Acuerdo de pocos, molestia de muchos
En 2019, un primer acuerdo político sintonizó con la necesidad ciudadana de encausar el estallido social. Un segundo acuerdo después del plebiscito, esta vez en el Parlamento, permitió darle continuidad a un proceso constitucional ante una ciudadanía que ya estaba dando por sancionada la cuestión. Ahora se dice que un tercer acuerdo político permitiría reencausar un proceso trabado por un discurso identitario de derecha ante una ciudadanía ya irritada.
La secuencia no muestra nada bueno. El problema no radica en la capacidad de entendimiento entre adversarios, que es algo siempre digno de elogio.
Lo que queda igualmente demostrado es que el ejercicio del diálogo transversal es un recurso al que se acude después de haberse dado todo tipo de gustos identitarios sin ninguna necesidad. La autorregulación ha brillado por su ausencia.
El 90% del tiempo se emplea en cometer y cultivar un error fundamental y, luego, se conceden los descuentos para el intento de enmendar el estropicio cultivado con dedicación. Por alguna razón se estima que esto queda fuera de la percepción de la opinión pública o que no importa demasiado.
Pero se está pidiendo cada vez un diálogo de última hora practicado cada vez menos. Y esto no es una película de suspenso, sino un proceso constitucional.
No es la primera vez que se puede sobrevalorar la capacidad de convencimiento una vez que la paciencia de la gente se ha agotado. En el plebiscito anterior, la centroizquierda estaba convencida que la negociación de los partidos había «salvado el Apruebo», como señaló en ese instante la presidenta del PS. Es lo que hubiera pasado algunos años antes, con partidos menos deteriorados y una opinión pública más receptiva. Ese tiempo había acabado.
Cuando las sorpresas políticas se suceden unas a otras, sin dar muestras de agotarse y lo que parecía sólido y permanente ha dejado de serlo, no parece prudente creer que los ciudadanos van a seguir escogiendo por necesidad a los mismos actores para demostrar su descontento. Es esa seguridad la que ha hecho caer de su sitial a muchos y no se ve por qué Republicanos pudiera ser la excepción.
Para qué me invitan si saben cómo me pongo
Este procedimiento de pasar por un período de exageración para después intentar que se de un resultado de mayor equilibrio, también lo hemos visto en el caso de la agenda de seguridad, en específico en la ley de usurpaciones.
Un acuerdo político ha permitido ir despachando un importante número de leyes en el área de la seguridad ciudadana. En esta materia hemos avanzado más que en ningún otro gobierno desde la transición, en un espacio de tiempo muy reducido.
Bastó que las buenas noticias se sucedieran para que se abusara de este buen expediente. Como el pacto establecido consiste en despachar leyes y dirimir por mayorías y minorías donde no exista el acuerdo, no faltó el que dio un mal uso al expediente de despacho rápido para incluir una exageración.
La exageración consistió en permitir la autotutela, es decir, la posibilidad de ejercer la justicia por propia mano como procedimiento para recuperar una propiedad. Como nadie dijo que el último que recurre a la fuerza es el que cree tener la razón, lo que ocurría era que la ley propiciaba el enfrentamiento entre civiles.
El gobierno no lo podía aceptar y procedió a ejercer el veto a la ley aprobada, en este aspecto controversial. Las cosas no quedaron allí porque a una exageración le opuso otra de signo contrario, improvisando una argumentación que partió hablando de ocupaciones “pacíficas” que podían se sancionadas con multas. Esto fue lo mismo que llamar al desorden en las filas propias, que fue exactamente lo que pasó.
Cuando el sentido común parece tomarse vacaciones, lo que sucede es que cada cual considera que se debe guiar por su buen saber y entender, con lo cual el oficialismo se ha dividido sin siquiera hacer el intento de ponerse de acuerdo.
En el origen de cada paso mal dado ha estado la renuncia consciente de personas en puestos de responsabilidad que cede ante sus electores más radicalizados o a las presiones políticas internas. Lo que ha salido ganando es la fragmentación y lo que ha salido perdiendo es la vía del entendimiento, práctica que ha sido abandonada, esperamos que momentáneamente, en beneficio del desorden.
La vía chilena al pragmatismo
No sé si de estos episodios saldrán personas más sabias, pero sí saldrá un número considerable de contusos y heridos. Una forma primitiva de aprendizaje.
Estamos desechando el empleo continuo y constante de la especialidad chilena de cultivar los entendimientos. Estamos apostando a los avances en zigzag y a los bandazos. Hemos adquirido la costumbre de los rescates de última hora, evitando naufragios que nunca debieron llegar a ser episodios que estuvieran a la vista.
En lo posible, hay que retomar los acuerdos, que en el caso de seguridad consiste en reincidir en la agenda transversal que se venía trabajando y, en del proceso constitucional, requeriría un poco probable regreso al cauce preparado por la Comisión Experta.
Pero no hay que engañarse. El procedimiento de intentar salvar el resultado una vez que se ha extraviado el camino y empleado métodos cuestionables, se hace cada vez más difícil.
La derecha está asumiendo la enorme responsabilidad de haber presidencializado hasta un punto malsano en debate constitucional. Los diferentes cursos de acción tienen ganadores y perdedores de sus filas en su carrera por alcanzar el poder.
Cuando José Antonio Kast dice que el próximo plebiscito “lo vamos a dar vuelta en dos meses”, está uniendo el resultado de una decisión constitucional con su candidatura y en contra de la posición tomada por Evelyn Matthei. Si de allí sale algo parecido al fortalecimiento de la gobernabilidad del país ha de ser por pura casualidad.
El oficialismo también ha bajado un escalón alejándose de una política más integradora de sus posiciones internas. En los últimos episodios, La Moneda adaptó el veto en la ley de usurpaciones a lo que una vez fue Apruebo Dignidad y hoy representa al Frente Amplio y al PC. En los debates críticos, las diferencias con los sectores moderados se expresan siempre. Las implicancias son obvias.
Estamos entrando con anticipación en un período electoral extendido. Si esto es lo único que sucede no será bueno para la estabilidad institucional. En paralelo, los adversarios deben implementar una “vía chilena al pragmatismo”, acuerdos imprescindibles en materias urgentes. Una mayor articulación de los moderados facilitaría mucho esta voluntad básica de entendimiento.

Como siempre en tus seudo análisis , lo ponderado, criterioso y popular, son tus ideas y las de tu sector, disfrazadas de un manto de objetividad…….