Señor Director:
En un país desigual, quienes están en la cumbre se hacen creer a ellos mismos que su triunfo tiene una justificación moral. En un país meritocrático, los ganadores deben creer que se han “ganado” su éxito gracias a su propio talento y esfuerzo.
Veamos ahora, en un país como Chile, donde nuestro mayor representante hace toda una campaña electoral basada en lo desigual y poco meritocrático que es el país, ¿cómo les explicamos a los ciudadanos, sus votantes, que ese mismo representante designa a sus autoridades basado en favores políticos y lazos sanguíneos?
¿Qué es Chile entonces? El mismo país de hace 30 años atrás, pero ahora no con los mismos de siempre, sino que con sus hijos y nietos en el poder.
Mauricio Henríquez.
