01 DE JUNIO DE 2021/VALPARAISO Detalle de la banda presidencial del Presidente Sebastian Piñera, durante la Cuenta Publica Presidencial 2021, que se realiza en el Salón Plenario del Congreso Nacional FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

Mucho se ha escrito sobre los errores comunicacionales de este, el segundo gobierno de Sebastián Piñera, pero la contingencia obliga a hacerlo una vez más y, lamentablemente, quizás no sea la última.

Y es que el Presidente parece permanentemente llegar al límite de lo posible a este respecto, pero él mismo, semana tras semana, se encarga de demostrar que siempre se puede hacer un poco peor.

La última cuenta pública de su gobierno era la oportunidad perfecta para hacer anuncios poderosos en lo social, establecer puentes sólidos con la oposición, reconstruir a un oficialismo golpeado electoral y políticamente, y, en definitiva, instalar una narrativa final para sus últimos meses de gobierno y así intentar redefinir su tan anhelado “legado”. Pero nada de eso ocurrió… largos pasajes de historia de Chile, un puñado de anuncios interesantes pero que no han sido acompañados de hechos concretos y un perdón a medias que, tal como las ayudas, parece haber llegado demasiado tarde. Todo un pastel discursivo coronado con la cereza del anuncio de otorgarle urgencia al llamado “matrimonio igualitario”.

Más allá de la postura que se tenga respecto a esto último, es evidente que es un asunto que debe ser abordado con seriedad por las autoridades para hacerse cargo de una realidad muy potente y frente a la cual un buen porcentaje de la sociedad ha cambiado su posición en pocos años. Tan innegable como aquello es el hecho de que el momento y el modo en el que la medida fue comunicada fue una nueva demostración de los mayores defectos del Presidente.

En comunicación política todo mensaje es estratégico y tiene un destinatario (explícito y/o implícito). Respecto a la estrategia, el momento de decidirse a incluir dicho anuncio ya genera dudas importantes. La inmensa mayoría de ministros y subsecretarios no tenían ni idea, incluso el “ojo que todo lo ve” de Cristián Larroulet aparentemente desconocía el asunto, tal como ocurrió con los presidentes de los partidos de la coalición. Además, la versión del discurso enviada con embargo a los medios de comunicación horas antes no incluía nada a este respecto. Frente a esto, hay dos opciones: o el Presidente de verdad tuvo una ocurrencia de último minuto y volvió a caer rendido frente a su atolondramiento endémico, pasando a llevar a su equipo y sus aliados o, de lo contrario, siempre pensó en decirlo, pero prefirió ocultarlo a los suyos y a los medios, sabiendo el efecto que esto tendría. Ambas opciones, son, por lo menos, preocupantes.

Por otro lado, el destinatario del mensaje es aún una incógnita. Lanzado el anuncio, el efecto fue inmediato y será de larga duración: un revuelo profundo entre los aliados, desconfianza general entre sus adversarios y no pocos colectivos homosexuales hablando abiertamente de una lamentable estrategia de “pinkwashing”. De los 9 de cada 10 chilenos que no ve con buenos ojos al Presidente, ninguno cambiará su percepción por un anuncio hecho así, aunque el fondo del asunto sea positivo. Si la aguja de las encuestas se moviera favorablemente, será algo fugaz.

El matrimonio homosexual debe ser abordado. De eso no hay dudas. Pero el acto comunicacional con el que el asunto fue puesto sobre la mesa genera un océano de dudas y sólo una certeza: el actual gobierno de Chile desconoce, por enésima vez, el hecho de que no se puede gobernar bien si se comunica mal.

Doctor en Comunicación Pública. Director de la Escuela de Periodismo de la U. Finis Terrae

Deja un comentario

Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.