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FOTO: MARCOS MALDONADO / AGENCIAUNO

No va a cambiar nada, excepto lo fundamental

La próxima semana vence el plazo para inscribir las primarias para alcalde. Esto significa que se han de establecer antes los pactos electorales y que las negociaciones tienen que entregar muy pronto resultados concretos.

Siempre se anhela que el proceso finalice antes, pero el resultado es que el término del tiempo disponible es lo que provoca el acuerdo y no el acuerdo el que detiene la cuenta regresiva antes por la sensatez y buena disposición de los involucrados.

En ambos lados de la cancha se ha ocupado una parte importante de la agenda en una disputa interna por los municipios que se tienen asegurados, pero por lo mismo que su resultado final es una certeza son muy apetecidos por personas y partidos.

Las comunas donde se terminará con el cambio del actual titular serán aquellas que estén cruzadas por un tema de probidad; pero, en el resto de los casos, aún con una gestión que merezca reparos, los nombres tenderán a ser los mismos.

En cuanto a la mecánica de negociación no hay nada nuevo bajo el sol, pero no hay que perderse porque las novedades son importantes. Lo que interesa es si se pueden esperar pequeñas variaciones respecto de los resultados de la anterior elección municipal o si pasará algo diferente. Una segunda pregunta relevante es si esta competencia se relaciona de algún modo con la elección presidencial. En ambos casos hay cambios significativos.

El escenario político se ha alterado muchísimo en los últimos años y eso impactará de lleno en las elecciones locales. Los resultados próximos será muy diferentes a los que llevaron al poder a los actuales ediles. En paralelo y en el caso de la derecha, la carrera presidencial se inmiscuye profundamente en la competencia electoral local y regional, no así en el oficialismo donde faltan presidenciales, entre otras cosas.

Las diferencias son muchas, pero se pueden resumir en pocos puntos: en esta ocasión se tendrá voto obligatorio, la dispersión será mucho menor, las listas a concejales se reducirán prácticamente a la mitad y la lista más votada en este último caso será la de Chile Vamos. El dato que hay que retener es que aumentará significativamente el número de alcaldes y concejales electos por la derecha.

La elección municipal anterior se dio en un momento de reflujo del gobierno de Piñera, cuando el Frente Amplio crecía con fuerza y la dispersión de listas fue enorme. Eso favoreció al actual oficialismo, puesto que fue la lista PS-PPD a concejales la más votada con algo superior al 15% de los votos.

La situación hoy es muy diferente. Ahora es un gobierno de izquierda el que está a la defensiva, el actor emergente es Republicanos y aparecerán listas más grandes disminuyendo la dispersión.

Se gana vez por medio

En Chile se ha dado que los triunfos municipales se van alternando entre centroizquierda y centroderecha, en vísperas de las elecciones municipales en las que triunfan. No es una ley, pero es una constatación.

En la elección de 2016, previo al triunfo de Piñera, la centroderecha sacó 145 alcaldes y en 2021, antes de la elección de Boric, obtuvo apenas 87. Ahora la rueda de la fortuna volverá a girar.

Un dato nos sirve de pista para orientarnos. Venimos saliendo de un plebiscito donde la opción A favor, en que la derecha terminó sola, se quedó con lo propio, pero eso es nada menos que el 44% de los votos. Este puede ser su piso.

Si este porcentaje se reparte entre Chile Vamos, Republicanos y partidos recientes allegados, es seguro que la lista de centroderecha será por lejos la más votada. Republicanos, que antes apenas existía, ahora es una fuerza importante, pero representando la mitad de lo que pueden obtener sus socios.

Como la actual oposición fue duramente castigada en su peor momento, en esta ocasión sólo podrá subir y mucho.

Como otras fuerzas también se presentarán unidas y las listas se reducirán a la mitad, quedar aislado es lo mismo que desaparecer. Puede que la verdad es que la derecha se recupera de una baja excesiva anterior, pero se verá como una fuerza en ascenso.

Es más, si la centroizquierda cometiera la torpeza de dividirse y no se concentra en una lista principal para concejales que reúna al PS, PPD y DC, ocurrirá que este sector ya no sólo será superado por Chile Vamos, sino que puede quedar tercera después de Republicanos si a este partido le va un poco mejor de lo esperado. El resultado municipal, de cores, incluso el de gobernadores regionales podría significarle una derrota de proporciones insospechadas.

La pelea es con el vecino de al lado

Los números iniciales son sólo eso y pueden ser siempre alterados por las buenas decisiones políticas, pero no por la inercia. Para que eso ocurra hay que advertir lo que está pasando. Si el lector intenta recordar cuándo fue la última vez que La Moneda tomó la iniciativa política y la memoria le falla, entenderá de qué hablo.

Si antes era la derecha la que estaba en repliegue, sin poder conservar municipios importantes, ahora la marea ha cambiado de dirección. La única duda de quienes dirigen las campañas en curso es cuántos municipios son recuperados, en especial los emblemáticos.

Como tienen un solo gobernador, e incluso eso contando con suerte, avanzar en este espacio no parece improbable puesto que para salir se requiere del 40% de los votos, algo que pueden alcanzar unidos.

La competencia de la oposición no es, en la mirada estratégica de las elecciones territoriales, con el oficialismo. Lo que se está debatiendo en paralelo es el inicio de la disputa de sus candidatos presidenciales.

Quien avance más será el que arrebate más alcaldías emblemáticas al adversario. Es una validación por conquista de territorio recuperado. Sus expertos insisten en no dar por descontado el triunfo oficialista prácticamente en ningún lugar importante.

Así pues, la única sorpresa que nos pudiera traer la próxima elección municipal es que no existieran sorpresas. Pero todo tiende a favorecer que el naipe se rebaraje, particularmente porque son muchos los alcaldes que no pueden ir a la reelección.

Lo que más sorprende del discurso de los dirigentes oficialistas es que parecieran no considerar como posible una vuelta de campana de las autoridades electas cuando es esta la posibilidad más alta.

Sólo recuperar el sentido del peligro puede hacer que la competencia vuelve a ser tan interesante como intensa. Pero el peligro hay que verlo antes y no lamentarlo después, cuando ya de nada sirve.

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