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Se termina 2024, el tercer año del gobierno de Gabriel Boric y un año más que lamentar, pues el país no ha avanzado en nada. Por el contrario, hay retrocesos importantes en educación, salud, permisología, inversión, creación de empleo y crecimiento económico, en gestión política y por supuesto, lo que más preocupa a los chilenos, en seguridad, todo lo cual señala que la decadencia avanza inexorablemente en el país.

Cómo no va a ser decadente que en Navidad y su víspera se cometieran 16 homicidios; que el ex subsecretario del Interior, encargado de la seguridad del país, esté en prisión preventiva acusado de violación; que dos Ministros de la Corte Suprema hayan sido destituidos de sus cargos por AC en su contra; que un tribunal decrete que una decisión del Consejo de Ministros en el caso Dominga fue ilegal; y más grave aún es que se pronostica que al final de su gobierno, Boric tendrá el récord de haber logrado la menor expansión económica de todos los gobiernos desde el retorno de la democracia, con un 1,6% de promedio, peor que Bachelet II, que obtuvo un magro 1,8%. Y como si fuera poco, ahora van por las AFP y el mercado de capitales.

Para qué seguir, cuando el país ha sido testigo de la incapacidad de este gobierno de lograr cualquier cosa significativa que impacte en el desarrollo de Chile. Al contrario, se va 2024 y una vez más se ha visto postergada la ansiada meta de llegar a ser un país desarrollado, lo que ahora se estima podría lograrse sólo en 50 años más, en que se cree alcanzaríamos el ingreso per cápita de Portugal. 

Dicho lo anterior, en tres días más comienza 2025, el año que definirá el destino de Chile. Digo esto pues el resultado de las elecciones presidencial y parlamentaria señalarán si habrá continuidad o si se abre la posibilidad de generar un cambio copernicano en la dirección en que se está conduciendo actualmente el país.

No cabe ninguna duda que 2025 le brinda a la actual oposición una única y tal vez irrepetible oportunidad de generar ese cambio copernicano que tanto se necesita para salvar a Chile de caer al precipicio de la decadencia, sin vuelta atrás por muchas generaciones.

Pero, para generar dicho cambio, los partidos de oposición tienen que hacer todo bien. Hacer todo bien implica en primer lugar, dejar de lado cualquier tipo de intereses personales o partidistas y poner por delante el interés superior de Chile. Eso suena fácil decirlo, pero las ambiciones hegemónicas de no pocos dificultan ese logro, siendo este el primer obstáculo que hay que sortear.

Si eso se lograse, la mitad del camino estaría recorrido. Quedaría por delante ponerse de acuerdo en que el adversario que se tiene al frente no es el candidato del mismo sector, sino que el de la coalición gobernante que pretende mantenerse en el poder. Si eso no se entiende, bueno, es jugar con fuego y nunca el fuego amigo ha sido inofensivo. Superado este inconveniente, lo siguiente que se debe hacer bien es ofrecerle al país un sueño, pero no un sueño irrealizable sino algo factible de comprobar durante los cuatro años que dure el próximo mandato.

Enseguida, para generar ese cambio copernicano, no basta con obtener la Presidencia, pues es fundamental lograr una mayoría en el Congreso que permita gobernar y sacar adelante las reformas que se necesitará implementar parara retomar el camino al desarrollo. Para eso, se requerirán muy buenos candidatos, pero sin duda, lo más importante será contar con la generosidad de los partidos en ceder posiciones cuando sea pertinente, para lograr enfrentar a la izquierda con la unidad necesaria para obtener el triunfo en las elecciones y así poder definir el destino de Chile.

Si se hacen todas las cosas bien, lo que podría lograr la oposición es gobernar por varios períodos consecutivos, lo que le permitiría a Chile alcanzar el esquivo desarrollo en un mediano plazo.

Pero si no se hicieran todas las cosas bien y se instala una competencia negativa entre los candidatos del mismo sector, todo indica que el destino de Chile puede continuar en manos de los que hoy gobiernan, por lo que la sociedad civil tiene una relevante labor que cumplir, exigiéndole a los partidos de oposición que dediquen el máximo de sus capacidades a pensar en el interés superior del país, enfrentando a la izquierda con unidad de propósitos y con un proyecto innovador que haga soñar a la gente en un futuro mejor.

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