septiembre.

Todo comenzó en un lejano 1810. El 18 de septiembre de ese año se realizó el Cabildo Abierto, el cual dio origen a la Primera Junta de Gobierno que, con el paso de los meses, abriría el camino hacia la emancipación, como precisó la Declaración de la Independencia (1 de enero de 1818): “La revolución del 18 de Septiembre de 1810 fue el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo llamaba el tiempo y la naturaleza: sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una gran guerra en que el gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la América sobrevivirá al trastorno de todos los abusos”.

Con el paso de los años el 18 de septiembre pasó a ser la fiesta nacional, si bien en las primeras décadas coexistió con otras dos celebraciones: el 12 de febrero (Batalla de Chacabuco) y el 5 de abril (batalla de Maipú). Finalmente, en la década de 1830 fue “el 18” la fecha única de “la independencia”, quedó como la fiesta nacional, dejando atrás la “pluralidad festiva” de los primeros años, como ha analizado Paulina Peralta en ¡Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre de 1810-1837) (Santiago, LOM, 2007). La forma de celebración tenía diversas dimensiones: las fiestas populares (chinganas, pampillas o ramadas), los juegos de guerra (hoy sería la Parada Militar), un gran baile (que con el tiempo se transformaría en la Gala del Teatro Municipal) y el Te Deum, para agradecer a Dios por los bienes recibidos por la patria.

La consolidación republicana también estaría asociada al 18 de septiembre, como se probó en 1831, cuando Joaquín Prieto asumió como Presidente de la República. Desde entonces, quedó como la fecha de cambio de mando, que permanecería sin interrupción hasta 1886, cuando asumió José Manuel Balmaceda como Jefe de Estado, con una continuidad institucional que enorgullecía a los sectores dirigentes y que era respetada por la comunidad internacional.

En el siglo XX, este mes también estaría asociado a la evolución democrática de Chile. Desde 1946 en adelante las elecciones presidenciales se celebraban los 4 de septiembre, cada seis años. Al no existir segunda vuelta, en la práctica esa fue la elección en la que fueron elegidos Gabriel González Videla, Carlos Ibáñez del Campo, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende. Solo el líder demócrata cristiano no necesitó ser elegido por el Congreso Pleno, al obtener más de la mitad de los votos en la elección de 1964.

Septiembre también fue el mes de las rupturas institucionales en Chile durante el siglo XX. Primero con el ruido de sables en 1924, que se consolidó con el Manifiesto de la Junta Militar del 11 de septiembre de ese año, que enfatizaba la necesidad de una Asamblea Constituyente para hacer una nueva Constitución, tras lo cual daría por concluida su misión. Lo mismo ocurrió tras el 11 de septiembre de 1973, cuyos documentos iniciales enfatizaban la necesidad de “restaurar la chilenidad, la justicia y la institucionalidad quebrantadas”, no obstante con los años la Junta de Gobierno daría paso a una nueva institucionalidad. De esta manera, tanto la Constitución de 1925 como la de 1980 tuvieron su origen en sendas intervenciones militares.

Las Constituciones también se relacionarían con el mes patrio en democracia. El 17 de septiembre de 2005, el presidente Ricardo Lagos promulgó la nueva Constitución que lleva su firma, y pronunció un discurso en el que señaló: “Iniciamos nuestras celebraciones nacionales con una patria más grande, más unida, más prestigiosa, reconocida en el mundo; una patria que recuerda con orgullo su pasado y construye entusiasta su porvenir; una patria que termina de reencontrarse con su tradición histórica, donde todos sus hijos pueden abrazarse”.

Los momentos de quiebre institucional también tuvieron otras consecuencias dramáticas, que se repitieron en los siglos XIX y XX. El 11 de septiembre de 1973 se suicidó el presidente Salvador Allende en el Palacio de La Moneda, tras despedirse con un emotivo discurso a través de radio Magallanes, en la mañana del mismo 11 de septiembre. Con ello seguía la fórmula de José Manuel Balmaceda, quien el 19 de septiembre de 1891 también se suicidó, en la legación de Argentina en Chile, donde se encontraba asilado. El día anterior Balmaceda había redactado su Testamento Político, donde explicitó: “El 28 de Agosto depuse de hecho el mando en el General Baquedano, y de derecho termino hoy el mandato que recibí de mis conciudadanos en 1886”.

Como se puede apreciar, septiembre es un mes cargado de historia y de contradicciones. Es el mes de la patria, en el cual los chilenos recuerdan y celebran, cantan, se reúnen y miran hacia la historia y el futuro. Pero también es un mes en el cual se han producido algunos quiebres constitucionales y la génesis de algunas constituciones, que ha estado marcado por dolores que permanecen, lo que recrea los fantasmas y problemas de la historia nacional en dos siglos de vida republicana. Por lo mismo, es necesario poner atención, así como es preciso intentar conocer y comprender la historia de Chile republicano. Todo comenzó un lejano 18 de septiembre de 1810.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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