Afuera me ganan y dentro se pelean
El espacio que tiene el gobierno para maniobrar está cada vez más constreñido. En el Parlamento la ya difícil situación inicial ha empeorado. Si al principio contaba con mayoría en la Cámara y un empate en el Senado, ahora está en minoría en este último y está prácticamente empatado en la Cámara.
A esta situación se suma la necesidad del Frente Amplio (FA) de posicionarse en la izquierda, lo que la hace marcar más las tintas.
Lo que quiere evitar es que ocurra algo similar a Chile Vamos. Allí la dirigencia se durmió en los laureles primero y se rutinizó después. El resultado fue que Republicanos les ganó el quien vive desde donde menos lo esperaban, es decir, desde su propia ala. Hoy, mostrando la misma falta de imaginación inicial todos parecen competir por quién es más duro con el Gobierno.
La coalición de izquierda no quiere que le ocurra algo similar y se decanta por una posición más radical antes que otros los desborden. La tendencia es irreversible porque el FA se encuentra definiendo el liderazgo al fusionarse en un solo partido, y nadie gana en estos barrios proponiendo la unidad y la concordia nacional.
Pero si unos se polarizan, no ocurre para nada lo mismo con la socialdemócrata. La tendencia es hacia la moderación y la distancia entre ambos tiende a ampliarse.
Parte importante del atractivo que en el PS tuvo la llegada de una nueva generación fuera de sus filas se ha ido desvaneciendo. Por si fuera poco, si el PS, el PPD o el PR se radicalizan, serían abandonados por su electorado habitual. Ahora nadie sigue a otros para siempre y menos cuando no se ven representados en las decisiones de sus dirigentes.
El resultado predecible es que la distancia entre las posiciones internas aumentará y ello se va a expresar con mucha claridad en las opciones presidenciales. Puede que el compartir gobierno evite las rupturas, pero no va a pasar lo mismo con la expresión de las diferencias, que ya han empezado a ser habitualmente públicas.
Con la derecha más fuerte fuera y las discrepancias más intensas dentro, el oficialismo no puede darse el lujo de que la conducción política de La Moneda falle.
No se pueden perder los partidos de local
Una minoría puede resistir bien un asedio, pero a condición de mantener una fuerte cohesión en la cúpula política, partiendo de la base de que esta dirección exista como tal y con capacidad de dirigir al conjunto.
Esta no es una aclaración antojadiza o irónica. Ocurre que lo más frecuente en el gobierno es un funcionamiento por compartimientos estanco. No es lo ideal, pero permite que lo bueno siga funcionando cuando la tarea depende de un equipo interno afiatado; sin embargo, este modo de proceder no puede permanecer igual cuando la coordinación se vuelve imprescindible.
Se requiere trabajo de equipo en La Moneda, porque las operaciones necesarias son finas y necesitan de la participación disciplinada de todos.
Ocurre que ahora la exigencia mayor se da en el tema de seguridad que es donde, pese a la evaluación ciudadana negativa, es una de las secciones de la administración de Boric donde mejor se ha funcionado.
La operación más importante que se tiene entre manos tiene que ver con el reemplazo de la dirección nacional de ambas policías. Algo imprescindible dado que no parece del todo coherente que se pida a los demás el cumplimiento de la ley cuando los líderes de ambas instituciones enfrentar procesos judiciales y uno de ellos se encuentra en prisión preventiva.
La primera parte ya se cumplió en el caso del director de la PDI, Sergio Muñoz, porque la investigación avanzó tanto que, aun sin sentencia final, los hechos comprobados son suficientemente graves como para su salida obligada.
El caso de Ricardo Yáñez en Carabineros es distinto. Si es formalizado en mayo ocurrirá algo análogo a lo sucedido con Muñoz, pero eso puede volverse una distancia muy grande y lo más prudente es actuar antes.
Por supuesto, si Yáñez sale con anticipación es porque él mismo ha arribado al convencimiento de que ha llegado a ser la mejor opción disponible. Más que un asunto de fuerza se trata de generar un convencimiento, lo que es sinónimo de un procedimiento muy reservado y sin presiones.
Por la boca muere el ministro
Si no se cometen errores, el mismo trabajo bien hecho en colaboración con Carabineros avala que lo que se haga no será por motivos mezquinos o por prejuicios. El paso final, cuando se toma la decisión, ya sea porque se pide o se ofrece, sólo puede ser señalado por el Presidente. En cada ocasión sólo él tiene que definir cuándo se lanzan al abordaje y no cada uno cuando le tinca.
Pero aquí pasó algo insólito. El ministro de Justicia sorprendió a La Moneda pidiendo a Yáñez evaluar su salida. Justo lo contrario de lo que se necesitaba.
El Comité Político, que tenía que dirigir el curso de los acontecimientos, se tuvo que reunir para enterarse de lo que estaba pasando y poner límite al desaguisado.
Esto ha sido un rotundo error, por alguien acostumbrado a tener las respuestas a lo que se le pregunta. Pero el grado del retroceso que se ha tenido se puede constatar por la jugada obligada de Tohá de aclarar que «no hay una situación que impida que Yáñez siga en su cargo», lo que es cierto y no es cierto a la vez.
El propio Boric tuvo que llegar al extremo opuesto de su declaraciones de dirigente estudiantil y diputado rebelde al afirmar con su voz más conciliadora que «lo que hace una persona no mancha a toda la institución», una frase que Aylwin y los presidente de la Concertación afirmaban a cada rato. Y aunque su frase referida a la policía: “la gran mayoría son gente honesta”, no va a entrar al concurso de sus frases más atinadas, la buena intención también vale.
Se tiene que entender como error cada vez que el Presidente es reemplazado en su función de líder que anuncia los principales pasos a dar. Si un ministro adelanta lo que el gobierno hará, sin que nadie lo haya comisionado para eso, se ha cometido un grave error y no solo una falta.
Al gobierno le va a ir bien, no si aumenta el número de quienes hablan a su favor, sino en la medida que consiga que más de los propios se callen cuando la solvencia técnica no reemplaza la habilidad política.
Las decisiones difíciles que tomar por el oficialismo en las que no requiere la opinión del Parlamento, es decir, todo lo que es propio de la gestión, La Moneda debe resolverlas bien, pronto y con el menor costo posible. Lo que falta es tiempo y el que se haya desperdiciado hasta ahora no es excusa para seguir haciéndolo.
