plebiscito

1. El discurso del Gobierno, en materia constitucional, seguirá su evolución

Durante los últimos meses hemos sido testigos de un cambio radical en el discurso por parte del oficialismo. Al comienzo eran muy claros: “no nos ponemos en el escenario de que gane el Rechazo, porque eso no va a pasar”. Luego, cuando las encuestas comenzaron a demostrar lo contrario, tuvieron que salir a decir “votar Rechazo es votar por Pinochet”. Como eso no movió la aguja, cambiaron el frame: “si gana el Apruebo, esto se acaba; el Rechazo mantiene el proceso constituyente”.

Pero parece que la gente quería que se mantuviera el proceso, porque el Presidente Boric llegó incluso a decir, recientemente, que da lo mismo si gana el Apruebo o el Rechazo. Tal cual. Y por supuesto, ese es un discurso con fecha de vencimiento. A partir del 5/S, se espera que el Gobierno planee un plan de trabajo, una hoja de ruta, ya que…

2. Este proceso no termina el 4/S

Pase a lo que pase el día de la votación, el proceso seguirá adelante. Ya lo ha dicho Lenny Kravitz: no se acaba hasta que se acaba. Y si bien esto puede ser una noticia de pésimo gusto para quienes ya están saturados del clima constituyente, es bastante liberador y balsámico entender que luego del 4S tendremos que buscar nuevos acuerdos y alianzas.

Ahora que la inmensa mayoría de los sectores políticos ha entendido que la Constitución actual carece de legitimidad social (producto, no del estallido, sino del apabullante resultado del Plebiscito de Entrada), se podría incluso generar un nuevo acuerdo, similar al del 15-N, pero con más calma, sin el país incendiándose, y revalorizando el rol de los partidos políticos, los que lamentablemente en la Convención quedaron en un lúgubre segundo plano. Probablemente, los extremos se marginen (¿una vez más?) pero habrá un gran porcentaje de la ciudadanía que estará por darle a Chile una Nueva Constitución que represente a la mayoría y que, en definitiva, nos una como país.

3. Las bases de la nueva carta de navegación están más o menos consolidadas

En ese contexto, ya se han comenzado a delinear los ejes que debiera tener nuestro nuevo Pacto Social. ¿Reconocimiento a los pueblos originarios? Por supuesto, pero sin dividir nuestra nación. ¿Estado social de derecho? Evidente, pero con derechos aterrizados, sin ofrecer el oro y el moro, como si el papel aguantara todo. ¿Solidaridad y justicia social? Juegue; es impensable que alguien hoy se oponga a ello.

Pero junto con lo anterior, se requiere un sistema político sólido, que no termine siendo una jirafa con cola de pez y trompa de elefante, un sistema judicial autónomo y no politizado, y un cuerpo normativo que no tenga vergüenza de hablar de partidos políticos, Carabineros y recurso de protección (por nombrar apenas tres elementos que fueron desterrados de la propuesta de Nueva Constitución). Sobre todo lo anterior hay bastante consenso, al menos en los sectores moderados, y creo que no será difícil sentar las bases para una “Buena Nueva Constitución”.

4. A partir del 5/S surgirán nuevas alianzas

Hay un dato no menor en este proceso; por primera vez, un grupo importante de dirigentes, militantes y simpatizantes de la centroizquierda cruzó el rubikón. Ya no son llaneros solitarios como Frei Bolívar o Ravinet. Ahora es toda una institucionalidad que, a pesar de la historia y resistiendo los más ácidos prejuicios, decidieron aliarse y trabajar junto a sectores de la centroderecha. Y no es que personajes como Javiera Parada, Felipe Harboe o Ximena Rincón se hayan derechizado. Es que esta vez, de forma férrea y responsable, decidieron dejar de lado el sesgado progresismo que prefirió llamar a votar un texto en el que no creen. Y ese cambio de actitud puede ser muy interesante para el futuro, sobre todo considerando que en el Congreso del 5/S —especialmente si gana el Rechazo— se necesitarán sólo 4/7 para generar mayorías relevantes. Así, puede configurarse un polo moderado y articulador, que irá de la centroizquierda a la centroderecha, y que sin duda será un actor relevante para poner freno a la polarización ideológica que ha acechado al país en los últimos años.

5. El Chile del post-plebiscito implica un rebaraje del poder

Aunque gane el Apruebo, pero por supuesto —y con mayor razón— si gana el Rechazo, el Gobierno deberá hacer cambios radicales en su tablero de ajedrez. Y no sólo el Gobierno; también el resto del oficialismo e incluso la oposición. Surgirán nuevos liderazgos, y comenzarán a instalarse nuevos ejes de discusión, como adelanté en un punto anterior. Algunos constituyentes estarán en el centro de la noticia, otros deberán marchar al exilio. Evidentemente, la tímida articulación de pequeñas alianzas programáticas, gracias a los 4/7, puede ayudar decisivamente a esto, pero independiente de aquello, algo que está claro es que en el Chile del 5 de septiembre, habrá un nuevo aire en la contienda del poder.

*Roberto Munita es abogado, sociólogo y master en Gestión Política George Washington University.

Director de Administración Pública UNAB

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