Señor Director:
Llama la atención el contraste entre el aplaudido proceso de vacunación que ha implementado el gobierno con su desempeño al momento de abordar los problemas en La Araucanía. Para esto último no hay vacuna todavía, pero no por eso debe actuarse con menos determinación a la hora de “inocular” el virus del terrorismo. Tal como en el plan de vacunación, se requieren las agallas para establecer restricciones, desplegar recursos para la investigación y, en último término, no titubear al momento de realizar el pinchazo final al brazo armado de los delincuentes. A diferencia de la pandemia de Covid-19, el problema de La Araucanía no afecta a todos, sino sólo a quienes trabajan en dicha zona o viajan recurrentemente a ella, como es mi caso. Eso torna difícil la cosecha de réditos políticos, y quizás eso explica el manejo eficiente de la vacunación, de un lado; y la falta de determinación con el conflicto en La Araucanía, por el otro. Pero no hay que perder esperanza: a fin de cuentas, para la indiferencia sí que no hay vacuna.
